Sentí el tacto púrpura y lánguido de las tiras de ante entre mis pechos mientras Tú, erecto, fustigabas con Tu carne la humedad que manaba, tibia, cremosa, entre mi labios. Una sonrisa vertical delineada y henchida por aquellos toques previos del látigo, de Tu Mano y de Tu Boca, del roce de Tu Barba y los latigazos de Tu Lengua que ahora horadaba el surco entre mis cumbres, casi vergonzosas bajo la presión de Tus Manos y usadas como el impulso sobre el que Te balanceabas.
Gemía, y mi aliento reverberaba ante Tu Mirada. Tu gesto se aplicaba guiando el juguete por la cascada de piel desvirgada en deseo, en sentido..., erizando cada poro..., haciéndome arquear la espalda, sintiendo la profanación que en mí erigías, uniéndoTe conmigo en los líquidos besos condensados en mi boca, irrigados bajo tus gruñidos... entre tanto mi cuerpo se mantenía abierto en cruz, ataviado de cuerdas y nudos, benevolente ante Tus embestidas, ante la sangre que reclama, presto al rigor de Tus Perversiones, a la complacencia de Tu Voluntad que se clavaba como espinas de rosas al borde de un precipicio, maldiciéndoTe en cada coronación, en cada usurpación de mis espacios más oscuros, en cada flagelación del alma para convertirme en la grandeza de Tu Obra, para enaltecerTe cuando, humilde y orgullosa, Inspirada, acabo postrada a Tus Pies... y a mi Voluntad ensalzada en el abrazo tibio que enorgullece Mi Esencia.
Con este texto participo en la dinámica de nuestro buen amigo Dulce para conmemorar el undécimo aniversario de su blog "El dulce susurro de las palabras".
Por otros once años juntos en este mundo violeta tuyo
donde siempre me he sentido querida, respetada y acogida.
Sea este texto un presente de nuestra amistad, Mi Estimado Dulce.
Con cariño,
Mağ
12-4-22



