Mi cuerpo
se hace luz en los dibujos de tus sombras.
Mi mirada, súbita, asciende regia y evoca,
desde el ósculo que la regenta,
sinfonía viva de dádiva.
Pulsos e impulsos.
Azufre en las venas del Demonio que se alimenta de mis perversiones.
Locuaces tentaciones.
Soberbio el destino que arroja mi sonrisa
cuando, ebria de Sentido, me arrojo al sino de Sus Abismos.
Y entre los rescoldos de las Esencias
suspiran al viento
las letanías de la sangre hervida,
de los deseos entronizados
por las espinas que tatúan la piel
para coronarla de majestuosas escarlatas.





