Seas Tú,
quien como Dueño y Señor
de la Hembra que subyace en Ti,
derrame su Sabiduría y Perspicacia,
su Valor y su Temple
en este cuerpo de Mujer entregada,
tan Hetaira para reinar
como Sierva para ser gozada
en tu hacer y dominio,
en tu Naturaleza.
Imploro seas Tú quien me bendiga
con la Esencia Inmaculada de tu deseo y pasión,
de tus ganas de mí y de la elevación de tus Pensamientos.
Mandado y Disciplina.
Mi consentimiento.
Entra en mí el Cuerpo Bendito
que desgarra mi garganta
en la oración callada del delirio que Tu Carne me ofrece,
mientras en rogativa contemplo el piélago del placer,
las olas que embisten y desnudan mis rubores
en ese hálito mendigo de arrebatos y convulsas.
Cabrillas que reverberan en mis labios.
Rocas hendidas.
Maldigo al Infierno y a sus mil demonios,
golpeando con las palmas el suelo
que me sostiene cuando Tu Voluntad se hace Plena
en el albo ósculo de mil pliegues heredados
y, al tiempo, honrado en tu osadía.



