Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


jueves, 20 de diciembre de 2018


Una Navidad más, un fin de año más... 
que nunca parece que va a llegar y cuando menos pensamos, se ha pasado. 
De nuevo, antes de nada, deseo agradecer todos los días que me habéis acompañado, 
todas las horas que hemos compartido; 
todos esos momentos de deseo y de pasión 
que hemos disfrutado a través de nuestras letras 
como una proyección de nosotros mismos.
Gracias infinitas por estar a ese otro lado de la pantalla,
por ser vosotros, vosotras, sin dobleces,
con la esencia a flor de piel,
brotando hacia adentro, 
hacia el alma...
aunque sea de Pecado.

Sed felices, siempre os lo digo, pese a sombras, con todas las  luces,
abriendo el pecho para que todo colme, y vibrar,
vibrar con la intensidad que os hace únicos, únicas...
y

FELIZ NAVIDAD 
PRÓSPERO AÑO NUEVO 



viernes, 14 de diciembre de 2018

Amén...

Su dedo se fundió en el centro de mis labios, sellando un silencio habitado de aliento calmo, mientras mi cuerpo aún tremolaba entre sus brazos, y, en el péndulo de mi oído, reverberaban sus suspiros, expiados desde la agitación de su pecho. 


No dejaba de sentir su piel pegada a la mía, la reverberación de su carne en el ancho pliegue al final de mi espalda, como un gigante arremetiendo lentamente, rematando cauces y canales que se erigían rebeldes a las aguas, que habían sido invadidos con paciencia, con tiempo... con el deseo mesurado y latiendo en aquella vorágine de pieles encendidas. 

Mi lengua se hizo parpadeo en la yema de su dedo, señal de falange queda, y su sonrisa estalló en mi nuca produciendo el escalofrío que me inspiró a arañarle con los dientes. Su protesta se convirtió en la señal que marcó mi palpito erecto, que me retorció dulcemente como culebra mansa para girarme en el grado sumo, ahí donde mis piernas eran dos raíles paralelos a la cruz de su brazo, a la abertura de su mano y a la aguja de sus dedos separando mis labios; los que nacen en el norte, húmedos y henchidos, los que esconden perlas rosas que crecen al destino de los roces, que lloran placer en el punto culmen, en el grado de maduración perfecta de la entrega...; los que se embeben de él y los que se derraban como un bautizo de pecado sacro en los panales de su boca... como un amén.



La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.