Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Entrando a matar...


Te observo, ahí, relajado, con tu sonrisa de canalla dibujada en el quicio de tu boca, mirándome y diciéndome con la mirada que estás para otra batalla. Y yo, lejos de reblar, te tiento desde mi burladero, al lado de la puerta. No dejo de mirarte y contoneo mi cuerpo como quien no quiere la cosa.

Juego con tu camisa y doy varias vueltas… bailando por bulerías. En un desaire, la despliego como un capote y me doy la buena suerte echando la montera hacia atrás. Me muestro torera, sacando pecho, induciéndote, con arrojo y de frente, esperando que arranques y hacerte el pase de chicuelinas con el que me gane las orejas y el rabo por la mejor de las faenas entre tu carne y la mía, entre mi boca y la tuya, embistiendo tú con la furia salvaje de un pura raza, con la sangre cargada y sin miedo a morir entre mis piernas mientras en un renuncio te me clavas hasta el alma, dejándome follada de muerte sobre la arena de nuestra cama. Triunfante, con el mejor par de banderillas, escupes tu victoria y, agarrado a mis caderas, te marcas el paseíllo coronando mi nombre.


lunes, 18 de febrero de 2019

A)mantis...

Sentir el juego de su lengua profanando el cielo de mi boca. Una especie de ósculo sagrado que me llena de su lujuria. Sus manos, garfios afilados, se afanan en hacer presa mi carne, y percibir el calor de sus entrañas arropado entre mis piernas. 

Gemir en ese latido penitente de sus labios. Enredarme a él como hierba trepadora, como mantis religiosa con ansías de sacarle todo y matarlo en el último jadeo, dejándolo al libre albedrío de mis instintos. Seguir devorándolo, sin clemencia, hasta verle suplicar que la fiera se amanse, hasta ese momento en que le viera reventar de gusto... una vez más. 

Beberme de él su aliento y su vida, su vida de savia blanca, de helechos acariciando mis labios, perdiéndose salvajes en el abismo de mi boca, convirtiéndose en hálitos de gozo y, al tiempo, en suplica callada de su carne en la mía... en hacerme suya bajo las embestidas violentas y regias de macho vengativo, dispuesto a romperme en mil pedazos, quebrantando todos mis movimientos, galopando sobre mí, usándome de ramal... y de hembra para el beneplácito de sus deseos (los míos).


martes, 12 de febrero de 2019

La biblioteca...


Durante unos segundos siento como si la biblioteca me atrapase, como si todos los libros estuvieran hablando de mí. Me impone un poco a pesar de que es el lugar que más me gusta de la casa de Mon Monsieur. Entre libros se crea un ambiente muy especial, nada denso. Fluye. Es, en el fondo, un refugio donde me siento protegida y un lugar donde volar sin alas. 

Mis pasos eran decididos pero con esa languidez precisa para el momento. Mis manos a la espalda y la mirada clavada en Él: como nos gusta a ambos. Movimientos intencionadamente estudiados y practicados. Algunos enseñados. Otros, de propia iniciativa como la tiene Él. A veces, me sorprende. Otras, deja sus juguetes a la vista aunque luego no los vaya a emplear. Es como calentar la situación y ponerme en alerta, como dar un paso más sabiendo que te va a llevar desde el infierno a la más grande de las glorias. 

En ese momento en que la distancia es tan corta que podemos olernos, respirarnos, erizarnos… sin tocarnos, se produce la magia… Un instante trascendental, espiritual podría decir… Místico donde el silencio es tañido de los pensamientos y estos emergen de Sus Manos provocando en mí todo el deseo y la plegaría por sentirlo. 

Me llevó hasta el espejo. Lo compramos unos días antes en un anticuario del casco viejo. Hizo que me observara y describiera todas mis sensaciones. Cada una de ellas acababa obteniendo un premio: Una prenda menos sobre mi piel para que esta fuera siendo lienzo para Él. 
Me cubrió los ojos. Besó mi cuello. Llegó a mi mejilla. La mordió suave… Noté el roce de su lengua y el hilo de saliva metiéndose en mi boca cuando la hundió en ella. 
Di un respingo cuando sus dedos se colaron por los pliegues de mis labios, henchidos y mojados entre mis muslos: 

—Ahora sí —me dijo a voz ronca a la orilla de mi oreja, mordiscando mi lóbulo…—Apenas te toco y fluyes en mí…

domingo, 3 de febrero de 2019

Eucharistiae...

Se adivina Tu Nombre como tallas de rosario: 
Cuentas de alabastro negro 
perfumando las llagas de mis manos, 
germinado silencio en las cuentas de mi boca, 
susurrando por las comisuras hilos de aliento. 

Y nacen alas blancas para esta Libertad
anhelada y consumada: 
alumbrada desde Tus Manos,
Señor: 
Cruz elevada desde mis cetros 
cuando la plegaria se erige muda, 
cuando, excoriada, mi piel se atavia
de Sentimiento, de Fuerza, de Vida... 
y de las ansias postradas ante Ti 
para Tu Comunión y mi Grial:
Eucharistiae.




La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.