Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


jueves, 20 de diciembre de 2018


Una Navidad más, un fin de año más... 
que nunca parece que va a llegar y cuando menos pensamos, se ha pasado. 
De nuevo, antes de nada, deseo agradecer todos los días que me habéis acompañado, 
todas las horas que hemos compartido; 
todos esos momentos de deseo y de pasión 
que hemos disfrutado a través de nuestras letras 
como una proyección de nosotros mismos.
Gracias infinitas por estar a ese otro lado de la pantalla,
por ser vosotros, vosotras, sin dobleces,
con la esencia a flor de piel,
brotando hacia adentro, 
hacia el alma...
aunque sea de Pecado.

Sed felices, siempre os lo digo, pese a sombras, con todas las  luces,
abriendo el pecho para que todo colme, y vibrar,
vibrar con la intensidad que os hace únicos, únicas...
y

FELIZ NAVIDAD 
PRÓSPERO AÑO NUEVO 



viernes, 14 de diciembre de 2018

Amén...

Su dedo se fundió en el centro de mis labios, sellando un silencio habitado de aliento calmo, mientras mi cuerpo aún tremolaba entre sus brazos, y, en el péndulo de mi oído, reverberaban sus suspiros, expiados desde la agitación de su pecho. 


No dejaba de sentir su piel pegada a la mía, la reverberación de su carne en el ancho pliegue al final de mi espalda, como un gigante arremetiendo lentamente, rematando cauces y canales que se erigían rebeldes a las aguas, que habían sido invadidos con paciencia, con tiempo... con el deseo mesurado y latiendo en aquella vorágine de pieles encendidas. 

Mi lengua se hizo parpadeo en la yema de su dedo, señal de falange queda, y su sonrisa estalló en mi nuca produciendo el escalofrío que me inspiró a arañarle con los dientes. Su protesta se convirtió en la señal que marcó mi palpito erecto, que me retorció dulcemente como culebra mansa para girarme en el grado sumo, ahí donde mis piernas eran dos raíles paralelos a la cruz de su brazo, a la abertura de su mano y a la aguja de sus dedos separando mis labios; los que nacen en el norte, húmedos y henchidos, los que esconden perlas rosas que crecen al destino de los roces, que lloran placer en el punto culmen, en el grado de maduración perfecta de la entrega...; los que se embeben de él y los que se derraban como un bautizo de pecado sacro en los panales de su boca... como un amén.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Áspides...


La Devoción se venera
entre los velos arrizados
de esta Sierva que a tus pies se yergue.
Contorsión dorsal de espinas
que arguyen un Único Deseo.
Ser...
(NOS)

Áspid de Reina.

Hierve fuego en la entrañas.
Lava de tósigo sacro.
Hálito venerado...
Sin dioses.
Enroscado el Deseo.
Hebras de piel
prendidas a esta Alianza.

Sínodo de dos yedras.
Tu Carne.
Mi Carne.

Salvajes.
Indómitas.
Entregadas.
Áspides derramadas.
Consagradas.

Se baten
la Palabra y el Verbo,
la Ofita y la Serpiente.

La Hembra.
La  Mujer.
La que repta y no se humilla.
El Latido y la Pulsión.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Sarmiento de Tu Vid...


Me declaro Hembra...
del sagrado vínculo que une algo más que Tu Piel a la esencia de la mía,
a todas las plegarias que renacen en mi piel como dogmas de Tu Fe.

Me tomas,
en mi ofrenda,
como sarmiento en flor,
abriendo todos mis tallos,
desatando la savia que vibra en mis venas
y me enarbolas en Tu Piel como sayo que te viste:
Pámpano crecido a Tu Soberana luz.

Ahí, en ese amalgamar
en el que Tu Sentir es el allegro de mis caderas
y el aliento en clave de la tibieza de mi alma,
me enredas a un abismo donde mi sino se casa en los bordes de tus pies,
en la media cruz de Tu envés,
cuando suspiro Tu Nombre germinado desde mis adentros;
con la piel tamizada de Tus Huellas donde reverbera la necesidad de otorgar;
la dádiva engendrada desde las entrañas
como vuelos de mariposas que se amarran a las espinas de mis anclajes,
los que me elevan desde el suelo
cual ola preñada hasta la comisura de Tus Labios
donde me derramo...
inundándoTe.





domingo, 21 de octubre de 2018

Solemnități...

Te amo desde abajo, 
desde la solemnidad, 
desde donde ama la tierra, 
al borde los abismos, 
con el sentido partido en dos, 
cerrada de muerte, ebria de vida. 

Dejo que mi piel te rinda culto: 
vibrando en cada poro, 
 lacerando toda llaga que no lleve Tu Nombre. 
Ahogo todos mis susurros en la palma de Tu Mano: 
Entrega profunda sin desatino, 
a conciencia, con condescendencia, 
con serena templanza. 

Y pronuncias mi nombre 
como Hembra de tu Doma 
en la puerta de Tu Templo.


sábado, 13 de octubre de 2018

Así... A veces...


