Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.
El Tacto del Pecado
He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.
sábado, 27 de abril de 2013
Pensando en ti...
domingo, 14 de abril de 2013
(3) Puro vicio: Maldito cabrón.
(2) Puro vicio: La puta que todas llevamos dentro.
Me gusta sentir su polla entre mis piernas y mi coño y a él le gusta saberse muy cabrón. Un cabrón que busca resarcirse rezando las palabras obscenas que sacraliza en una cueva consentida.
Cuando aparcamos en aquel sitio, al lado de aquel árbol y caía la noche, salí del coche antes de que él me retuviera. Me recosté sobre el capó del vehículo. Estaba caliente. Casi quemaba. Se puso delante de mí. Nos besamos con ganas, como si nos fuera la vida en ello. Me separó ligeramente las piernas y metió la mano. Apretó mi coño por encima de mi braga. Esta vez sí las llevaba. Otras veces le había sorprendido para que se encontrara directamente con un coño ávido y mojado por y para él. No habíamos dejado de mirarnos. Levantó mi falda y bajó mi braga. Ya no le sorprendió sentirme mojada cuando, después de separarme las piernas, metió su cabeza entre ellas y pasó su lengua, maestra lengua, sobre la abertura de mi coño, frotándola hasta el clítoris y llegando hasta el agujero de mi culo. Su saliva se mezclaba con el lubricante que afloraba de mi sexo. Arriba y abajo. Se aplicaba en la tarea. Verle así, escondido entre mis piernas, saboreándome, degustando mis flujos como si fueran manjares dignos de un rey. Extendía sus lametones por mis piernas, por la cara interna de mis muslos y yo gozaba con aquéllo. No podía evitar gemir. Sabía lo excitado que él estaba pero, de igual modo, sé que aguanta y antes de correrse me da mi merecido.
Aproveché aquel momento que utilizó para bajarse el pantalón y el bóxer para darme la vuelta sobre la chapa del coche. Como una perra en celo le puse mi culo a disposición, mientras mi coño rozaba el negro metal.
- Así me gusta, putita -me dijo, dándome un suave cachete sobre uno de mis glúteos, antes de cogerme de las caderas con ambas manos y rozar su rabo entre ellos. No le había dicho nada de la follada con mi marido pero la fricción de su polla, las caricias de sus manos y su respiración fuerte como banda sonora de aquel acto, me estaban calentando mucho. Sentía mi corazón latir con tanta fuerza que pensé que si me la metía ya, saldría de mi pecho. Lo hizo. La fue metiendo muy despacio para sentirla en toda su largura. Entraba bien. Cómo no iba a entrar si estaba que chorreaba. Sonrió. No lo vi pero sabía que su sonrisa pícara iba a ser el punto de salida de un cambio de ritmo. Empezó a meterla y sacarla con fuerza. Le gusta darme caño y se esmera. Mi coño ardía. El roce contra el coche parecía arrastrar mi piel. Sus manos apretaban mis caderas; su polla se clavaba hasta el fondo y mi culo... Mi culo era una tentación segura. Más cuando empecé a moverlo haciendo círculos y apreté bien fuerte mi coño para atrapar su rabo entre las paredes calientes y húmedas del interior. Estaba a punto de correrme. Sabía que él notaba todos mis espasmos porque empezó a masajearme el culo, a abrirlo y cerrarlo, a apretarlo. Mi corrida fue tan brutal que empezó a bombearme con tal fuerza que me quedé temblando de gusto. Me sorprendió que no dejara de follarme, que acelerara tanto el ritmo que pensé que me iba a reventar de gusto. No puedo describir qué sentí cuando su corrida sobresalió el hueco de mi coño y, aún así, no dejó de embestirme. Me estaba dando de lo lindo. Disfrutaba de su puta como siempre. Pero yo también gozaba.
Creo que no le gustó la idea de correrse tan pronto y parecía que el castigo iba a ser para mí. En el fondo, yo era la culpable de que eso fuera así.
Me hizo bajar y arrodillarme a sus pies, obligándome a limpiar su rabo de semen después de restregármelo por la cara. Lo cierto es que cogí su polla como si fuera una golosina para mí. Es una polla deliciosa y me emputezco teniéndola tan a mano. Sentí sus manos cogiendo mi pelo, dejándome lamerle sin dejar ni un ápice de piel. Me regodeo porque él se deshacer de gusto debajo de mi lengua. Su rabo es un dulce caramelo que me dedico, simplemente, a saborear y disfrutar.
Apreté su culo contra mí cuando decidí engullir su polla. Para entonces mi coño estaba de nuevo chorreando al mismo nivel que salivaba mi boca. Su pelvis avanzó hacia mí y sentí ahogarse mi garganta por su fuerza. He sentido chocar sus huevos contra mi barbilla y todo el fluido de mi boca se ha desvanecido entre las comisuras de mis labios, reventadas por su polla. Sé que le encanta verme algo apurada y que disfruta cuando le miro mientras se la como. A mi me gusta perderme en esa mirada lasciva de macho, de dominador... Pero me estaba constando respirar: entre su rabo, mi lengua, la saliva, lo caliente que estaba, lo puta que me quería sentir...
Sus palabras recordándome que tenía que serlo, su mirada de cabrón, con sus putas ganas de que yo me convirtiera en esa perra en celo que lo pone a mil, en esa puta consentida, en doblegada, en una amazona que se lo folle... En su zorra... Yo... Yo estaba a punto de explotar. Es como un veneno que me recorre desde lo más profundo de mis entrañas y se extiende a lo largo y ancho de mi puto cuerpo, infectándolo de lujuria. Él ha sacado la furcia que todas las mujeres llevamos dentro.
Atrás...
sábado, 13 de abril de 2013
(1) Puro vicio: Jodidamente puta.
sábado, 6 de abril de 2013
Por una buena polla...
Los músculos de mi vagina se cerraron al sentir su pene dentro de mí. Lo apreté en un movimiento involuntario como para no dejarlo salir, para hacerle sentirse preso de mí. Sentía sus empujones en el fondo de mi coño. Sabía cómo hacerme gozar, cómo dejarme con el latente impacto de un último aliento. Sabía cómo proporcionarme el más intenso de los placeres sin necesidad de sentir su cuerpo sobre el mío; bastaba el roce de su aliento, de su boca, la intensidad de su mirada... Apretaba mis pechos con su cuerpo y su lengua... Su lengua era tan dueña de la mía como esclava insumisa la mía de la suya.
Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.
La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.
Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.
Amén.
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.









