Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 10 de abril de 2019

Mariposas...

Mis gemidos se vuelven mariposas y se escapan de mi boca como velos ajenos a lo que más allá de estas paredes vive. No hay clemencia cuando es tu boca la que me deshace y me envuelve en hálitos convulsos de placer… 
Y yo… me deshago como estatua de mil suspiros por un solo soplo. 

Me buscas como zahorí en un desierto, y me hallas en medio de un oasis. Agua clara que se escurre en este baile de carnes, de sábanas tan revueltas como excusadas, que se desborda por tus labios mientras tu lengua inflige el castigo debido y se yergue, poderosa, entre la humedad de mis labios.


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miércoles, 27 de marzo de 2019

Cōnsēnsus...



Y me entregaré a Ti, 
siendo la voluntad de tus deseos hecha carne, 
deshaciéndome en los jugos de mis melazas, 
concedidos a la dureza de tu aguamiel…, 
atrapándola 

antes de licuarse, de desleírse… 

Antes de formar parte de mí, 
antes de ser yo parte de Ti. 

Y en ese último embate con el que me perfores; 
en ese último suspiro en el que tu mirada y la mía se delaten
mutuamente; 
en ese último hálito de vida envuelto en esos gemidos, 
en esas respiraciones entre cortadas, 
en tus palabras alabadas, en las mías maldecidas…
 cuando inmovilizada bajo tu peso, 
asida por las muñecas, 
enredada en tus caderas… 
nos bendiga la lujuria desmedida…


" Cōnsēnsus" en latín significa consenso.

martes, 19 de marzo de 2019

Tomará de Mi Esencia...

pues he ante Él la sierva del Señor. 

Peter Basch, Julie Newmar, 1950s 

Prosternada, 
rendida en pleitesía, 
consagrada a Su adoración... 
mi cuerpo se ofreció en conmemoración Suya. 

Mi melena se ensortijó en Sus Manos como un ramal. 
Se asió como fuego a hoja seca y, 
 en un impulso, 
 mi rostro quedó yaciente en el roce caliente y erecto de Su Piel. 

Su Balano se hizo sitio entre mis labios, 
como el cuerpo comulgado del Señor, 
ungido en mi saliva, 
entroncado hacia mi garganta en una agónica sensación 
arrojada sobre un delirio de lágrimas nacientes. 

Mi mirada se cegó en la oscuridad de Su Carne, 
 en el plañidero ósculo de sentirLe en lo más hondo, 
en el tiritar de los dientes 
y en el látigo coruscante de mi lengua que, 
ávida, 
dibujaba senderos circulares alargando el camino que tañía Sus Entrañas. 

Me hice cáliz bendecido de la savia exulta de Su gozo. 
Fui hembra comulgada y santificada en la cruz de Sus Piernas, 
en el atabal de Sus gemidos 
y en el improperio de Su Verbo. Y di gracias...

Gracias, Señor por la exaltación de Mi Ser, 
en la beatificación de Mi Sentir... 
Por ser Obra en Sus Manos.
Aquí tienes mi deseo...
A Tus Pies, Mi Señor.



Toma y bebe de Mí, 
porque esta es Mi Sangre, 
Sangre de la alianza nueva y eterna, 
que ha sido derramada por ti... 
para gozo de Tu Señor.


jueves, 7 de marzo de 2019

A Su Voluntad, mi vuelo...

Respiré hondo. Le observaba desde la otra parte de la sala, ajena a la cháchara de otras invitadas. Mi mente estaba no demasiado lejos de ahí. Mi sonrisa suavizaba mi ensoñación. Solo tenía ojos para Él, y con Él, mi pensamiento.

Sé que me observaba muy atentamente. Ahí, de pie, en medio de alguna cuestión más o menos importante. Una mano se turnaba entre su bolsillo y la copa de cava que mantenía en la otra. Una amplia sonrisa. Un giro de cabeza y Su Mirada se clavó en mí.
Volví, turbada, mi atención a la conversación. Apenas duró unos minutos hasta que Él se situó frente a mí.