A veces te siento y otras, simplemente, te imagino. A veces, con los ojos cerrados y otras, con los ojos bien abiertos. A veces siento el contacto de tus manos abriendo mis muslos, buscando el infiel encanto de un sexo húmedo y vibrante, acariciado por vellos que se escarchan y se desmoronan al contacto del calor de tu boca, del roce de tus labios y del zarandeo de tu lengua… Me imploras y demandas placer… Mi cuerpo se entrega fingiendo ser sumiso pero es tan egoísta como desbordante. Tus manos simulan atar mis muñecas y retienes cruzados mis brazos por encima de mi cabeza. Tu boca saborea, disfruta, goza y se satisface de mis deseos anudados. 


Exploras, cual amante curioso, subido al pico de mis pechos, y dibujas, como artista engreído, las curvas de mis espacios…Y abocado en tu borrachera, me succionas desde el centro de mis entrañas, separando los labios que se embeben de los tuyos. Introduces tus dedos como osezno ante un panal cuya miel le desborda y la ansía, devorándola. Sabor ácido, dulce… sexual, sagrado placer que se come lentamente, que se degusta sin pudor. A veces te percibo erecto, inmerso en mi oscuridad, enterrándote sin compasión, sin remilgos ni estrecheces; quemando, abrasando, horadando un destino final… 
Dominando. 
Perforando el centro de mis caderas, abriendo sinsabores que quedan perdidos con aromas de placentero dolor, con algarabía de gemidos y jadeos que evocan tu nombre conjugado con adjetivos que esconden el mío. Y al abrir los ojos, tu cuerpo, sudado, dilatado… se vence pesado sobre mi envoltura, arrancada entre los pliegues de las telas donde vuelan los restos de esta pasión consumida entre las carnes. 



Fluidos perfectos, acompasados y rítmicos; compartidos y conquistados, en muta relajación y entrega. Así te imagino… Así te siento…

sábado, 6 de octubre de 2018

Sepultura de Tu Carne...


Como la tierra ensalzada, me abrí para ti, haciendo de mí, sepultura de tu carne. 
Ondearon mis pies como timón de tu cuerpo, 
anclado entre los bastidores de mis banderas, 
y canté, cual sirena en un océano de sensaciones, himnos efímeros 
al momento en que tus navíos rompían mis olas en el acantilado de mis pliegues.

Te clavé el vacío de mis pupilas y el blanco de mis ojos
como dagas a tu orgullo,
símbolo de lujuria en el canal de tu hombría.


Me alcé con la oda que engendra mi piel
sobre los avatares de tus caderas,
alimañas, bestias sin cuartel,
reventando mis entrañas sin escudos,
gimiendo la tortura benigna de tus embates.
Y abrí, con los ediles de mis manos,
las ofrendas vírgenes de tu oscuridad 
donde comulgarían mis hervores,
espumas rijosas de mi lengua 
púas al viento subyugando tus frunces
de rosa carmesí vestidos.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Cruz de fuego...



Me quedé dormida 
entre los silencios de tus letras 
y los arrullos de tus palabras. 
Te sentí entre mis sueños 
y en la realidad de mi piel. 
Dibujé las calladas siluetas de tus manos 
en las aristas de mis sentidos 
y cabalgué, 
ebria, 
en las altitudes de tu carne. 

Percibí que tus esencias flameaban 
entre los canales más oscuros de mi ser, 
ungiéndolos de las fragancias que, 
como pecados veniales, 
 reverberaban en el ápice de mis anhelos. 

Y como una cruz de fuego, 
mi norte y mi sur 
se desvelaron ante ti, 

viéndote, 
sintiéndote, 
atendiéndote... 

cual penitente redimido...
por los clavos entronizados de deseo.






lunes, 24 de septiembre de 2018

Gaviota...

Lidia Savo | Fotografía de Ivan Warhammer


Le aguardé. Desnuda en piel y en seda, en pensamiento y estrategia, con el alma abierta al sinfín de ocasos que se derrumbarían de Sus Manos: caricias tentadas a pulso; besos de plata susurrados desde la alcoba de Su Boca. 

Su Mirada se derrumbó sobre mi cuerpo, aleteando entre sus pliegues con el mismo brío que con inquieta calma se contenía mi deseo en las puntas de mis sentidos. Su silencio se conjugó con sus pasos y revoloteó en la distancia mínima que nos separaba hasta que Su Mano, con la serena ternura de un anhelo, tocó mi barbilla, alzando en vuelo mi mirada hasta el brillo de la suya, donde comulgué, donde me redimí… en la entrega de servirLe. 

Y entre las pilastras de Su hechura me volví gaviota… 


viernes, 21 de septiembre de 2018

Su Hetera...

Daba igual dónde me rozase, con qué me rozase… Mi piel recibía sacudidas como las que produce una descarga eléctrica. Eran tantas las sensaciones que se iban acumulando que cuando explotaran sería como un volcán dormido durante siglos que acaba de despertar. Sí, he sentido sensaciones parecidas pero cada una de ellas es diferente a cualquier otra. Supongo que fue cada uno de los pasos ocurridos desde la mañana hasta ese mismo instante. Fue como una historia de amor predestinada. Una de esas historias dulces e ingenuas que empiezan con una mirada y acaban con un polvo. Sí, polvo y de los buenos. De los que te mojan hasta el alma. Y es que él es uno de esos hombres que cuando te follan te abren en canal la mente, la carne y, sí, el alma. Inevitablemente. Uno de esos pocos que te hacen sentir tan Puta que te santifican.


