No pienso en el desvelo que deja el camino de migas que la noche no ha borrado: Mis prendas derramadas por el pasillo, hurgando las necesidades de piel, de carne, de agua y de todo…
Verbos sucios y conjugaciones que incendian…
Y mis manos son libélulas revoloteando sobre mis nacientes ramblas, bailándote incipientes de deseo, plenas de alevosía, encaramadas en Puro Pecado.
La carne y el alma...