Fue mirarLe a los ojos y sentir Su Fuego...

Entonces, no dudó. No existe eso en Él. Acercó Su Boca a la mía, sin levantar Sus Manos de los brazos del sofá, acariciando la punta de mis dedos. Rozó suavemente mis labios. Los Suyos se entreabrieron. Su Aliento ya me quemaba. Mi cuerpo entero respondía a su cercanía.
Instintivamente, imaginé la erección de Su Sexo. Mi sangre empezó a arder, a agitarse en mis venas, haciéndome latir el corazón con fuerza y sentir una llamarada desde los pies hasta la cabeza.

No sé si fue Su Lengua o Su Boca entera la que me invadió primero. Solo sé que me enervó, que me encendió, que empecé a mojarme con solo esa acción. Esa sensación, real, creció cuando Se acercó hasta mi oído, rozándome el cuello. El tacto de Su Barba era una caricia densa, impregnada de aroma. De Su Aroma, de Su Intensidad, de Él.

Vas a ser una nena complaciente, me dijo. No cabía vacilación. La respuesta solo podía ser sí. Era la que quería escuchar pero no fue la que oyó.

Su Nena es la que ha de serme complaciente, Le respondí sabiendo ambos que me refería a Su Miembro. Me mordió el lóbulo de la oreja. Lo seréis, sentenció.

Me tomó de las manos y me invitó a ponerme en pie, pegándome a Él, con mis manos y Las Suyas entrelazadas a mi espalda. Noté la respiración, el firme de Su Pecho en ella y, también, Su Erección contra mi cuerpo.
Me volvió a besar, como Él sabe besarme, como si en cada beso robara mi voluntad. Un hilo de saliva se negaba a separar nuestras bocas.  Usurpé el espacio de La Suya. Me hice con Su Lengua. La tomé entre mis labios y absorbí. Sé que le vuelve loco. Su Imaginación vuela y es el mismo efecto que sabe sentirá entre sus piernas.
Sí, soy complaciente. Percibí el tacto de Sus Cuerdas hilvanando mis muñecas, el signo de acatamiento gobernando mi mente...  y mi cuerpo... al tiempo que Su Mano tomaba mi latido... Y, en mi Entrega, volé en Su Perversión.




miércoles, 27 de febrero de 2019

Entrando a matar...


Te observo, ahí, relajado, con tu sonrisa de canalla dibujada en el quicio de tu boca, mirándome y diciéndome con la mirada que estás para otra batalla. Y yo, lejos de reblar, te tiento desde mi burladero, al lado de la puerta. No dejo de mirarte y contoneo mi cuerpo como quien no quiere la cosa.

Juego con tu camisa y doy varias vueltas… bailando por bulerías. En un desaire, la despliego como un capote y me doy la buena suerte echando la montera hacia atrás. Me muestro torera, sacando pecho, induciéndote, con arrojo y de frente, esperando que arranques y hacerte el pase de chicuelinas con el que me gane las orejas y el rabo por la mejor de las faenas entre tu carne y la mía, entre mi boca y la tuya, embistiendo tú con la furia salvaje de un pura raza, con la sangre cargada y sin miedo a morir entre mis piernas mientras en un renuncio te me clavas hasta el alma, dejándome follada de muerte sobre la arena de nuestra cama. Triunfante, con el mejor par de banderillas, escupes tu victoria y, agarrado a mis caderas, te marcas el paseíllo coronando mi nombre.


lunes, 18 de febrero de 2019

A)mantis...

Sentir el juego de su lengua profanando el cielo de mi boca. Una especie de ósculo sagrado que me llena de su lujuria. Sus manos, garfios afilados, se afanan en hacer presa mi carne, y percibir el calor de sus entrañas arropado entre mis piernas. 