Me apoyé en las plantas de los pies y separé mis piernas para parir todas aquellas sensaciones que descontrolaban mis sentidos, todas aquellas que sus dedos, su boca y su lengua cosquilleaban, mordían y rastreaban dentro, fuera y alrededor… Hasta que el deleite me consumió y el vivo manantial de mis entrañas afloró sobre su mano, impregnando y mojando no solo a ella si no, también, la tela que cubría el sofá… Él sonrió y se inclinó para empezar a beber del fruto de sus actos, volviéndome a encender con aquellos gestos. Se acomodó. Sujetó y tomó una de mis piernas, elevándola y abriéndome, al tiempo que me hacía presa entre su abrazo y del peso de su cuerpo, ejerciendo toda la fuera de su rostro contra mi boca mientras con movimientos enérgicos, entraba y salía de mí, haciendo chocar sus huevos en la abertura de mis piernas. Mis fluidos hacían su papel y la penetración era tan fácil como ágil hasta que me corrí de nuevo. Fue tan abundante que temí que su verga saliera de mí con la misma embestida… pero no: acentuó sus envites, presionó su boca contra la mía hasta casi dolerme, y percibí aquellos espasmos que me aseguraban su corrida.

Exhaustos, dejó bajar mi pierna. Estaba tan entumecida como extremadamente excitada. Hubiera querido que me follara de nuevo y, de hecho, alcancé a coger su todavía erecto miembro y sacudirlo en mi mano. Estaba recubierto de la textura de nuestras corridas. Desde la base hasta la punta, no dejé de agitar… —Baja… —me dijo. No tenía que esperar demasiado. A pesar del entumecimiento provocado por tanta presión sobre el cuerpo, me acoplé y comencé a devorarla con tanta ansía que tuvo que frenarme— Calma… Despacio… 




Me empapé de él, absorbí hasta la última gota y me comporté como la Zorra, cortesana, hetera, o cómo deseara llamarme, que yo sentía y él deseaba, la mayor de todas, sin importarme otra cosa que no fuera el gozo de sentirme viva y matarlo de gusto. Las gotas se resbalaban entre las comisuras de mis labios y me deleite de uno de los sabores que menos gracia me hace, verdaderamente. No deje de mirarle a los ojos y podía ver la expresión de disfrute en ellos y la expresión desencajada de su rostro cuando se desbocó en mi boca, cuando me salpicó de su blanca esencia y cuando, en aquel beso, la compartimos.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Estigma soy...


Todos los Pecados quedan sacrificados en mi piel... 
—y en mi mente, donde viste la noche—:
Estigmas de Deseo y de Saber. 

Trémula, los comulgo entre los labios 
y,  asiéndolos a la firme convicción del Maestro, 
me convierto en lo que (Te) Soy. 
Bebí... y contuve, 
en el cáliz de mi boca, 
el alabastro fundido de las comisuras de tu carne... 
Y descubrí el verso de Tus Manos 
en la quietud convulsa de mi alma. 


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Mi cuerpo, mi mente...

y hasta mi alma: Un lienzo para el Maestro



Aparezco ante Sus Ojos con la impronta de un velo que me desnuda, con mi piel arrancando cada paso, con la mirada clavada en el Maestro. Vengo dispuesta a vestirme de lienzo, encarnándome en el deseo que se vislumbre en las yemas de Sus Dedos, en cada verbo de Su Aliento, en cada pincelada de Su Pensamiento. Me apetece, igual que me apetece Él, ser Su inspiración y, al tiempo, la confirmación de Su Obra.

Le quiero borracho de ganas de mí, ávido de sentirme clavada entres sus piernas, cabalgado al trote en un sinfín de trazos: Rojo carne, trasparente sudor, blanco saliva… Besos con sabor a humo y a brandy, a restos de pasado y hambre de futuros. Me descubre tela virgen, en un respirar lento, percibiendo su aroma y el anhelo de perdernos bajo la piel. Siento que cada paso que da es un requiebro para mi alma, un latigazo de crines salvajes arrematando contra mis entrañas. Y bebo, del tiempo de espera, la gracia de perderme entre Su abrazo, entre el gemido rezumado desde lo más hondo de Su Garganta.




Mide en caricias la tibieza de mi piel y lo hace con la templanza de quien controla y sabe lo que hace. Puedo rendirme en cualquier momento. Tal vez sea este, cuando su boca traza el lascivo sesgo entre mis pechos, bordeando las cumbres con las yemas de los dedos, forjando un hilo entre ellos antes de tallar con los un matiz en erección que succiona y escupe, tensando mi lienzo en el vaivén de estos quejidos que le enloquecen y le animan, irremediablemente, a seguir con la siguiente pincelada… Sé que mis labios, no mi boca que comulga como abismo de sus dedos, se hallan entre los velos negros, clamando ya su atención… pero el Maestro se toma Su tiempo y se deleita en su misión mientras amarra mis muñecas con las sedas y Su Lengua es un manantial de suspiros enhebrados desde lo profundo de mi ser, siendo ese quemazón en lo más hondo de mi carne, ahí donde mi mariposa de carne, tímida, tiembla ansiosa como la estrella sobre el horizonte. Una caricia, una precisa caricia y el néctar que destila será su honra, la firma de su obra, esa que beberá y de la que se impregnará como el pincel se prende de los mis colores de su paleta…


martes, 28 de agosto de 2018

Dilección...


