Y ser (Nos)...
... Despertar desnuda... sintiendo que todavía quedan en mi piel los surcos de tus roces, los rocíos de tu boca, las gentilezas de tu lengua..., ese enjambre penitente y glorificado de cien embates crucificados entre los muslos, fundiendo la carne en una sola...
... sintiendo que mis pensamientos se han arrebolado en los tuyos, con los tuyos, que han dibujado mil y un sentidos, enarbolado tantos deseos como susurros , provocado un millar de gemidos que has bebido, que tu lengua ha tratado... que en tu garganta se han diluido... Y saber que mis caricias, mis besos, mis anhelos serán bien aceptados, e incluso esperados y deseados… en este despertar al otro lado de tu pecho.
Tu espalda es un lienzo donde mis manos esbozan rutas. Recorro su centro, arañando con la yema una línea cruzando desde tu nuca hasta el final de la espalda. Ahí, se abre el destino de mi mano que, abierta, corresponde a la llamada de tus glúteos. A mi mano, sigue mi boca que, sinuosa cual serpiente, repta desandando el camino hasta el nacimiento de tu pelo... Tu respiración te delata... Y sonrío para mordisquear tu hombro en ese deleite de saber que me responderás, más cuando atravieso la altura de tu cadera y me asgo al tallo erguido que se encumbra en tu bálano... dúctil.
Me trepas. Me rodeas. Me asientas... Me elevas y me bajas. Me haces Tuya, sentida y entregada, dibujada entre los pinceles de tus dedos, entre las argollas de tus besos, entre los arpones de tus brazos... y de tus piernas. Y me hago barro consagrado en las manos del artesano, del maestro. Tus manos. Tu desear.
Me hago sabor en tu paladar y beso consumado en las comisuras de tus labios; estandarte ondeando en tu mastelero pero me yergues y te eriges, me entras y me sales, me zigzagueas y te clavas... y me enclavas.
Y en este desvarío de sentidos, de sentimientos, de sensaciones y emociones, nos construimos en más sangre, en más nervio, en más enjundia, en más Nosotros... llenándote mientras me vacías... y en mi vacío... me llenas.