Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


sábado, 20 de febrero de 2021

RespirándoNos...


Cuando en Tus Manos soy cuerda vibrante de sonido creciente, 
pasión sonrojada que requiebra bajo Su Piel. 
Aullidos de suspiros contemplados 
abocados al estigma de mi carne 
que, gozosa, se abre desde las entrañas y se alza erizada
mientras mi silencio habla desde sus comisuras. 

Y son Tus Dedos entretejiendo caricias que resbalan por mi piel
sepultando la incertidumbre, levantando el espíritu encarnado en Entrega,
en deseo que florece como musgo sobre suelo húmedo.

Y yo, en el soneto inmortal, prometo enfundada
rehuir de otro no sino 
arraigado en los perfiles de mis callados,
en los aguerridos impulsos que revolotean hacia los eternos inmarcesibles,
aquellos que se armonizan entre Tu Boca y la mía,
entre los cristales de mis ojos y el sílice de los Tuyos.
Entre mis oquedades y Tus Sagitas...
Entre los hilvanes de Tus gemidos y mis conmociones...

RespirándoNos... 

tan cerca de los labios, tan lejos del abismo.



domingo, 14 de febrero de 2021

En Gloria...

Me visto del infinito fósforo de tu mirada
y clamo, silente,
desde el latido de mis venas,
extrañas caricias de hiedra
que se enredan, curiosas, en los cristales de mi piel.

Mi voz,
liviana y tibia como cada gota de tu sangre
blandiendo contra las afiladas sirtes de mis entrañas,
invoca Tu Nombre nacido de mi pecho.

Y muero derramada en tus costados,
en las costuras de Tu Alma,
abrigada al tácito sostén de estos deseos,
sarmientos encendidos desde el culmen de tus palabras
 hasta el cenit horadado de mis suspiros 
donde, siervos, gemirán blandidos por tu carne albar
y, ahormada por viva servidumbre Mi Esencia, 
renacer en gloria.



sábado, 6 de febrero de 2021

En carne viva...

Me quemaba en tu mirada siendo rea entre tus carnes, elevada en la erección de tu cuerpo, deseosa de tenerte en mí, de ser parte de él, de hacerme en ti Hembra de fuego y agua, concupiscente y comulgada. Sentí entre mis pliegues la firmeza de tu ser,  obelisco enardecido entre perfumes irisados en el deseo azuzado de tu piel, y cada bocanada instigada desde tus adentros, una ráfaga de impulsos derramados en las ansias de mi ser, palpitante, encendido, crecido desde la más absoluta lascivia. Poseída, como súcubo absorbiendo la esencia de la lujuria.  


Mi pecho reclamaba tus alientos y el verbo húmedo de tu saliva demandando desde mis vértices el arado de tus dientes y la fusta de tu lengua. Me anclé en tu vórtice, gimiendo al infierno cada poro de mi tapiz, asperjando mi alma como savia sobre tu tierra, prendida de abono, lujuria efervescente en cada cabalgada, y tú, ardiente de furia, estremecido, me amarrabas los vientos, abrías la carne…, te hundías, izándome, preñándome de esa eterna necesidad de morir en ti, por volver a renacer… Por pendenciar arraigada en tu sangre y en el fruto denso que encomienda mi servir.

Exhausta, mancillé el gemido de tu boca, mordisqué tus silencios y el latido de tu lengua en rebeldía. Me hice dueña de tus convulsiones y te rendiste, poseído mortal, al incendio de mis entrañas, al edén perverso de mi pensar, del juego de mis manos sobre las heridas de tu deseo, sobre las cicatrices abiertas rezumando sal.


Y tú, con el control perdido a la altura de las caderas, con el pensamiento enardecido como lumbre, tarareaste enfervorizado los ósculos profanos que encandilaban la sinuosidad de mis finales, las techumbres de mis latidos... y, me clamaste en adoración engendrando arrebatos entre la húmeda carnosidad de mis labios, atarugados en la unción del gozo, aferrándote a las aristas de mis perfiles y, hundiéndote en las parábolas de mis piernas, me entronaste en preces.

Respiramos, con el aullido borboteando más allá de las bocas secas, más allá del temblor de dos cuerpos ceréos bañados en su propia serosidad y quedamos enclavados en el ceremonial donde nos dejamos las entrañas del alma en carne viva.


La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.