Señor, siembra en mí la dicha de serTe
en este plenilunio de condenas de mi carne,
donde me siento tan Tuya
que mis pensamientos Te nombran
y mis manos Te describen;
donde mis silencios son entrega absoluta a Tu Diestra.
Hazme llegar hasta donde los deseos manen,
hasta donde la carne vuele
y las lágrimas de placer resbalen como sudor sagrado;
donde los suspiros sean preces de mis entrañas
por la Voluntad de tus designios.
Copula salvaje que aclama adagios desde lo más oculto.
Intimidad de este sentimiento
que no reniega del sagrado ósculo
que bendice mi piel
con el aroma de tu blanca sangre.
De Ti,
a Tu Amparo,
mi cáliz se llena y mi vida germina...



