Atesoro mi silencio en el acmé de Tus Ojos
y aprendo que Mi Esencia tiene el brillo perpetuo de una Entrega.
Desvanezco mi piel en cada surco de Tus Manos,
en cada Sentido que navega en mi pensamiento
porque desde Tu Culmen,
renazco alba desde las entrañas,
siendo viento en calma al arrullo de Tu Palabra
y vuelo, sin ser Ícaro, al cielo que se desvela ante mí.
Y rindo así Tributo
al Verbo que me encumbra,
al Sacramento de sentires que me invocan,
al desván pleno de emociones que me circundan
y vibro, Magna, en la Lealtad de Ser (Te).