Quiero arrodillarme,
en adoración,
que me cierres los ojos
y tomar con mi boca
la obscenidad nívea y coronada que escapa,
la que marca el compás de mi sangre en devoción de Hembra.
Esa que es Tu necesidad, consuelo y maternidad,
la que pinta de luna noches de lujuria...
y enarena de amaneceres rojos la tibieza de la piel.

Quiero honrarTe y enaltecerTe,
en la benevolencia de mis gestos
y en la comunión de nuestros anhelos,
el culmen de este sagrado acto de la veneración:
Unción de tu carne prendida en la mía.
Crisma de pleno derecho sobre el cauce de mi alma,
sobre las llagas de fuego que enervan la piel
y enarbolan esta bandera de Sentimiento;
encumbrado desde las preces de Tus Pies
donde miro al Cielo de Mi Señor
y encuentro la razón de mi Destino y
la Dilección,
Amor honesto y respetuoso,
de Mi Maestro.


martes, 21 de agosto de 2018

Zurcidor de Libertad...


Me entrego a la espera escarbada de la carne
al arado colmado de Tus Dedos, 
a la magia desbocada de Tu Palpito 
cuando mi piel, 
estremecida, 
hierve en senderos que la marcan en arreboles sagrados.

Pacen mis entrañas a la conjunción de Tus labios, 
al viento cálido de Tu Aliento, 
al sentido estricto de Tu pulir 
zurcidor de acantilados de espuma de saliva silente, 
mientras ululo cual hembra en simiente 
ante los arcanos de Tu Pensamiento, 
ebrios de instinto y de pasión, 
de esencia viva que se colma entre mis acanalados:
supura de mi alma llagada entre espinas, 
prendida en sus propios deseos, 
emergente como soplo de Libertad consumada.


martes, 14 de agosto de 2018

De Tu Verbo, Silencio...


Si el silencio se vuelve Verbo,
Señor, ¿cuál es Tu Nombre ante mis ojos?
Si mis sentidos son cubiertos 
con la esencia de Tu Misterio,
qué secreto se desvela
en esa mirada de mi alma
pausada en Tus Estigmas
si esas llagas de Tu Sangre
desvelan los latidos de mi carne...

Trae Tu Luz.
Destílala...
aquí,
entre lamentos callados
ahítos de simiente en mí.

Deja que se alimente de mis pulsos...
¡Y bendita sea, Maestro, la hebra de Tu Sino!



martes, 7 de agosto de 2018

Abisal...


Mueres en los instantes en que te lato, 
convulso entre sentidos 
que hablan del idioma de la carne 
y del gemido expiado de las ánimas. 

Feneces, 
vomitando gloria,
postrado a tus propios deseos, 
esos que ensalzas en las junturas de mi piel, 
atravesándola como un pensamiento sin tiempo.

Y riges destinos deshilachados de saliva a punto de pulsión, 
de ondeantes ritmos que nos acompasan a contrarios: 
levito y tú embates tu adalid 
embravecido entre las sombras húmedas 
del vergel inmerso de plegarias; 
tú yaces y exhalas un silencio roto 
cuando mis pliegues, 
legión de enjambres, 
atrapan tu furia y la envuelven.

Aleación en esta corriente que nos lleva,
en el pulso excesivo de tu aire clavado en el mío,
del tino sin mesura que nos engendra la necesidad
de perdernos atrapados en bucle.

Me matas...
en el ulterior momento, 
en el receso de un beso,
en el expío de un jadeo, 
en el espasmo de exudos,
crucificada en el fondo de tu alma
secretada como aliento.

Y me rescatas del abismo,
gimiendo,
respirando viento,
rezumando el capricho nacido de un impulso 
compartido, 
purgado.


martes, 31 de julio de 2018

Sangre y Savia...


No hay tregua para los callados de mi boca, 
donde liba Su Lengua como un dios preñado de gloria. 
Tampoco ahí, 
engalanadas de mil silencios los rosarios de Sus Dedos 
haciendo cauce a la liviandad de mi carne 
y al aura henchida de mi alma. 

Oro a la cumbre de Mi Señor. 
Y, aun así, blasfemo Su Nombre 
atrapado entre mis dientes 
cuando horada en Su Condición 
cada ápice de mi ser. 

Tibia de cerúleos mis pensamientos, 
gozando en arreboles mi piel, 
para que sean convulsas parcas las que trepitan mi Esencia 
en conjuras que me envuelven como racimos de uva 
las marcas de Su Vuelo. 

Hace en mí, 
en sacro silencio, 
tomarlas como bendición. 

Y en oración 
repliego mi permuta de sangre y savia 
por la Entrega de serLe.


lunes, 23 de julio de 2018

Comunión...

Fijas tu mirada en mí con ansiedad perenne, con sed de hombre que derrama su deseo sobre la piel abierta a su latido, ignota en reminiscencias encendidas entre los pliegues de las entrañas, bañadas, como ciénagas, de los deseos más oscuros a la que la mente, devota, se entrega.


