Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.
El Tacto del Pecado
He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.
lunes, 16 de junio de 2014
jueves, 12 de junio de 2014
Dos para una y una para los dos...
El móvil me sobresaltó con la alarma de aviso de mensaje entrante. Seguramente, publicidad. No, Sergio:
-"¿Te hace un café? ¿Te invito? Sé que estás sola. Tu marido me ha dicho que se iba a jugar al fútbol. Me ha invitado a ir pero yo prefiero jugar con su mujer ;-) ".
¡Qué cabronazo es! Pero no pude evitar sonreír mientras pensaba qué responder.
- "¿Necesito ponerme guapa?"
- "Tú siempre lo estás. Además, no voy a fijarme en tu ropa".
No tenía muy claro qué iba a suceder. Lo que sí tenía presente es lo que no sucedería. Si subía, ¿tomaría café? Dejé el libro sobre la mesita, apagué la televisión, recogí las llaves y el móvil, y tal y como iba, me subí a su casa. La puerta estaba entornada. Oí música al poner el pie en la casa. Desde la mía no se oía nada. Y la penumbra lo arropaba todo. Hacía más calor que en mi piso.
- ¡Hola! -anuncié-. ¿Se puede?
- ¡Pasa! -avisó desde el fondo. Cerré la puerta tras de mí y me encaminé hacia el salón. Pasé antes por la cocina y vi a Sergio, desnudo, preparando unos mojitos... Verlo no me sorprendió. Sonreí y me acerqué. Me tomó por la cintura y se inclinó para darme dos besos en sendas mejillas. No pude evitar dirigir mi mirada a su miembro semierecto-. ¡Estoy haciendo mojitos! ¡Están flojitos! -aclaró.
- ¿Para que no haga locuras?
- No, para que te des cuenta de que las haces -ironizó-. ¿Tienes calor?
- Hace más calor que en mi casa -dije mientras sentía un extraño subidón de temperatura.
- Puedes desnudarte. Ya ves -invitó, abriendo los brazos y mostrándome las palmas abiertas de sus manos, como un cristo en plena excusa de "yo no he sido". Había un paño sobre la mesa y se lo lancé.
Pudo, simplemente, alargar el brazo y hubiera llegado a alcanzar el vaso que me ofrecía. Sin embargo, optó por caminar aquellos pasos... Tonta, fui a cogerlo y él desvió el brazo dejar el vaso sobre la mesa mientras se apoyaba con la mano libre en la pared que quedaba a mi espalda, acercándose tanto que su piel quedó a dos dedos de mi boca y sus piernas atrapando las mías entrecruzadas. Levantó mi barbilla y mi mirada se estrelló contra la suya tres segundos antes de que su boca rozara mi cuello; cuatro segundos antes de que notaba la caricia de su lengua sobre mi piel... Un poco antes de que sus manos se volvieran traviesas bajando por mi escote.
Percibí pasos e mi espalda pero no fui consciente de la presencia de Diego hasta que éste, como en un arrebato, me cogió desde atrás, obligándome a elevar el rostro... Y si antes habían sido los labios y la lengua de Sergio quienes invadieran y acosaran a los míos y a la mía, respectivamente; ahora se trataba de la boca perteneciente a Diego.
Y recordé, como en un flash, como una estrella fugaz perdiendo el norte, las palabras de Sergio unas semanas antes cuando estaba a punto de abandonar mi casa después de aquel polvazo: "Imagínate cogida en el aire por dos tíos y que uno te folle el coño mientras el otro te folla el culo". (Click) Y sí, me reconocí ingenua en aquel momento y ahora estaba a punto de confirmar que lo fui. "Nada es imposible...".
Sobraban, por lo visto, palabras y faltaban hechos porque en un abrir y cerrar de ojos, me encontré con Diego tumbado sobre la cama, tan desnudo como había aparecido en la cocina... ; con Sergio detrás mía, sujetándome por los hombros, invitándome a acomodarme en la silla, como si fuera a ser la protagonista pasiva de algo...
No sabía lo que me podía poner el ver a dos hombres comerse a besos pero, por otro lado, reconozco que me alertó un sentimiento idiota observando la escena. Sé que me estaban provocando. Podía ver sus labios unirse y sus lenguas jugar antes de tocarse. Era única espectadora en primera fila. Sergio es un cabrón con todas las reglas y en el mejor de los sentidos. Creo que sabía cómo me podía sentir y estaba disfrutando con aquel juego. A Diego lo percibía un poco más cortado de entrada pero cuando nuestro amigo empezó a comerle la polla, a masajearsela y yo empecé a verla crecer más... Ufff... Qué sofoco... Qué subidón... Creo que me sobrevino un pequeño orgasmo con el que no contaba. Los pezones casi me dolían y sobresalían por debajo de la tela de mi prenda...