Gemir en ese latido penitente de sus labios. Enredarme a él como hierba trepadora, como mantis religiosa con ansías de sacarle todo y matarlo en el último jadeo, dejándolo al libre albedrío de mis instintos. Seguir devorándolo, sin clemencia, hasta verle suplicar que la fiera se amanse, hasta ese momento en que le viera reventar de gusto... una vez más. 

Beberme de él su aliento y su vida, su vida de savia blanca, de helechos acariciando mis labios, perdiéndose salvajes en el abismo de mi boca, convirtiéndose en hálitos de gozo y, al tiempo, en suplica callada de su carne en la mía... en hacerme suya bajo las embestidas violentas y regias de macho vengativo, dispuesto a romperme en mil pedazos, quebrantando todos mis movimientos, galopando sobre mí, usándome de ramal... y de hembra para el beneplácito de sus deseos (los míos).


martes, 12 de febrero de 2019

La biblioteca...

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Durante unos segundos siento como si la biblioteca me atrapase, como si todos los libros estuvieran hablando de mí. Me impone un poco a pesar de que es el lugar que más me gusta de la casa de Mon Monsieur. Entre libros se crea un ambiente muy especial, nada denso. Fluye. Es, en el fondo, un refugio donde me siento protegida y un lugar donde volar sin alas. 

Mis pasos eran decididos pero con esa languidez precisa para el momento. Mis manos a la espalda y la mirada clavada en Él: como nos gusta a ambos. Movimientos intencionadamente estudiados y practicados. Algunos enseñados. Otros, de propia iniciativa como la tiene Él. A veces, me sorprende. Otras, deja sus juguetes a la vista aunque luego no los vaya a emplear. Es como calentar la situación y ponerme en alerta, como dar un paso más sabiendo que te va a llevar desde el infierno a la más grande de las glorias. 

En ese momento en que la distancia es tan corta que podemos olernos, respirarnos, erizarnos… sin tocarnos, se produce la magia… Un instante trascendental, espiritual podría decir… Místico donde el silencio es tañido de los pensamientos y estos emergen de Sus Manos provocando en mí todo el deseo y la plegaría por sentirlo. 

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Me llevó hasta el espejo. Lo compramos unos días antes en un anticuario del casco viejo. Hizo que me observara y describiera todas mis sensaciones. Cada una de ellas acababa obteniendo un premio: Una prenda menos sobre mi piel para que esta fuera siendo lienzo para Él. 
Me cubrió los ojos. Besó mi cuello. Llegó a mi mejilla. La mordió suave… Noté el roce de su lengua y el hilo de saliva metiéndose en mi boca cuando la hundió en ella. 
Di un respingo cuando sus dedos se colaron por los pliegues de mis labios, henchidos y mojados entre mis muslos: 

—Ahora sí —me dijo a voz ronca a la orilla de mi oreja, mordiscando mi lóbulo…—Apenas te toco y fluyes en mí…

domingo, 3 de febrero de 2019

Eucharistiae...

Se adivina Tu Nombre como tallas de rosario: 
Cuentas de alabastro negro 
perfumando las llagas de mis manos, 
germinado silencio en las cuentas de mi boca, 
susurrando por las comisuras hilos de aliento. 

Y nacen alas blancas para esta Libertad
anhelada y consumada: 
alumbrada desde Tus Manos,
Señor: 
Cruz elevada desde mis cetros 
cuando la plegaria se erige muda, 
cuando, excoriada, mi piel se atavia
de Sentimiento, de Fuerza, de Vida... 
y de las ansias postradas ante Ti 
para Tu Comunión y mi Grial:
Eucharistiae.


lunes, 28 de enero de 2019

Creer morir...