Es mi cuerpo, quien sumergido en las ansias de tus manos, de tu boca, de la lascivia de tu lengua y el beso húmedo de tu saliva, de la pasión que se desboca entre las pieles, de los senderos de tus pensamientos envueltos en tinieblas, reacciona como marea al viento, balanceándose sobre ti, clavándose en la erección del tuyo, prolongando esa esencia del pecado, de la lujuria de dos seres entregados sin remedio al placer de la carne, al juego encendido de uñas y piel, al enaltecimiento de rudos gemidos invocados, de sentidos encerados, rezumados y lubricados de manantiales salvajes.

Son tus entrañas las que, crecidas, se amparan al asilo de mis contracciones, ondeando estigmas blancos que velan mis banderas, ensortijados en la calidez de mis aguas mientras tus dedos, como gubias de maestro, subliman los perfiles de mi boca acrecentando espumas cuyos hilos comulgan entre tus labios como salmos de resurrección. 


miércoles, 18 de julio de 2018

Redención...

Inmaculada y cerúlea el alma que, 
candente, 
espera su agua. 
Fiel el destino que embiste 
desde las manos de Tus Demonios 
y la Gracia de Tus Ángeles, 
con el valor de la Entrega postrada a Tus Pies, 
con el gemido eterno del último quejido, 
enhebrado como hilo de espuma 
en los bodoques de mi garganta. 

Acantilados purpúreos en los vórtices de mi piel,
en las aristas de mi cuerpo, 
egregios los sentidos que me elevan a la bendición de Tu Dogma. 
De Tu Calma consagrada a esta ventura. 
Mujer de Tu Sino. 
Oratoria de Tu Carne. 

Sea en Ti, Mi Señor,
la redención de mi Ser.


jueves, 12 de julio de 2018

Lujuriosa Santidad...

El vaho cubría el espejo. Mi cuerpo se mostraba semidesnudo ante Sus Ojos, envuelto, así, en un halo de lujuriosa vanidad. La erección de mis pechos era tan prominente como la de su sexo. Mi respiración era la calma contraria a Sus pálpitos....y mis dedos eran el pincel que recorrían un paisaje húmedo, tibiamente desbocado sobre anhelos de deseo.

Mis pensamientos eran una cascada de fuego sublevado sobre la carne, resarcidos de miedos y laceraciones, emergiendo sudorosos como estigmas nacientes de sus manos, del principio consentido de quien entiende que ante Él solo un demonio bendecido podría doblegarse. 

Así era mi cuerpo, un demonio doblegado, ungido de voluntad propia, penitente de las caricias ardientes que se zambullían en las entrañas como crucifijo, sacralizando mis aguas, expulsando la oscuridad perversa para encenderme en el altar donde se veneran a los santos y a las vírgenes... 

Percibía Su voz... tenue, ronca, sumergida en una pasión incitada, como un rezo honrando cada uno de mis gestos, exultando mis carnes en una continua espiral de idas y venidas, de emociones conmensuradas, al antojo de Su Señorío. 


viernes, 6 de julio de 2018

Hembra de Su Evangelio...


Me abrazo a mi propia desnudez, la del cuerpo y la del alma, la de la mente despierta cuando Sus Manos han dejado de tocarme pero todavía las siento, cuando en mi boca aún duermen los últimos besos que airearon Su Boca, cuando Sus Ojos, ebrios de deseo, siguen recorriendo mi cuerpo que, sediento de Él, se respira mariposa. 

Esquirlas de fuego desprendidas de Su Aura se clavan en cada poro de mi piel reventando esta calma que me hace temblar de anhelos, de insuflados placeres que desvirgan mis sentidos una vez más mientras mis adentros, desde mis centros, claman aún corpúsculos de Hembra que fraguan en llama viva. 

Él, condescendiente, observa con orgullo el hecho de Su Obra, prendido de celo ante mi complacencia, sabiéndose Dueño y Señor de cada uno de mis sentimientos, de los tesoros que esconden mis entrañas, de los hechizos que nacen de mis pensamientos, de los gestos y dedicatorias que embeben Su Hombría, carne y ánima, y que custodia como reliquias sagradas al amparo de Su Voluntad. Y yo, que soy de Él, derramo el crepúsculo de mis dones que ansía ser devorado por el mundo como manjar decapitado de espinas. Paciente y Maestro, ordeña la luna de mi esperanza, tendida copa de luminosa esencia con el dolor de Su Evangelio.




lunes, 2 de julio de 2018

Nos tradīmus...

Me incliné... 
como se inclina la rama ante el peso de sus frutos. 
Me rendí... 
como se rinde él enemigo ante la estrategia de la batalla. 

Sus manos se hicieron fuego candente al abrigo de mi carne, abierta y profunda, cedida al placer oscuro de una guerra mil veces premeditada de otros mil embates custodiados, y mi humedad se hizo serena cuando sus huestes partieron mi campo de batalla en gemidos convulsos. 

Mis manos tallaron arrugas a la piel de las sábanas y mi boca, sedienta y hambrienta, jadeaba su nombre en plegaría. Una y otra vez, en cada embate, en cada sepultura de su obra, en cada chasquido de sus manos sobre la curva de mis reveses... Y yo, comulgada en esa plenitud, cedía, tantas veces más, a su voluntad de serme en carne y llamas... deseo concedido. 


Nos  tradīmus - Nos entregamos

miércoles, 27 de junio de 2018

Tú, mi camino...




