Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


domingo, 29 de octubre de 2017

Fuego que enciende la carne y templa la mente (II)...



Me fui desnudando, dejando caer cada prenda, jugando con ellas mientras la quitada e insinuándome plantando mi mirada en Él. Pocas veces le bajaba la mirada.

- ¿Quieres besarme? -me dijo cuando, desnuda, mis manos paseaban sobre mis caderas antes de situarse a la espalda. Afirmé con un gesto.- ¡Dilo!- inquirió, sentado al borde de la cama. Solo se había quitado la americana.
- Sí, lo deseo –me negó con la cabeza.
- Creo que puedes hacerlo mucho mejor. No intentes cabrearme. –Y no sería la primera vez que lo enfadaba. En la última, nos mantuvimos separados casi quince días. Pero quien se había enfadado era él. No yo… Así que como la paciencia es una virtud. Fui paciente.
- Sí, Mi Señor.
- ¿Lo ves? Acércate… Ya sabes cómo deseo…

Despacio fui cediendo sobre el suelo. Primero una pierna… Luego la otra… y mis rodillas se apoyaron sobre la moqueta. Un gesto sensual, mil veces practicado. Mis hombros cedieron al resto de movimientos, mis brazos adoptaron la postura precisa y mi espalda tomó el arco adecuado. Comencé a gatear hacia Él como un gato que está atento a su presa, que se agazapa, se detiene atento, se sienta sobre sus patas traseras… y prosigue.

Le observé morderse los labios, apoyarse en las manos echando los brazos hacia atrás, como elevando sus caderas, mostrándoSe. Sus ojos mostraban el fuego que se enaltecía dentro de su Ser. - Sabes ser muy perra… y me vuelves loco cuando te comportas así. Y era porque ahí, a dos pasos de su sexo, encajada entre sus piernas, olisqueándoLe, sintiendo ronca su respiración, viendo el brillo de su mirada… y la reacción entre sus piernas, marcando el pantalón mientras mi aliento le estaba alimentando las ganas.
Mis manos se paseaban por sus piernas, desde los tobillos, subiendo y bajando lentamente… Hasta que me detuve para sentarme sobre mis piernas. Le miré. Sonreí y sé que iba a decir algo pero, entonces, me dediqué a quitarle los zapatos…, los calcetines… y abrirle el pantalón, dejando que su miembro henchido y erecto sintiera cierta liberación todavía bajo el bóxer blanco.

Un quejido, un gemido… y proseguí mi ritual. No hay nada mejor que dejarme hacer para conseguir de mí… Todo. Pero… me tomó del pelo, obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Mi cuello se tensó y en él noté cierta presión de su otra mano. Dejó su rostro muy cerca de mí. Sus labios casi rozando los míos. No dijo nada entonces. Cerré los ojos y sentí su boca sobre la mía. Un beso intenso, prieto, denso… forzándome a abrir la boca, a percibir el saqueo de su lengua en la humedad de mi respiración. Se separó y abrí los ojos… Un hilo de saliva cayó sobre el hueco entre mis labios.


- ¿Qué deseas? –me preguntó. Respiré hondo mientras tragaba su saliva. Volví a clavar su mirada en la suya. Le estaba retando. Lo sabe. Ambos sabemos. Y eso le pone.
- Aquello que Mi Señor desee. -Una respuesta así lo enerva.
- Sabes ser muy diplomática pero haré que te pronuncies porque hoy tengo algunos planes para ti… y no van a ser, precisamente, los que tú crees que deseo.

Sabía que me acabaría follando pero antes de eso sería su juguete, el peón de sus juegos y la plasmación de ese pensamiento “oscuro” en el blanco lienzo de mi piel pero, hasta entonces, todo era una incógnita.
Lo siguiente fue el sonido de la palma de su mano estrellándose contra una de mis nalgas. 


martes, 24 de octubre de 2017

Fuego que enciende la carne y templa la mente (I)...



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Me anticipé lo justo. Me tensa un poco esperar y ver que el tiempo se consume lentamente. Me repasé entera… Una y otra vez. Nada debía fallar y, aún así, siempre pensaba que algo podría quedar en el aire. 

Esta vez se retrasó un poco más. No sé si adrede o no, pero eso ya me puso nerviosa. Yo tampoco soporto que me hagan esperar más de la cuenta pero sé que no podemos controlarlo todo. 
Al oír el sonido de la puerta, me puse en pie, bien recta con mis manos a la espalda y clavando mi mirada en la suya. Sus ojos brillaban e intuí, más que ver, una sonrisa en su boca. Venía con “una rosa” en una mano y la pala en la otra. Una de cal y otra de arena. 

- Hola –le saludé. No uso Amo. No me gusta ese calificativo. Se lo dije el primer día. El sentido de pertenencia no tiene etiquetas aunque “Señor” me agrada. Supongo que por la reminiscencia señorial y elegante que tiene. Lo utilizo, igual, puntualmente. Él manda pero yo pongo los límites.

