
Creo en Ti, Mi Señor.
A tus pies me postro y para tu gozoso
placer me entrego.
Te alabo en mi honra y en mi súplica.
Entrega plena la mía: Mi carne, mi voluntad y mi alma.
Mi Señor, no he de caer pues Tú me
elevas y sostienes.
Tú
descubres cada uno de mis más oscuros recovecos.
En
tus manos encomiendo mi voluntad
y
me llevas a la complacencia del placer, de la lujuria,
de
los Pecados más consentidos.
Te bendigo a Ti, Mi Señor, con las
lágrimas de mis ojos,
bendito placer de tu gloria,
con las lágrimas de libídine,
en el tacto de tus voluntades.
Te adoro, te glorifico… Gracias te doy, Mi
Señor,
por ser yo tu elegida, la primera entre
todas,
la más puta de las putas.
Mi Dios, Mi Señor, Mi Amo, Mi Dueño…
Que me haces grande y enervas mi Pecado
en el lustre de tus artes,
con la caricia de la fusta, de la
espuela y el anudado de tus cuerdas;
y en las engendras de tu carne se abren
mi criptas.
Piedad te reclamo pero acepto tu Castigo,
divino Castigo que me hace Tu Puta,
porque solo Tú eres Mi Señor.
Andaba perdida hasta que te hallé y tu
guía me tendiste.
Horadas mi carne y traspasas mi alma, mi
alma que ya es tu alma.
Enciendes velas que sacralizan mi piel y
de tu mano niego mi temor.
Soy tu sierva, Mi Señor, heme aquí.
Tuya
soy, más tu esclava más libre,
pues
en condescendencia te entrego mi libertad
y
soberana soy en esa mi voluntad cedida.
Sumisa soy a tu voluntad. Sea en mí
ella.
Así supe, Mi Señor, que soy más libre en
las cadenas que a Ti me atan.
Mis ojos pecadores Tú ciegas con sedas
negras y carmesíes.
Mis labios hinchados de tu cuajo
reclaman.
Mi vuelo más alto es desde que a tus
pies me postro y,
aunque mis heridas sangren, a Ti me
entrego
luego a Ti me sueldan esos hilos que Tú
manejas.
Maestro eres para mí.
Pío te muestras en tu cuidado hacia mí
y, así, reverencia te otorgo hasta que
mi frente toca el suelo.
Tuya,
yo. Entera de Ti, Mi Señor.
A
tus pies me arrodillo.
Ahora
y siempre,
por
los siglos de los siglos.
Amén.
Me han enseñado siempre que cuando vaya de visita a una casa,
aunque me sienta en ella como en la mía,
he de ser detallista y llevar algo que guste, en este caso, al anfitrión.
de mi querido y entrañable amigo, D. Sayiid,
quise hacerle un presente, estos versos con todo mi cariño.
Durante unos días ha lucido en su Casa como Él ha considerado oportuno.
Ahora, lo traigo a la mía, donde nació.