Te miro. 
Siento el clamor de mis entrañas gimiendo, 
llenándose la boca de sangre y espinas.
Los velos cubren

Expiación de la carne. 
Culmen de mis pasos a Tu Destino. 

La Cruz sobre mis latidos suplica
Tu bendición sobre mis Pecados sin Ti. 
Mi pecho se siente ya agua 
al bautismo de Tu Boca anhelada, 
al martirio sacro de Tus Manos.

Mi cuerpo, entregado a Tu Voluntad, 
se hará paño para las lágrimas blancas exudadas 
desde Tus Adentros. 
Lienzo, para la ventura que tamices 
como impronta de Tu Sino,
como Seña para el mío. 

Mi Señor, hacia Ti camino. 
Contigo en mí.


domingo, 17 de junio de 2018

Cáliz Naassenita...




Se hace el Verbo Oscuro, 
latido y maldecido, 
cuando las ánforas se llenan de ósculos con lengua bífidas, 
como las de las serpientes que, 
arremetidas, se retuercen en sus zigzags. 

Me tendiste como Pecado. 
Me flagelaste en pos de tus creencias. 
Me hiciste Reina de tus temores
–excusa perfecta para tu cobardía–. 

Y siempre me alzaré en tu mente 
como Hembra sublevada, 
engendrada del árbol erecto, 
de las simientes blancas,
y, amamantada del placer de Ser... 

Cáliz de los naassenos. 
Te mantendré siempre
entre la luz y la oscuridad, 
presa de tu carne, 
digno elevado del malvado demiurgo. 
En ti... Siempre... Yo.
Sierpe azul que se enreda en tus entrañas...
y en tu alma.

martes, 5 de junio de 2018

Brasas que (me) elevan...

He estado extrañamente tranquila hasta hace unos minutos pero el sonido de la llave al abrir la puerta, el tintineo de todas acompasado a la asonancia de los pasos de Él, produce en mí un efecto de acción-reacción. 
Hoy no toca esperarLe de otra forma que no sea semidesnuda sobre la cama. Solo las medias a medio muslo: negras, con encaje. Las que me regaló ayer. 


Su silencio es sepulcral pero el deseo que hay en él desentraña el mío. Sé qué debo hacer ante Su presencia. Ya no solo por indicación si no, también, por instinto. Se acomoda en el butacón, y clava Su mirada en mí. Intuyo, incluso que, en Su profundo respirar, Se yergue con templanza y autoridad. Mi piel se eriza. Mis manos, lentamente, discurren sobre mi cuerpo, dibujando caricias que abren mis pliegues, que se humedecen a su paso, volando entre gemidos que arremeten en mi garganta, que provocan esos pequeños quejidos acompasados al arqueo de mi espalda. 

—Niña, abre bien tus piernas —me dice. Le oigo casi a lo lejos pero su voz ronca retumba en mi mente. Obedezco… u obedecen mi mente, mi cuerpo… 
Se inclina hacia adelante, apoyando Sus brazos sobre las piernas, dejando en su hueco las manos entrelazadas. Su atisbo, imagino, intuyo, es un radial de fuego y picardía. 

Hundo mis talones entre las sábanas. Me dejo mover sobre la cama. Mis piernas se convierten en un arco lanzadera del paisaje más húmedo, provocador e incisivo. Mis dedos, guadañas en mis entrañas. Al tiempo, clementes. Mi boca, un hilo de saliva que conjuga deseo y placer. Mi mirada Le busca por encima del horizonte de mis pechos y Su rictus se deleita ante lo que ve, ante la hembra entregada, complaciendo Su Voluntad. Pero pide más. Pide que me abra no solo en carne, también en alma, que la desnude, que la haga brincar en un infierno de lujuria. Redoblo mis esfuerzos. Mi semblante se vuelve marco de gozo. Pensar en Él. Pensar en Todo lo que Él desea de mí. Todo cuando yo agradezco. 

Me vence la sensación. Noto en mis dedos el sudor de mi sexo, el hilo de espuma que revienta desde mis entrañas, el pequeño caudal que me atraviesa, me rompe y me clama… Pido permiso. Mi límite está cercano. Su respuesta tarda en llegar y, de pronto, Le veo de pie, inclinado sobre mí. El corazón me golpea con fuerza. Sus dedos se insertan en mi boca y Se place de mi saliva en el instante preciso en que los de la otra mano se enclavan entre los labios henchidos de mi sur, ataviándose del manantial eufórico de este deleite de percibirLo dentro. 

Cierro las piernas como trampa mortal. Nuestras miradas se encuentran en medio de esa sensación de infinitos. Chistea como advertencia. Retrocedo en mi gesto e insisto en mi suplica. Asiente levemente…Tiemblo…en un juego de espasmos, sintiendo entre mi carne la lanza de Sus dedos bañados de Esencia de Fuego, de ese cuyas brasas me transmutan y me elevan… y que tan de Él, me hacen.
De entre mis labios, como un sonido agónico y, al tiempo, liberatorio, resuenan en eco dormido dos únicas palabras que expresan mi devoción: Mon Monsieur...


martes, 29 de mayo de 2018

Tajamar...


