Llegar a casa después de
una dura jornada la hacía sentir reconfortada. Era un punto y aparte.
Aún no se había bajado de
los tacones cuando el móvil sonó en su bolso. Respiró hondo. No deseaba
llamadas de esas que solía hacerle el jefe fuera de horas porque si era así, no
se la cogería pero se sintió aliviada al reconocer que se trataba de un mensaje.
Era de Él.
Respiró hondo.
Se habían visto a la hora de comer y no habían pasado cuatro horas mas gustaban de saberse, de estarse y serse...
- Espérame…
Así de escueto. Así de
simple. Así de claro. No eran necesarias más palabras. Esa tenía su propia
connotación y su margen de tiempo.
Sabía que tenía el justo
así que empezó a prepararse sin dilación.
Como si de un ceremonial se
tratara lo hizo. Los gestos estaban perfectamente definidos, y las pautas intachablemente
precisadas.
Regia en sus formas y
constante en su actitud, había aprendido a madurar sus impulsos y a digerir
mejor su paciencia.
En la planta superior
estaba el salón de juegos, el Templo. Lo dispuso todo, asegurándose de que estuviera en orden.
Como en un altar, ella sería al tiempo, la adorada y la ofrenda.
Ofrenda para Él pero,
también, para sí misma.
Había aprendido a esperar,
a adoptar las posturas adecuadas para aguantar el tiempo necesario y recibirLe en total entrega a pesar de los momentos transcurridos.
Respiraba hondo buscando la
calma, y aguardaba arrodillada sobre un gran y mullido cojín, frente a una
silla vacía. En sus manos, a modo de voto, el pañuelo de seda.
No hacía demasiado Él la
había involucrado en el arte de atar. Algo sencillo de entrada para
experimentar unas sensaciones impensables hasta ese momento en su piel y en su
mente. Él le transmitía, la hacía sentir, y ambos caminaban juntos en ese
sendero ante un infinito horizonte.
Pacientemente, Le tejería una
tela de araña en la que quedaría presa, devorada por el arte de Quien sabe, de
Quien confía, de por Quien se entregaba a ojos cerrados, a mente abierta, a
pecho latente…, con el alma acariciada.
Por el Arte de la Mano de
su Hombre.
Sonrió al oír Sus pasos subiendo
la escalera.
Percibía el recorrido de su
propia sangre por las venas, la excitación dilatándose desde sus pensamientos
hasta la punta de los dedos de sus pies. Un estremecimiento de pasión, de
deseo, de Amor.
Y el sonido de los pasos
más cerca, el aroma a madera y ámbar de su perfume, penetrándola.
Una caricia en la mejilla.
Lenta, acompasada…, erizando su piel y sus instintos. La elevación del rostro
para verse nombrada en la mirada masculina. Y su cuerpo tintineaba como las
llamas de las velas que iluminaban la estancia por la emoción y paz que Él le transmitía,
sabiendo que esas mismas sensaciones, aunque las callara, se las producía a
Quien enfrente tenía. Unas palabras, unos besos de esos que derriban cualquier
muralla, unas caricias de las que enervan la piel… que Ella sentía en lo más
profundo de su ser.
Las lianas se convertían en
nudos de serpientes con la parsimonia de una ceremonia ancestral, deslizándose sobre su piel, midiéndola, hipnotizando sus sentidos…, dejando que Él se recreara en la magia de ese momento...


"Adoración y ofrenda"...
ResponderEliminarEs un relato pulcramente detallado, donde la ofrenda es mimada para la persona que es de propiedad.
Majestuosidad en tu delicado trato, mi querida amiga.
Sublime, Mag.
Mil besitos ❤
Es como cuando el deber te llama y, además, es devoción.
EliminarEntonces, el cielo se abre ante tus sentidos. Y disfrutas.
Mil gracias (siempre).
Besos de Pecado.
La situación previa a algo intenso.
ResponderEliminarMuy bien descripta.
Besos con admiración
Siempre son recibidos con agrado tus besos, sean como sean, como tu presencia.
EliminarMil gracias.
Besos de Pecado.
Gran intro de un encuentro... Ese goce de la sumisión es inquietante... Y placentero... Saludos 🙋
ResponderEliminarSaludos también para ti.
EliminarBienvenido y espero que bien hallado...
Muchísimas gracias por tu paso por esta Casa. Tuya también.
Besos de Pecado.
Es muy sensual,muy caliente. Te vas imaginando cada escena,cada sensación, cada mirada.
ResponderEliminarMuy bello!
Mil gracias, Lunaroja.
EliminarMe agrada verte por esta Casa de Pecado.
Te espero cuando gustes.
Besos de Pecado.
Qué bellamente has descrito ese instante de preludio y espera, sutil y elegante, y altamente sugestivo; se vislumbra la escena y el sentir que se apodera de ella…
ResponderEliminarPrecioso, mi querida amiga… Siempre un deleite…
Bsoss y cariños enormes 😘
A mí, al final, me retumban los pasos quedos de Él. Es como una canción que no se te va de la mente.
EliminarMil gracias infinitas.
Besos de Pecado.
Todo un ritual, como debe ser cuando se siente ese deseo de ser sometida y quien lo hace saber como hacerlo, como entregar confianza, como llevar a ese momento tan especial. Me ha gustado el ritmo con que lo has relatado, la calma de quien sabe esperar porque tendrá lo que desea.
ResponderEliminarBeso dulce mi estimada Magda.
la serenidad ante todo aunque, a veces, ya sabes que la emoción embriaga... pero hay que disfrutar de todo, de cada pequeño instante... por los Dos.
EliminarMillones de gracias, Mi Estimado Dulce.
Besos de Pecado.
Se palpa en cada letra la escena de esa adoración de la sumisa hacia su amo, esa espera de rodillas, intensa descripción, me encantó, como siempre una gozada leerte, Mag, Chapó.
ResponderEliminarBesazos y feliz día.
Gracias mil, María.
EliminarDicen que el dicho, cada Pecado lleva su penitencia. En este caso, el Pecado se lleva la Gloria. La Gloria de Saber en las formas y en los sentires... y que, además, sea algo mutuo.
Besos de Pecado .-)
Preparar(se) paso a paso, en cada mínimo detalle, para Él, para complacerLo y a su vez, ser complacida.
ResponderEliminarSin dudas tú eres la Maestra en estos relatos, haces que uno al leerlos, los viva.
Besinos infinitos.
Esa es la clave: Para que el disfrute, el gozo, la entrega, sea Mutua.
EliminarBesos de Pecado.
Agradecida siempre.