Su respuesta: Silencio. Eso ya me puso en guardia. No había tenido una buena tarde y yo iba a ser quien relajara su mente… y su cuerpo. 
Su presencia inundaba la estancia. Su perfume era un latigazo de ámbar que penetró en mí con un sentido casi hipnótico. Respiré profundamente y dejé salir el aire con toda la calma que me era posible. 

- ¡Desnúdate! –ordenó con voz recia, acercándose hasta mí pero no se detuvo a mi lado. Me bordeó y observé que se acercaba hasta la mesita de noche que había junto a la cama. Dejó las llaves del coche, la tarjeta de la habitación, sus gafas de sol, el móvil… como si todo aquello tuviera que serme ajeno. -Menos medias y zapatos. 

Sabía cómo debía desnudarme. Con sensualidad y templanza, independientemente de que me estuviera observando o no. Reconozco que un poco más de ternura, que no va reñida con la dominación, no iría nada mal. Él lo sabe y sé que es una forma de controlarme pero todavía he de aprender a dominar esa sensación que me haría saltar como una fiera y decirle cuatro frescas. Pero es que no soy una mansa y tengo mi carácter.

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martes, 17 de octubre de 2017

Llueve sobre mojado...


Sigue lloviendo. Los truenos continúan rompiendo el cielo… Y mi sueño, provocando los desvelos en esta noche… en esta cama más vacía que nunca. Cada rayo colándose por la persiana y el incontenible llanto de la lluvia estrellándose contra el cristal, producen en mí esa sensación de ausencia… Ausencia de tu piel, de tu aliento, de todo lo que representas… Salvo el recuerdo de haberte tenido. 

Me levanto, mecida dentro de una nube densa donde se conjugan la pena y el deseo, y el gato se acomoda al calor que dejo en la sábana. 
A través de los cristales de la cocina, los relámpagos, en medio de una madrugada que está a punto de vencer, la iluminan como una noche de fiesta. Agua a hervir. He dudado qué hacerme: Un café… que me hable de ti. Una infusión que me deje en mí. 

Noto esa frialdad de la chaqueta rozando mi piel. Produce un efecto contrapuesto. La sensación de pensarte me eriza. La sensación de no saberte, me hiere. 
Y te pienso, prendido tras de mí, enredando tus manos en mi cabello, susurrándome palabras bonitas, besándome con los labios entreabiertos… La succión de la piel de mi cuello evocándome una oleada de estremecimientos… Y el calor de tu respiración, la caricia de tu lengua… 

Suspiro, y navego unos segundos hasta que me doy cuenta de que ya tengo mi infusión lista. Aroma de tila en flor, a valeriana, a menta fresca… Un poco de miel. El dulzor necesario.

Me acerco a la ventana y me serena el aspecto de la calle: los charcos de agua con borbotones, las ramas de los árboles en esa danza ancestral, el cielo que sigue rasgándose las vestiduras… y el reflejo de tu no estar dibujado en mi mente, profanando mi sentido, gimiendo en lo hondo de mi garganta, la lágrima que prefiere ahorcarse antes que salir. 

Sigo con el dedo el recorrido de una gota de lluvia conmovida sobre el cristal. (El tacto de tu fusta favorita por el centro de mi espalda. O, los pétalos de aquella rosa). Siento cierto hormigueo en mis entrañas, contrayéndolas, y una emoción casi incontenible que me irgue la piel. Casi puedo escuchar tu voz. Ese sonido ronco que emites cuando estás excitado. Ese “cumples mis deseos” cuando mordisqueas el lóbulo de mi oreja, y, tus manos, raíces arqueadas de carne y hueso, se aferran a mis pechos como quien se agarra a la vida. A mí garganta, como mamba negra que muerde y mata.


sábado, 14 de octubre de 2017

Amor Infinito...



Las lágrimas de dolor son infinito Amor a Mi Señor, 
quien, en su Eterna Misericordia, 
 las bebe para sosiego de mi Alma. 

 Y Él, fruto derramado, 
 Gloria de Su Carne, 
engendra en mí Gozo y Bálsamo. 

El Señor es Mi Luz. (*)



©ɱağ
(*) Verso del salmo 26,I

domingo, 8 de octubre de 2017

Tu Luz...




Rezo en este no reclamo,
en un sendero de Entrega en el manto de mis ojos,
bajo el sino de este mismo Mi Destino.

Y callo, porque desde mis afueras,
eres la Palabra de Mi Silencio. 
Mi llamada desde cada hálito de Mi Alma. 
Mis Gracias... 
sin fin confiadas. 

Señor... Tú,
Mi Señor.
Escucha mi voz.
Incienso en la noche...
elevándose. 

Un secreto mundo en mi boca. 
Un refugio. 
Guárdame...
porque dirijo mis ojos a Ti. 
Concédeme la dicha de ser Tu Mandamiento... 

Señor.

Enséñame ese camino, 
que no es fácil pero sí digno. 
Señor..., mírame... 
Y dame Tu Luz.
sobre este cuerpo que se Te entrega,
sobre estos Pecados que Te desean,
sobre los pulsos de mis entrañas.
Sobre este Ungimiento de Tus Manos sobre mí.





La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.