Ante mis ojos se pusieron a tono y de paso, me pusieron a mí tan caliente que solo deseaba que aquellas dos armas del pecado formaran parte de mí. En las películas porno todo parece, no fácil, sino, demasiado sencillo. Todo sale a la perfección: ellos tienen unas trancas de impresión, ellas parecen... no sé lo qué parecen... y todos tienen unas corridas y unos orgasmos que dan terror. Pero, en carne y hueso, y yo metiéndome en faena... no me lo parece tanto, la verdad.
Mientras Sergio le agarraba la polla y le metía la suya por aquel espacio embadurnado de lubricante y mucho más adaptado que el mío a ser penetrado, Diego me miraba. Se pasaba la lengua por los labios y se tocaba el pecho, haciendo hincapié en sus pezones, pellizcándolos con las yemas de sus dedos y distraía su mirada entre quien le follaba y quien le observaba, es decir, entre Sergio y yo.
Notaba mi sexo mojado, palpitando, y a unos metros más allá, la polla enfundada de Sergio entrando suavemente, sin resistencia, entre los pliegues arrugados y cedidos del ano de Diego, colocado boca arriba con las piernas levantadas. ¡Qué visión!
Si cualquiera de mis amigas supiera de un pequeño ápice de esta vida mía, o, me ponían un altar o me crucificaban en él.
Solo sé que aquella escena me estaba poniendo cardíaca. Entre el calor exterior y el que me brotaba desde mis entrañas, aquéllo era un sin vivir. Separé mis piernas y pasé mis manos por los muslos: primero por el exterior y luego por la parte interna, hasta llegar al vértice que las unía. Rocé mi sexo por encima de mi braguita, ésta estaba empapada, y al pasarlos por debajo de la tela, ya estaban mojados los extremos de los vellos. Y al profundizar y alcanzar la piel suave que protegía mi clítoris... qué puedo decir... Mis dedos se impregnaron de aquel abundante elemento que se desbordaba desde mi interior.
Me desprendí de mi liviano vestido, dejando a la vista mis pechos. Me quité la braga y la dejé a un lado. Separé bien mis piernas, dejando ante sus ojos el brillo de mi sexo y la voluptuosidad de mis tetas. De nuevo aquel hormigueo me recorrió entera y fue inevitable que mi mano frotara mi sexo y que la otra se recreara en uno de mis pechos. Mi pezón estaba crecido y henchido. Lo retorcí y tiré de él, mordiéndome los labios, mirando a aquellos dos hombres que se daban el uno al otro...
Diego me llamó mientras Sergio se desprendía del preservativo. Titubeé unos segundos y me dirigí hacia la cama. Dos cuerpos de hombre excitados y el de una mujer, el mío, camino de estallar. Mi cuerpo, antes de caer sobre la cama, fue recibido por besos, besos múltiples, gestos a cuatro manos, a dos bocas...
El sentir el aliento de aquellos dos hombres tan cerca de mí, el palpitar de sus sexos también tan cerca... El saber que estaba formando parte de un juego nuevo cuyas reglas desconocía pero que, evidentemente, no significaba que las ignorara.
Creí enloquecer y no quería gritar, aunque tal vez fuera lo único que me aliviara. Pero cómo hacer ante aquella dulce tortura que era sentirme atrapada entre dos hombres. Mientras uno me mantenía apoyada sobre su pecho, apretaba una de mis tetas y con la otra mano frotaba mi clítoris, con tanta energía que me quemaba; el otro, Sergio, se abría paso bajo él, follándome una y otra vez, haciendo fuerte cada uno de sus envites. No podía decir que no estuvieran por mí, que no estuvieran enfocados en hacerme gozar, en deleitarme en un juego que, de verdad, me estaba enloqueciendo.
Y, de pronto, dentro de toda aquella consternación, nos echamos a reír los tres. Supongo que sería la visión de aquella escena tan poco profesional. O el hecho de que habíamos montado un espectáculo de ruidos que habría alterado la paz de más de uno y de una.
- Te dije que no había nada imposible -habló Sergio mientras intentaba zafarse de mi peso. Mis piernas estaban entumecidas y mi cuerpo gastado.
Tuve que salir de ahí corriendo. Nacho no tardaría en llegar y no podía dejarme sorprender de la manera en la que estaba: oliendo a lo que no era yo y con aquellas pintas.
viernes, 6 de junio de 2014
Polvo Real...
- ¿Qué miras tan atenta? -me preguntó Nacho mientras entraba en la cocina. Estaba recién duchado. Su cuerpo, en un instante, despertó mi piel y me hizo palpitar. Le observé mientras se servía un café y se asomaba a la ventana para contemplar la mañana. La barba le sienta bien y, su cuerpo cada día mejora.
Mis dedos se prendían de sus hombros, apoyándome, sujetándome... mientras me vencía ligeramente hacía atrás para dejarle disfrutar de mis pechos, bañados ya en el jugo de su saliva.
Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.
La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.
Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.
Amén.
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.






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