Me siento tan fuera de mí que creo ser otra mujer. Mis ganas de él han desbordado todos los laberintos de mi mente y en las sábanas han dejado un camino para encontrarme. Mis piernas aún tiemblan ante el estupor que ha sobrevenido a mis entrañas. Mis dedos han sido el testigo de cargo entre los pliegues de mi piel, desdibujados en espasmos que han empujado mis caderas hasta el centro de este universo que se encierra en torno a este hombre que me clama a los vientos y me alza en un vuelo, llevándome al fondo de su abrazo. 

Es como mar que me atrapa, que me empuja hacia el interior, alejándome de la orilla donde pongo pie en tierra. Anoche nos perdimos en esas conversaciones, largas y tendidas, entre sus manos y mi piel, entre su alma y mi mente, entre los cuerpos de dos amantes que repican como campanas tocando a fuego. Y esta mañana, sentía todavía ese tañer sobre mis latidos. Pendía en mí un hilo de gozo lubricando cada uno de mis pliegues y el aroma de mi piel se difuminaba prendido del suyo, animal y salvaje, dulce y maestro cuando desea en una especie de yin y yang, esa dualidad que le hace perfecto ante mi sentir, ante cada una de los deseos que me colma… y con los que me llena. 

Soy quilla de barco a la merced de sus olas, las que no desfallecen, esas que parecen siempre iguales pero todas son distintas. Es fuego en sal que me atrapa de tal manera que, aun sin su presencia, puedo percibirle, sentirle…., desearle tanto que ni lo imagina, produciendo en mí esa especie de satisfacción insatisfecha donde mi carne le pretende y le demanda cada uno de sus gestos. No puedo remediarlo. Se me eriza la piel y me enredo en la ropa de la cama, donde los pliegues conjugan los verbos a un sujeto de mil predicados. Contengo la respiración como si eso fuera a ser la paz del justo pero no… mi pensamiento se vuelve avaricioso y empieza a regocijarse en cientos de momentos que se acumulan entre mis piernas, haciendo claudicar a mis manos que se pierden entre ellas, hurgando los espacios prohibidos. Me abandono a la sensación de sentirme… sintiéndole. Soy amalgama de sensaciones fundadas al crepitar de mis dedos sobre los salientes de mis labios, inundados de un deleite que sé se derramará cuando imagine (sienta) la sal de su boca profanando mis arenas.


Mis piernas son brea que atrapa mi mano en esa procesión de jugos, fruto de la excitación. Aún ahondan en mí los suyos, pura necesidad, castigo y bálsamo de mi lujuria extenuada a golpe de caderas, de laceración de alma al amparo de sus dientes, esa mistura entre lo delicado y lo agresivo, lo racial y rudo y lo tierno. Mi aliento se evade como parece rehuir la vida cuando siento la clavada final, el golpe certero que me obliga involuntariamente a arquear mi espalda, a clavar los talones en el colchón, a retorcerme de gusto, a vomitar todo el placer contenido en mis entrañas, con daño colateral por todo mi cuerpo en un gemido final que me rememora al instante previo en el que él, encallado entre mis muslos, separando mis labios enjugados como orillas de su mar, degustándome, respirándome… ahí donde, atollado, aún queda su emboque…

. . .
Mi mirada está nublada. Me siento aturdida... Azorada. Aún me pesa el corazón. Escucho su voz envuelta en un susurro. De pronto me veo ahí: desnuda, entregada, con el delito todavía húmedo sobre la sábana. Toma mi mano. "Qué bien hueles", me dice. Huelo a mí... y a él. Pasa la lengua. Introduce lentamente en su boca uno a uno mis dedos índice y corazón. Luego ambos... mientras intento espabilarme... Su mirada me invade. Su boca me incendia de nuevo. Correspondo a sus besos y me abro como flor a la lluvia... volviendo a sentir su cuerpo en fricción con el mío, el batir de su respiración templando mi rostro, sus manos hablándome otra vez..., convenciéndome como tajamar rompiendo el mar.., mi mar.


Tajamar: Tablón curvo que está ensamblado en la proa de una embarcación por debajo del mascarón, que sirve para cortar o ir abriendo la superficie del agua al navegar.

jueves, 24 de mayo de 2018

Tedéum...

Me hago silencio y suplica 
postrada a los pies de la Cruz. 
Eres Tú, Mi señor, 
quien da luz en medio de la oscuridad, 
quien cuida de mi piel lastimada, 
de mi razón consentida, 
de mi sentimiento abierto. 

Ante Ti, 
ruego sin llanto, 
la fe de Tu iglesia 
en el altar de mi cuerpo. 

Te imploro la dicha de serTe. 
Conjugación de mi carne sometida para Tus propósitos, 
bendecida en Tu noche,
enardecida entre cintas bermellones, 
entre quejidos y susurros embastados por saliva 
adormecidos con mandril y ronzal. 

Señor, 
invoco Tu misericordia, 
la benevolencia de Tu Alma impresa con la mía. 
Y haz en Mí según dispongas.


 Oración de Pecado


viernes, 18 de mayo de 2018

Senza tempo...


Vibra Chopin en ese Nocturno op.9 No.2. Cada juego de notas es el paseo de tus dedos sobre mi piel, como partitura invidente donde solo el tacto y el sentido pueden hacer fruto en el deseo. Respiro hondo, evocando un aliento de tu boca con el que envolverme y perderme en el fondo de tu garganta como esclava del sediento. 

