Caía la tarde y afuera llovía torrencialmente. Una de esas tormentas de verano. Mi mirada se quedó clavada en las burbujas que las gotas hacen al chocar con el suelo, formando esos charcos en la terraza.
Miré a mi espalda y seguía ahí, tumbado, desnudo, calmado… sabiendo que en su piel estaba el estigma de la mía. Respiré hondo y me sumergí en aquel último día que llovió.
Mi dedo siguió aquella gota, juntándose con otras, como se juntan los cuerpos que se encuentran en un denso abrazo formando un solo ser.
Me perdí en mis pensamientos y me abstraje tanto que no oí que se acercaba. Me sobrecogió su abrazo, el ceñirme entre sus brazos mientras mis recuerdos me habían llevado a mojarme, a sentir el burbujeo del deseo entre los labios de mi sexo.
- Hola -musitó a mi oído antes de besar mi hombro-. Ssh.... Soy yo. ¿Llueve?
- Ha empezado hace un rato.
- Me vuelve loco la lluvia... aunque no tanto como tú.
Sus manos bajaron por mi cintura, buscando el calor entre mis piernas... Me agité... Y, aunque no rechacé, intenté ponerle las cosas menos fáciles pero sabe bien cómo llevar la situación. Sus dedos colándose por debajo de mi ropa, rozando los labios henchidos de un deseo nacido de antes, la humedad que lubricaba mi coño... y si había alguna reticencia, desapareció todo cuando atrapé con fuerza su mano y sus dedos prensaban, entonces, mi clítoris.

Me vencí sobre la ventana, apoyando las manos como si fueran dos ventosas que me sujetaran. El frío del material contrastó con el intenso calor de mis manos. Mi aliento dibujó una nube en el cristal y mis gemidos me anularon la percepción de la lluvia. Abrí mis piernas al tiempo que inclinaba más mi cuerpo y notaba la presión de sus caderas en mi trasero. Un manotazo, un toque de alerta, y sus dedos se entintaron de mi humedad, de mi lubricidad tibia... Me sentí una yegua a punto de desbocarse más aún cuando tomó mi pelo en su mano, enrollando mi melena en el puño, obligándome a retirar la cabeza hacia atrás.
Su respiración era un látigo en mi cuello. Sus labios golpearon en mi cuello y sus palabras taladraron mi oído y mi mente:
- Voy a mojarte toda. Voy a follarte como nunca lo han hecho y desearás correrte pero no podrás hacerlo hasta que yo te lo consienta... ¿Está claro?- inquirió.
Aquello me hizo poner a mil. No suele tomar ese papel tan descaradamente pero cuando intentamos dominarnos el uno al otro, la pelea que sale es como un ciclón elevándolo todo, dos animales que no subyacen al otro... pero suelo acabar claudicando. Me gusta complacerle. Y lo sabe. En un hilo de voz salió un "sí" de mi garganta, sabiendo que no estaba segura de poder hacerle caso.
Aquel ritmo, aquella sensación de no poder controlar mis ganas. Sus dedos traqueteando en círculos sobre mi clítoris. Yo bailaba en su mano. Me ponía de puntillas. Golpeaba los cristales... Me rendía a sus caricias...
Sus movimientos se aceleraban. Yo me sentía empapada. Sudaba y él no paraba. Me besaba y mordisqueaba el hombro, el cuello; me obligaba a buscarle la boca, a comérsela de tal manera que su lengua era un látigo más. Sus manos atrapando mis pechos, hundiendo los dedos, apretando con ellas.
Mis gemidos eran jadeos, sonidos salvajes de un cuerpo descontrolado. Pensé que iba a perder mi norte cuando se detuvo un momento. Me giró. Mi rostro quedó frente al suyo. Sus manos en mis nalgas, apretándolas, alzándolas y un ¡zass! que se perdió en aquel trueno que me estremeció entera.
Su sexo, erguido, luchando por salir de su clausura, y yo deseosa, con hambre, con todas las ganas sin poder ser contenidas... Mi cuerpo temblando, mi corazón reventando en el pecho, mi aliento saturado...; su mirada clavada en la mía... Y yo me sentía rendida, vendida, tan entregada que solo deseaba poseerle... Ya no ser posedía, ser más suya... Lo quería engullir, hacerlo gritar de placer... saberme y serle tan puta que fuera él quien perdiera todos sus nortes. Me veía desesperada e imagino, sé que él me veía así, pues aquella sonrisa dibujada en su boca me lo confirmaba. Sonrisa que me bebo... mientras él terminaba de desnudarse.
No podía esperar más y desabroché su pantalón, bajándolo. Su miembro estaba tan erecto, tan duro que palpitaba, vibraba y emergió entre la cremallera como un resorte hacia mi rostro. Incontenible mi deseo. Expuse mi cara contra él, empapándome de aquella sensación. Sus manos en mi cabeza, enredando los dedos en mi pelo, apretándome más contra él... ,y el móvil sonando incesante en algún lugar de la cama.
- No lo cojas... Ahora no... -indicó con aparente autoridad.
Mi corazón latía fuerte, tanto que me dolía el pecho. Mi coño chorreaba y las ganas me desquiciaban y una polla ante mis ojos gritándome que la comiera...
Vi reflejado en la pantalla el nombre de Emme. Me sonreí. Le miré a él...
- Se me está ocurriendo algo...
- ¡Dios..., estás a explotar! ¡Ven!
Caía la tarde y afuera llovía torrencialmente. Una de esas tormentas de verano. Mi mirada se quedó clavada en las burbujas que las gotas hacen al chocar con el suelo, formando esos charcos en la terraza.
Me agarró por las caderas y cayó a mis pies, abrió mis labios. Sentí su lengua inundándolos. Gemí de gusto. Podría haberme corrido en ese mismo momento y dejar que me follara hasta sacarme el alma... Intenté calmarme antes de responder pero mi respiración sonaba acelerada mientras mi hombre me abría más las piernas y sepultaba mi coño a lengüetazos...
-¡Para! -musité-... Hola, Emme...
- Hola. ¿Estás en casa?
- Sí, si... estoy... ¿Por?- pregunté mientras mi maquiavélica mente empezaba a elucubrar. Él iba negándome. No quería que subiera pero yo la invité a hacerlo.
- ¡Eres una cabrona! -exclamó él, dándome una palmada en mi trasero que sonó más fuerte de lo que en realidad era.
- Mi amor, te haré un regalo especial... Ponte cómodo y espera...
Le besé la boca como si me fuera la vida en ello. Le besé la polla como el mejor de los tesoros. Volví a besarle los labios. Me puse las bragas y salí hacia el pasillo terminando de pasarme su camisa...
Sigue...
Este es un dueto realizado a mano con Alma, desde su blog "Místicos deseos... Elementales tentaciones", Se trata de un viaje por un mundo sensual y erótico, explícito en el que ambas hemos disfrutado muchísimo describiéndolo y, ahora, compartiéndolo con todos vosotros.
Muchísimas gracias, Almi, por haber hecho de esta tarea un motivo más para permanecer cerca y un motivo de orgullo poder trabajar juntas, siendo solo el principio de mucho.