Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


sábado, 6 de febrero de 2021

En carne viva...

Me quemaba en tu mirada siendo rea entre tus carnes, elevada en la erección de tu cuerpo, deseosa de tenerte en mí, de ser parte de él, de hacerme en ti Hembra de fuego y agua, concupiscente y comulgada. Sentí entre mis pliegues la firmeza de tu ser,  obelisco enardecido entre perfumes irisados en el deseo azuzado de tu piel, y cada bocanada instigada desde tus adentros, una ráfaga de impulsos derramados en las ansias de mi ser, palpitante, encendido, crecido desde la más absoluta lascivia. Poseída, como súcubo absorbiendo la esencia de la lujuria.  


Mi pecho reclamaba tus alientos y el verbo húmedo de tu saliva demandando desde mis vértices el arado de tus dientes y la fusta de tu lengua. Me anclé en tu vórtice, gimiendo al infierno cada poro de mi tapiz, asperjando mi alma como savia sobre tu tierra, prendida de abono, lujuria efervescente en cada cabalgada, y tú, ardiente de furia, estremecido, me amarrabas los vientos, abrías la carne…, te hundías, izándome, preñándome de esa eterna necesidad de morir en ti, por volver a renacer… Por pendenciar arraigada en tu sangre y en el fruto denso que encomienda mi servir.

Exhausta, mancillé el gemido de tu boca, mordisqué tus silencios y el latido de tu lengua en rebeldía. Me hice dueña de tus convulsiones y te rendiste, poseído mortal, al incendio de mis entrañas, al edén perverso de mi pensar, del juego de mis manos sobre las heridas de tu deseo, sobre las cicatrices abiertas rezumando sal.


Y tú, con el control perdido a la altura de las caderas, con el pensamiento enardecido como lumbre, tarareaste enfervorizado los ósculos profanos que encandilaban la sinuosidad de mis finales, las techumbres de mis latidos... y, me clamaste en adoración engendrando arrebatos entre la húmeda carnosidad de mis labios, atarugados en la unción del gozo, aferrándote a las aristas de mis perfiles y, hundiéndote en las parábolas de mis piernas, me entronaste en preces.

Respiramos, con el aullido borboteando más allá de las bocas secas, más allá del temblor de dos cuerpos ceréos bañados en su propia serosidad y quedamos enclavados en el ceremonial donde nos dejamos las entrañas del alma en carne viva.

miércoles, 20 de enero de 2021

Ramera...

Mi quietud,
mi paz infinita de un anhelo sostenido,
gana inmaculada bajo los auspicios de Mi Señor
que me ve coronada de verdes espinas y misericorde grana.

El silencio tiembla 
entre el encaje de pliegues que escoltan mi plegaria
mientras, Gloria Viva, Mi Señor, mi Dueño y Amante,derrama sus acólitos deseos
embalsamados en las letanías de mi piel trémula.

Mi hálito, 
majestad que libra mis ojos de la esclavitud impía,  
se hace suspiro de mi alma y vela de mi cuerpo 
despojado, entre amaneceres oscuros, de mi inocente desnudez.

Y se enroca mi destino en los mansos de Sus Manos,
desde los espliegos abiertos sobre los que mi carne cabalga,
indómita y sometida,
reinante del ósculo sagrado que marca mi zenit
y me encumbra, profanada, Ramera de Mi Señor
cual ofrenda hinojada
besando con la frente el altar de Sus Huellas.

lunes, 4 de enero de 2021

Sacrosanta...


Profanarme... 
hasta que las entrañas dejen de hablarme,
y las ganas revienten inconscientes
arremolinando mis aguas en sus cauces.

Hasta que la niebla disipe la sed,
mi pecho sea enjambre de mil demonios
y mi alma rile agrietada por las embestidas
 suplicando, en silencio, el decoro sometido.

Hasta que la piel se arrepienta de los pecados no cometidos
y de las glorias que, pétreas, la arranquen a jirones
y se huellen las yemas de mis dedos
como granos de uva pisoteados
en el majar de mi pensamiento
y retumbe mi aliento
como ráfagas de viento invocando mi lujuria,
haciéndose de perenne efimeridad
el néctar libado en las ánforas de mi deseo.

Y en este nombre de mujer,
perdida, flagelada, dominada y expuesta,
me aleje de lo profano para encumbrarme sacrosanta
y orada en el Verbo del Pecado.




Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.