Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


martes, 26 de mayo de 2020

Amazona...


Cabalgo sobre tus caderas, 
y mi melena es una cortina que cubre nuestros rostros 
o, tal vez, ese oscuro beso 
donde nuestras lenguas se enredan ávidas en alientos de saliva. 

Mi cuerpo, abierto en aspa, danza en un vaivén de entrada y salida,
en un oráculo circular en el que te hundes erguido y crecido... 
 guiado por mi mano y excitado por el río de lava cristalina
que nace en el fondo de mi horizonte.
Tú, clavado bajo mi cruz, 
—Alfa y Omega— 
pareces ser la espera
—del dámelo todo que todo lo quiero— .
Me respiras con carpanta de mi aliento y de mi carne, 
con la codicia de mi boca en la tuya, 
con la falta de quien lo tiene todo y anhela más,
de quien siente la entrega y la pasión 
rezumada en la calma contenida 
—como si fuera posible—
en alongar el trance en un infinito. 

Y ese infinito se condensa entre tu pelvis y la mía, 
entre los cauces de mis canales más sombríos y tu anverso, 
entre ese gemido que embebes entre los labios, 
entre el mordisco de mi piel en oración sobre la tuya, 
exprimiéndola, degustándola,
prensándola en mi lobreguez ,
como quien atrapa mariposas sin red.

Me vuelvo trapecista sobre tu boca. 
Amazona consumada, marcial descarada
y hembra latente sobre cada poro de tu piel...
 Y tú... te vuelves convulsión súbita. 
Tus manos son garras que atrapan el viento.
Tu boca, un volcán de espuma y carne que me somete el alma 
hasta el final de la garganta donde —me— ruges, 
hasta el final de mi instinto...
donde anidas.



martes, 19 de mayo de 2020

Humedal...


Hubo un momento en el que tuve una extraña sensación de perturbación. Me envolvió entera, por completo. Pensé que tanta seguridad en ti mismo se debía también a un deseo subconsciente de ser poseído. Sí, definitivamente, cumplir tus deseos era una forma de satisfacer los míos. Solo debía saber jugar mis cartas y, aun siendo de tu propiedad, barajarlas a mi perverso antojo. 
Mientras me observabas, mis dedos jugaban y se zambullían en la humedad que brillaba en la verticalidad de mis labios y se prendían del orgullo de mis pechos, fustigados en su vértice. Podía percibir la intensidad de su dulce perfume acariciando mis sentidos, clavándose en mi mente, susurrándome todas las intenciones que debían tatuar en hechos mi carne. Antes de vencerme sobre mi propio placer, de dedicarme a jugar conmigo misma sabiendo que no perderías detalle, que tus manos eran el castigo que habías elegido en aquel trance, maldije tu nombre y tu esencia. Execré mil demonios colmados en mis ansias.

No hay truco ni trampa cuando el deseo rezuma entre la piel, se despliega como la de las serpientes, reptando. Tu desnudez me incitó y el relente entre mis piernas fue danza perversa que se cruzó en tu mente. Mi fiera se sublevaba y se prendió de mis manos, alardeando de su fuerza entre mis pilares y desentendiéndose entre mis pensamientos, provocando la instantánea que cruzó la habitación y te empotró contra la pared.

Imagen "robada" a Qarpatian. Gracias.

Salvaje, como el más primitivo de los instintos, gemí indómita. Y tu aliento, preñado de saliva y fuego, se rindió entre la henchidura de mis labios, presos en su propia libertad. Me arqueé sobre las puntas de mis pies y mis manos se enfilaron sobre tu cabeza como clavos ardiendo, aferrándote a mí, frente al arco de mi sexo, comulgándote con su aroma y su sabor. 
No había más sed que la de tu boca con mis labios ni más hambre que la de mi sexo abierto a tu merced.

Tu lengua fue un estallido en mí, un látigo que me incendió y descarnó desde dentro, que profanaba y bendecía, que espoliaba el más oscuro de mis gemidos en mi balanceo más lascivo. 
Hechura de mi carne replicante, de mis verbos ahogados. De la erección de tu miembro olvidado a mi albedrío, reclamando, suplicando desde sus latidos, emergiendo lúbrico.
Sin compasión, mi piel excedida, mis entrañas vulneradas, se abrieron en canal, anidando el más oscuro de los placeres que de ti nacían, que de ti hice como un humedal laico arreciado en sus tormentas. Y tú, como un seglar sin arrepentimiento, formulaste mi nombre para los auspicios que se derraman entre tus piernas.

martes, 12 de mayo de 2020

De Tu Piel...

Hacerme de Tu Piel
encaramada en cada poro, 
hilvanando cada suspiro de Tu Boca 
con la alabanza de mi pulso 
en esta recta de infinitas curvas. 

Pasión… 
en la calma de Tu Pecho, 
en el Regio amanecer de Tus Entrañas 
enardecidas entre mis pétalos de mariposa 
que, húmedos, Te encadenan a mi entrega. 


Y cedo.
A la profusa deidad que envuelve mi calma,
al epíteto que inunda mis pliegues
en el culmen de este aliento que germina sobre Tu Nombre.

Y soy en Tus Latidos
emergencia orada entre los cimientos que me sostienen
replegados cuales velas a la tormenta
en el Aliento que a mis vísceras quema
y en el derribo que de níveas estelas Te colma.

martes, 5 de mayo de 2020

Lexía Excelsia...


Me someto... a  mi silencio y al canto pausado de Tu Lexía.
Traviesa de los mudos de mi mente, reverbera en las entrañas de mi sangre 
cual pulso que late desde las entrañas de esta mi Alma
que nace y muere carne.
Mis telas son ósculos que me velan y me invaden, 
y me subyacen a la entrega postrera.
Ahí, mis manos son cáliz de oración
 y mis piernas, una dulce llaga abierta de me doblega ante Tu Pilar.


Y en la cesura que rige el aliento de Tus Manos, en la febril salazón que gobierna mi piel, 
se desmansa Tu gesto y caen mis tules de negra lujuria descarnada, 
y se tornan flores de carmesí las hechuras níveas que se Te ofrecen
vírgenes en el reclamo. 

Coima la Hembra que profanas con desvelo. 

Deshaces mis arreboles en caricias ascendentes 
y mis labios regurgitan lirios tibios de cristal. 
Embebidos en esta excelsia de deseo, versan letras de fuego el significado de Mi Ser. 
 Pertenencia de Alma al Bálsamo que prende mis bilis y las iza como llamas. 

Hierven súplicas calladas en Mi, 
 la Elegida por el Señor.
 Y humilde y venerada, rindo Sierva.


La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.