Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


martes, 25 de febrero de 2020

Fellatio...


Recorro el silencio que se impone desde tus pies hasta mis ojos. Arranco un suspiro que es como el aliento del Diablo calmando en el hueco de mi pensamiento la lascivia que nace de tu provocación. Y sonrío sobre tu desnudez con la picardía de mis intenciones ya consensuadas.
Me arrodillo sobre el colchón y repto despacio desde tus tobillos, dibujando con mi aliento una caricia mientras notas mi presencia que se desvirga sobre tu carne en espuma y río, insinuando con denuedo la bizarría de mi Pecado.


No dices nada pero puedo escucharte, más cuando mis labios llegan al centro de tus caderas donde, erguido, erecto, aguarda tu blasón; mi tesoro palpitante… que venero con calma y con el fuego derribando todos nuestros límites.
Es una tentación que se desvela ante mí, una insignia que me reclama y pronuncia mi nombre. Mi lengua es plegaría, un susurro húmedo que lo recorre entero, despacio, degustándolo e incitando a que despierte del todo…, a que ondee cual estandarte de guerra en medio de la batalla; a hacer, de mi boca, una sepultura... O su altar.


Lo acuno entre mis latidos, entre mi pecho, perfilándolo entre mi canal, cuando mi boca alcanza la cruz de tu pecho. Tu mano, ola sobre la piel, abre sus dedos peinando mis cabellos, ensortijándose en un laberinto de caricias que guían y pretenden gobernar en rectitud. Se acerca a mi hálito, como una seda de viento que se columpia entre mis labios y profana su oquedad, reventando la dulce escarpadura entre mis dientes, avanzada hacia el abismo profundo de mi garganta donde sé que me espera la emboscada de tus aristas.

Respiro, profundo, con tus dedos inundando mis salivas, mis mares sublevados, horadando entre mis dientes. tal que álabes combados sobre tu falo para que mi lengua sea una pequeña serpiente del paraíso que hipnotice con sus movimientos…, los tuyos.


Mi mirada se encuentra con la tuya, en la horizontal de nuestros cuerpos, mientras mis entrañas laten sobre las tuyas, sintiendo la agudeza de tu arma, la que me marca; la señal de los demonios de tus perversiones, las mías… Un sentido movimiento, otro trote suave sobre tu piel, simbiosis de la mía, y mi boca se vuelve sendero sobre la tuya en ese sabor de sabores, de blanco entre claroscuros de nácar, concúbito de nuestra carne entregada en ese deseo que arden en los más profundos de los infiernos, donde los demonios danzan en perspiraciones que los vuelve efluvios.


martes, 18 de febrero de 2020

Ígneos...


Haz de mí Templo donde un mundo de revelaciones vengan del cauce de Tu Mano..., del sigiloso enredar de Tu Pensamiento... que reverbere en mi carne y se cuele en mi mente como todos los deseos que me hacen estremecer. 

Pones Tus Manos en mi pecho, sintiendo el palpito que produce la erección de mi pezón, articulado bajo las yemas de Tus Dedos, pinzas de piel que me arrancan el gemido que ahogas con Tu Tacto, mientras la saliva se condensa en la necesidad de un beso. 
Reptas sobre mis muslos, hacia su centro, donde una dulce humedad late hambrienta de Tu Índice y Tu Cordial ...y de Tu Lengua. Mistura de Deseo que se desflora entre alientos que se devoran.
Y como una rogatoria confesa aclamo Tus maneras en mis adentros.
Y me son concedidas.

Alzándome sobre mis puntillas, hago de mi espalda un arco al sentir las agujas de Tus Falanges abrirme la carne en canal. Tus susurros son necesidad en mí. Un clamor para mi entrega. Anhelo de ser de Ti. De sentir Tu Piel fundida con la mía. Un fuego ardiente que se vea apagado con las aguas bravas, blancas, tibias de Tus Entrañas... Ese último instante, donde Tu Boca y la mía van juntas, como dos surcos arados en el límite de un frenesí que se colma enredado en nuestras lenguas. 

Gimo en el gozo de Tu gozo cuando, ebrio de mí, Te clavas horadando mis pliegues bajo la cruz de mi cuerpo amoldado al estío del Tuyo. Beatificada, e Ígneos desde los adentros sepultados, percibo —me quema, me abrasa, me devora— ese fuego finito y saciado, desvirgado del Tuyo, latiente y creciente, exacerbado y candente. 


martes, 11 de febrero de 2020

Profanación...


Tus Manos, lazos anudados en los lienzos de mi piel, grabando a pulso los ósculos susurrados de Tus Yemas. Del sonido tibio de Tu Voz arrebolada en mi lóbulo, germina el Deseo que hierve desde las quimeras de mis centros. Y en mis altos, el latido desplegado de un grito callado que reclama venganza.

El empuje cándido de Tus Caderas yace entre mis pliegues impulsando mi popa como viento que también ondea las velas con templanza y las abre para atrapar Tus Cruces. Galopes de carne en la comisura de los ojos, y, en la bravía déspota de los labios, se columpian los esbirros de espuma. En los dedos, los rezos, el Pecado y la Concupiscencia; el sigilo y la perversión que encandilan la Entrega. 

Así es Tu Cuerpo… y Tu intención…
Así es mi cuerpo… y mis ganas… en Ti.

Llama que eleva e ilumina, que eriza y destensa en juegos malabares de Tu Lengua y mi boca, de Tus Manos y mis pechos, de Tu embate y mis entrañas. Fuego que moldea a sangre estos yugos que nos revientan... Siendo Vida, siendo Muerte que nos abren en canal, que nos desvirgan sin reparo y elevan a sacra, la profanación de la Carne... y del Alma.










martes, 4 de febrero de 2020

Sagrario...

Fotografiía de Scott Chalmers


Mi Señor.
Sea ante Tu Presencia  Inmaculada mi cuerpo velado.
Humilde mi plegaria
—Hetaira la Hembra
y entregado mi Sino.
De Ti anhelo el regalo del Consejo, 
la Hebra de mi Pensamiento
y la Encarnación de mi carne.
Redención hecha Pasión.

Séame concedido del silencio, helechos de Tus Manos.
Hilván de quejidos y estigmas en los llanos de mi piel.
Y haré rezo al florecer Tu obra en mí.
Mil corintos ensalzados.

Gozaré en el infinito de Tu Huella
 cual bálsamo encarnado de Mi Señor,
y horadaré en mi plegaria cada verso sacro.
Eucaristía sobre mí cual hálito perfecto que emana Tu Dicha
y sagrario de Tus Dominios.

Haz de mí,
hierática esfinge con cuerdas entornada
y rea de esta Necesidad de ServirTe,
Santo Sacrifico de Mi Señor,
Letanía de Tu Verbo.
Templo y Tabernáculo de Tu Gracia.




La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.