Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


miércoles, 26 de agosto de 2020

El último sorbo...


... Y el fuego me prendió la piel. Sentí las llamas entre los cruces de mis piernas, bombardeando mis entrañas de forma punzante, subiendo esa sensación doliente y de hormigueo hasta las sienes. En el pecho brotaron chispas que irremediablemente me encendían de Ti. Mis pezones eran esquirlas de placer, tentación para mis dedos que, como pinzas, los laceraban y enervaban entre los gritos de mi piel.

Mi boca era un manantial de sutiles gemidos que se resbalaban entre mis labios —húmedos, secos— pendientes de la saliva que florecía en un juego la inminente sumersión. Cerré los ojos, ajena a Tu presencia al otro lado de la puerta, y me envolví en ese infinito de percepciones dejando que mis propios embates fluctuarán entre los pliegues de mi carne, deseando, hurgando, profanando... su silencio oblicuo. 

Me sobresalté al sentir Tu Mano sobre la mía, haciéndola a un lado y abiréndome Tú en cada vaivén, en esa danza de piel y jugo, apurando el fondo mientras Tu Sexo lubricaba la pasión, tan cerca de mis labios que la tentación de probarTe emergía poseyéndome.

No era fácil evadirse de ella, respirarTe en el hondo del sabor, paladearTe con la holgura desatada de mi boca. Caer era imprescindible y sentirTe dentro de ella, hollándola con firmeza, fue la comunión perfecta para el ritmo trepidante de Tus Dedos ungiendo mis centros, haciendo fuego de la sepultura, llama líquida que aviva y bendición del cuerpo sacro germinado de deseo y capricho, culminado de lujuria... Ahí, en el último sorbo donde todos los placeres se hacen reliquia.

martes, 18 de agosto de 2020

Arriscados...

Entras profundamente en mí, sin contemplaciones, dueño y seguro…
Mi carne es Tu Carne. 

Tenso mis entrañas y estrecho el paso de Tu Hombría erguida. Quieres que La sienta… y así es, partiéndome con rabia… mas Tuya soy, presa de Tu Peso, exiliada de mí misma; revivida y reinventada en la fuerza de Tus Brazos, en el clamor de Tu Boca que pronuncia lo que soy: Señora siempre. 

Te siento, mientras mis manos persisten inquietas detrás de mi cintura. Mi cara ahogada contra las sábanas; mis dientes, arpías reincidentes. Tú. Tú entero, barrenándome sin piedad alguna, con el deseo insolentado que mi piel escoge. Y después, bañado de mí, satisfechos Tu Orgullo y Tu Pasión…, perdonadas mis blasfemias y consagradas mis anatemas…, es de Tus labios, calmados y sosegados, y de Tu lengua, clamante, llena de terneza y consuelo, la alevosía de besar mis labios con dos pequeñas palabras que proclaman quién soy y quién eres.


Me excarcelas de mis premuras, y me pides, sin por favores, con caladura, que pierda mis manos en el centro de mi universo, el torturado y enervado entre el ultraje de Tu Mano y Tu fusta hecha carne; entre la lisonjera caricia de Tus Dedos, maestros en el arte de profranar, y el imperio de Tu Palabra, aya de mi rectitud y prestancia. Mi cosmos, breado por Tus embates previos, respira inquieto, alentado por la incalma de mi propia impaciencia. Y son ahora, mis nalgas, abiertas y palmeadas, mapamundi del vértigo más oscuro, las que sucumben a Tu nervio.


Me desbordas como nunca, mojándome, perfumando mis esencias, vislumbrando mis lágrimas de placer en cada una de Tus acometidas, libándolas como el néctar más precioso del gozo más consentido, de la luz que nace de entre las sombras cuando la piel palpita y el alma se enarbola. 
Y es que así, plena en la cúspide, humilde en el requiebro, soy flor que se abre a Ti, siendo Tuyo el Orgullo de sentirme, Honra la mía de percibirte Único. Nuestra, la perfección de Ser.

martes, 11 de agosto de 2020

Ávidos...

Revolvimos la cama y nos deshicimos entre las sábanas, enredándonos en mil caricias que nos hicieron gemir y jadear desde los verbos castos a las palabras grotescas que nos encienden la mente. Nos convertimos en dos desconocidos ávidos de la piel del otro, de descubrir en el cuerpo opuesto la razón de tanto hambre, de por qué el dolor de la boca era un bálsamo etéreo conjugado con la saliva...y, aun así, la boca se nos secaba y los jadeos iban rompiendo la carne. 

Me atravesabas henchido. Robabas mis fuerzas. Te emborrachabas de mí. Me hacías maldecir el momento eterno no de poder tenerte más. Te rompía las cruces de tus brazos en cada abrazo. Mis uñas eran el arado que te levantaba la piel... y los quejidos... y te daba en cada latigazo, en cada impulso, la fuerza y motivación necesarias para hincarte en mí, para hacerme la presa de tus deseos. 

Me elevabas y fui rea entre tu cuerpo y el suelo. Alfombra de piel para el manto de tus deseos, para la invasión que hacía senda en los pliegues de mi carne... Y te hiciste espada de cristal blanco, de alga marina... y pasión consumada. Me atrapaste entre tus brazos, bebiste mis latidos. Perdí la razón envuelta en una emoción desmedida, lubricada en jugos que te embalsamaron hasta la raíz de tus entrañas hendidas en las mías.

martes, 4 de agosto de 2020

Efecto Placebo...