Creí morir, elevarme sobre mi piel, cuando sentí tu aliento incrustándose en mi garganta, cuando tu gruñido arrancó el mío. Tu lengua dibujó una recta hasta mi boca, hundiéndola, usurpando cada hueco, escarbando cada diente… Y tus dientes mordieron mis labios desgarrando la rabia justa para que mis uñas se clavaran al final de tu cuello. Mis dedos agarraron tus cabellos, tirando de ellos sin que cejaras en tu empeño. Te pegabas tanto a mí que tu erección se hincaba en mi pubis provocando que me acomodara, que mis piernas se abrieran para acogerte. 

Estabas tan hambriento de mí como yo ávida de ti que me enredé a tu cuerpo como una serpiente a un tronco, como una hiedra a roca dura. Me volví constrictor en mis entrañas, presionando rítmicamente tus embates, amortiguando la barrena que invadía la tierra húmeda pero hambrienta. 

Nuestros alientos exhaustos vistieron la boca del otro, respirándose; mascullando tú esas seis letras que son requiebros en mi mente; halagos a tu Hembra; mientras me llenas de ti y me embebo de tu deseo… mientras te empapas de mi entrega.


domingo, 20 de enero de 2019

Signo...


Y ante la Presencia de Mi Señor 
doblego mi Voluntad a Su Voluntad. 
Oro mi estigma
pues Su Marca es signo de Mi Pertenencia a Él. 

En cada ápice de mi piel hay una flor que se abre a Su Rocío 
y siento en cada una de mis aristas, Su Mano...
perfilando (me).

Mi oración es plegaría y agradecimiento. 
Y en Su Verbo comulgo pues él es Mi Señor. 
A Él me debo y a Él me entrego. 

domingo, 13 de enero de 2019

Luz de Mi Señor...


Existe un latido en mi alma. 
Impulso que me eleva, 
caricia perpetua en el fondo del ser 
abierta como flor de espino blanco. 

Arrebatos de piel y sentido 
dibujados por Ti, 
Mi Señor, 
como rocío al borde de mis labios. 

Eres esa Luz que me inspira, 
desprendedora en mí del aura mística 
engendrada del Ánima. 
Revoloteo de una emoción consentida, 
entregada como rezo y plegaria a Ti, 
Mi Señor, 
siendo mis rodillas clavadas en tierra, 
inicial y postrero gesto de mi Entrega 
y ahinojado mi ser ante Ti.



miércoles, 2 de enero de 2019

Valquiria...

Me subí a sus caderas como quien se sube a la grupa de un caballo salvaje, con el vértigo a flor de piel y entrecruzado entre mis piernas. Respiré el veneno de su mirada, bebí del fuego de su boca... y sentí en mis entrañas su hombría rompiéndome la carne, abriéndome en canal con la fuerza de un puñal que yo misma conducía directo al fondo de mi ser, untándolo de mi pecado, de las mucilaginosas esencias que bullían entre los pliegues de mis labios, henchidos al gozo de aquellos rítmicos vaivenes a los que me aferraba como amazona experimentada, de los que él gozaba como preso que conocía que en su entrega estaba su victoria. 


Me dejaba llevar en aquella libertad de sentirle a mi modo, de saber que usándolo así yo era la vaina en la que se enfundaba erecto y perfecto, que la fuerza de cada uno de mis impulsos lo enervaban, le izaban sobre su propia carne, con la lascivia de quien se deja hacer con el egoísmo de darlo todo... hasta perder el penúltimo aliento en el aliento de otro. 

Me bebí sus jadeos. Clavé mis uñas en la tibieza de su piel... en el exudo de su deseo. Lamí su boca como quien lame heridas y me tomé su lengua como si exorcizara sus demonios. Era una danza de fricciones, de cuerpo contra cuerpo en batalla carnal... hasta perder el sentido en el zenit de un pequeño infinito de convulsiones donde, rendidos, extasiados, perdidos en ese sinfín de sensaciones dejábamos la ventura de sernos en el consentido del otro, respirándonos, buscando ese hálito de vida que parecía evadirse como un último latido antes de la muerte súbita...

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.