Te haces cruz en mi pecho en el instante mismo en el que las notas hacen un baile de guirnaldas y levitan sus huellas en el espasmo que produce el roce de tus labios al principio de mi izada, rubato donde el latido se vuelve vértice… y vórtice en un arabesco que seduce como el viento sobre las arenas o como la espuma de mar al atavío de una caracola o al estropicio de mil sirenas en el borde del acantilado.


Crepitan las ansias del artista, ab libitum, sobre la sinalefa de blancas y negras que devoran mis aristas. Se apasionan al ósculo negro donde el bosque se abre entre los humedales henchidos de gozo, y las mariposas, regias de musgo, exudan su alegría en la complacencia impetuosa de tus manos… 
Y vuelan los pájaros, tus ojos y mis ojos, en el intenso amanecer de este tapiz de carne y aires, de miradas y fuego de palabras hilvanadas desde la comisura de tus besos hasta el frunce profundo de mis entrañas. Se hacen halcones de vuelo sin fin, echando raíces que abren el alma de este intenso momento donde arreciamos como tormenta en el desatino de mil violines sobre la organza de un piano que se alborota y gime atrapado en la cima de mi vientre. 

Suena Chopin en el alabastro de tus dientes, andante sostenuto, arreciando mis pulsiones, donde braman exhaustos los delirios de mi pecho y cabalgan con estigmas tus ansías de cordura. Y en la nota final nos hacemos chaparrón, una brevería en estampida, un ultimátum al desvarío, un senza tempo como espegios mudos, poesía en do mayor, un eco al silencio roto de tu carne profanada en mi carne y en la erección arrebatada de tu sacrificio a mi ofrenda...



viernes, 11 de mayo de 2018

La gata sobre la butaca...


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Pude mostrarme fría, serena siempre, ubicada en aquella parte de la biblioteca. Oía de fondo el sonido del teclado machacado por Sus dedos, como si tuviera prisa... No sé si por acabar o porque la inspiración Le dominaba. Yo pasaba las páginas de mi libro con parsimonia, enfrascada en el deleite de la lectura... pero no en la de esas letras sobre blanco roto, sino de las líneas que pasaban por mi mente como fotogramas de película.

Y es que semidesnuda, bajo el foco de lectura, engarzada únicamente en esas medias negras a medio muslo, me sentía la protagonista de un cuadro de esos de coleccionista, presto solo a los ojos de su mentor, de su dueño.
Había bajado la escalera dejando señal del sonido de mis tacones. Mi cuerpo se iba adivinando conforme se reducía el número de escalones. Cuando pude alcanzar Su mirada, esta estallaba de deseo, y pensé en sus deseos, los oscuros, esos que yo descubría incluso ante de que los pensara pero solo Él podía llevarlos a cabo. Recobré el sentido de mis nalgas sonrosadas al paso de Su palma. Soy delicado, me había dicho cuando tras la primera caricia, llegó Su mano de forma intensa para, a continuación, volverse de nuevo un tibio roce. Solo que cuando ya eran unos cuantos la caricia casi picaba tanto como la palmada… Y sí, en mi intencionado francés, Le pedía más: “Oui, Monsieur”. No sé si me gustaba a mí más que a Él.

Y como si tuviera que pensar, yo, abandonaba Él su destino para recobrar la siguiente tarea. Lo hacía adrede. Era como impulsar mi adrenalina. Después venía la sutileza. El recorrido compacto de su boca y sus manos de modo alterno o simultáneo sobre mi piel, perdiéndoSe en ella pero sabiendo muy bien qué hacía y cómo. 

Todo aquello producía en mí un anhelo que fingía entre mis piernas como el traqueteo de sus dedos sobre el teclado. Me podía la curiosidad. Deseaba mirarle y desnudarle ante mis ojos para devorarle caricia a caria, con lentitud y lascivia, con toda la intencionalidad… Que sobre el escritorio me quedara expuesta, abierta encarne y alma a las delicias de sus deseos (míos), sentir el filo de su lengua en el borde de mis pezones, sus yemas estrujando sus sentidos, haciéndome retorcer de gusto (y de dolor) sin dejar de retarle con la mirada. Y esos toques de realidad a mano alzada, como la maza de un juez proclamando un receso, receso que no se me permitía a mí ni aún condenada a la libertad de los instintos. Mis piernas, las torres de Hércules sodomizadas. Mi centro, las fuentes del Nilo en medio de los vergeles. Los labios henchidos y la perla… penitente… enfundada en su saliva, sometida a los vaivenes de sus dedos en espiral…
Sentía la humedad fluyendo de mí… Ahí quieta, sobre la butaca, bajo el flexo de lectura, con el libro en la mano, en la infinita página del deseo… y exhalé un gemido…

Veo que Mi gatita se muestra inquieta, me dijo con esa voz ronca y sensual que pone cuando está dispuesto a todo, cuando el siguiente paso no es la calma, pero sí la imperturbabilidad y Su obra, Su hacer… hasta que, desbordada en tanta lujuria, con Su voluntad planeada, dibujada y proyectada en mí, es capaz de impedirme ser agua, ahogarme en mi sed y en mi necesidad…- Sé qué precisa para calmarse...




La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.