Aupada en tus brazos, mantenida en el aire. Desnudo mi cuerpo. Vestido el tuyo.
Un beso intenso. Uno de esos que te recorren por fuera pero te estremecen por dentro. Y, al final, mientras salías, mi mano se estrelló contra Tu Trasero. Me gustó ver Tu reacción y esa mirada profunda, que sí, que a veces, acojona pero es tan intensa que no me canso de observarla… y de sentirla.
Y ese gesto tuyo, mostrándome el dedo índice, como advirtiéndome.. de qué… Sonreí y Te mandé un beso desde mis labios mientras Te guiñaba un ojo. Y sabes que no es rebeldía sino parte de mi sentido indómito, de mi espontaneidad. 


Cierro la puerta tras de Ti. Si no me falla la información, y mucho menos la intuición, dispongo de dos precisas y preciosas horas, tal vez un poco más, para disponerlo todo para Tu regreso.

Lo primero, poner la botella de vino en el frigorífico. Fresco, no frío. Lo segundo, ir en busca de aquellos aperitivos japoneses que tanto Te gustan y que a mí tanto me cuesta tragar.
Tengo que tenerlo todo dispuesto para luego dedicarme a mí.

En el baño de nuestra habitación, frente al gran espejo que cubría la pared de extremo a extremo, empecé a darme juego, a pulir mi piel, a acicalarme… Recoger un poco la melena hacia atrás, apartándola de la cara y dejándola caer sobre la espalda; un poco de maquillaje, una línea negra definiendo la curva de los ojos y un tono suave para la de la boca.



Mi cuerpo desnudo reflejado en él. ¡Cuántas veces has interrumpido mi rato de pintura tonteando! Pero sí, sabes que me gusta que lo hagas: Tus manos en mi cintura, cruzando los brazos por delante, sentir el aliento de Tu Boca quemándome el cuello… Esos besos cortos, calmados, mordiendo con los labios… Esos susurros a mi oído, diciéndome cualquier cosa que parece mucho más grande y profunda al oírla de Tu Voz. Y no son solo esas las que erizan mi piel sino esas otras, soeces y burdas, que a cualquier otra y en otro momento, disgustarían pero a mí... me ponen.

Mis pezones rectos, tropezando con la tela del sujetador y la humedad de mi sexo asomando entre las costuras. Ajusto mi braguita y me doy la vuelta. Me miro el trasero. Cuando me ponga los tacones esto se elevará. Una palmada sonora. ¡Dios! Me vienes a la mente y me sube la temperatura.
Anoche me follaste. Esta mañana no hubo tregua. Y en un rato, en apenas cruces la puerta, estoy dispuesta a no darte rendición. Solo de pensarlo, de saber de la existencia de Tu Cuerpo, del tacto de Tus Manos, del latigazo de Tu Lengua o del sabor de Tu Boca, mi sexo se enciende y mi pensamiento se vuelve perverso.
Ahí en el cajón, donde Tú ya sabes, tengo a “nuestro amigo” de mil juegos. Miro la hora. Sí, me da tiempo. No solo la boca se me hace agua. Lo tomo en mis manos… Y las pilas funcionan. Perfecto. No puedo renegar de él en este momento. Me gusta darme amor. Mis manos pueden servir pero quiero un ritmo más rápido, llegar cuanto antes…  Nombrarte en una simulada profranación. Regodearme y relajar esta excitación que me consume por dentro.



Me tumbo sobre nuestra cama. Aún está el olor de tu perfume en la habitación. Me quedo medio desnuda, con las medias puestas. Abro mis piernas. Te pienso. Te nombro y Te dedico algún adjetivo. Enciendo el chisme. El sonido me acelera. Mis manos primero, atemperando el espacio, imaginando que son las Tuyas. Cierro los ojos y Te percibo. Escucho Tu Voz, el susurro de Tu Aliento, la presión de Tu Mano en mi sexo húmedo…
Y el "amigo”, el que usurpa el espacio cuando no estás, se introduce en mí. Y es Tu Verga la que me penetra, la que me abre, la que me hace gemir. Incluso siento el entumecimiento en los brazos como cuando Te balanceas sobre mí y Te apoyas en ellos, inmovilizándome. La sensibilidad y las ganas de Ti son tan grandes que me vengo enseguida. Esta última caricia ha sido mortal. Creo que hasta el juguetito se ha sorprendido.
Reposo. Respiro hondo y me apremia el tiempo mientras la mancha en la sábana me delata. Me sonrío. No la cambio, que quede constancia para quien corresponda.


Lencería negra, porque negro es Tu color y más para estas ocasiones. Por encima, ese vestido camisón: Seda y encaje. Negro, también…, como la profundidad de tu mirada. Me alzo en mis taconazos. Me vuelvo a mirar en el espejo.  Sé que Te va a encantar mis braguitas. También verme quitándomelas.




Y mi perfume. Ese que dices que percibes todo el día, que no puedes quitarTe la sensación de sentirme cerca. Sí, no voy a ser como Marilyn Monroe con su Chanel Nº 5. Yo para dormir solo te necesito a ti. Y para dejar de dormir, casi.

Voy a terminar de preparar la mesa: El hielo en la cubitera, las cerillas largas de madera al lado de las velas, la música adecuada en el equipo… Y ese detalle: ¡Una locura por mi parte!, al lado de tu plato. Ahora ya solo me queda esperar a que llegues. No tardes, porque Te esperamos... mis ganas. mi hambre, mis ansias... y yo.


La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.