Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


lunes, 4 de octubre de 2021

Furia...

Muy seguro de sí mismo, convencido, con ese alarde de quien lo controla todo, me llevó hasta el extremo de sacar ese lado de leona territorial y dominante. Se dejó hacer en mis manos. Cabalgué sobre él, me apropié de su cuerpo, lo mantuve a raya, incluso le estampé la palma de la mano en su rostro,  en un gesto exacerbado de furia y pasión, sin resquemor, sin sentido de venganza por todos los azotes que él había proporcionado a mi trasero como si fuera una niña mala. Una niña mala llena de intenciones que se escondían en cada pensamiento, en cada sonido gutural, en cada hilo de saliva que pendía de la esfera que separaba mis labios y que él lamía como quien viene de un erial. 

Un «estate quieto» mientras lo montaba como una walkiria regia en busca del héroe que debe morir, mirándole fijamente a los ojos, observando la libidinosidad en su mirada y hurgando en la mueca de su boca. Un «demuéstrame lo zorra que eres» se diluía entre sus dientes mientras yo, serena y acomodada, no dejaba de espolearlo, permitiéndole hundirse en mí,  alojándolo en el abismo entre mi carne y mis humedades. 
Impidiéndole cualquier otra intención que fuera más allá de tenerlo a mi antojo, entre las piernas me sobrevino una cadena de convulsiones, una explosión que me hizo temblar entera, y aquel magma límpido, parido desde la profundidad de mis entrañas, desbordó toda mesura, inundándonos a mí de placer y a él de gozo.

Mi mano cortó el aire hasta estrellarla de nuevo en su mejilla. Mi respiración agitada, mis armas desenfundadas, y, entre mi sucinta sonrisa,  su «¡¡Joder!!» entrecortado. Estaba entregado pero no rendido. Su protesta se convirtió, antes de poder darme cuenta, en un brusco abrazo que me puso patas arriba. Y la reina se volvió súbdita, atrapada bajo su cuerpo, amarrada en cruz, con los brazos hundidos en las almohadas, entalladas las muñecas a las bridas de sus manos. Mis piernas, abiertas como velas de barco, expuesta como la más vulgar de las furcias follada en una oscura habitación de pensión. Embestida, una y otra vez, apuñalada, una y otra vez, por su miembro y por su mirada, sin concesión alguna... dejándome a las puertas de la gloria para alcanzarla en oración. Sentía sus acometidas abriéndose camino entre mis canales. Mis brazos erigidos como riendas. Mi rostro preñado contra el suelo. Mis pechos, de vórtices erectos, amortajados, y él, magnificado jinete, montándome sin aliento en aquel vaivén de furia donde nuestras carnes se fundían la una con la otra, donde las pulsaciones, aceleradas, repetían al unísono por alcanzar, en el mismo latido, la plenitud, la gloria, el culmen de esas llamaradas que nos hacían hoguera.

domingo, 1 de agosto de 2021

Stigmata...


La huella, el estigma... 
La razón de ser. 
Mi Señor.
La marca que transfigura el deseo. 
La luz que enriquece las sombras. 
El pulso que late bajo la llama... 
El Verbo.

El Santo Sepulcro que se abre entre los pliegues de mi carne.
La Redención de los sentidos al anhelo de la Cruz.
La penitencia transformada en cumbre de deseo.
Mártir.
Estigmatizada al hierro que se blande caricia de seda
a la Voluntad que humedece,
que enarbola el Placer.
A la Entrega elegida, prendida y deseada,
domada y enaltecida,
confiada al Instinto;
 al humilde Acto de Amor que engrandece el Alma.

martes, 8 de junio de 2021

Sacrificium...

Los latidos de mi corazón suenan como tambores poderosos recorriendo tu muralla, intuyendo que no tienen otras armas para vencerte, provocando la confusión en tus sentidos y, en mí, el temor a ser conquistado por ese ejército que amenaza batalla con sus timbales. 

Presiento que te agazapas a las puertas de mis instintos mientras mi carne tiembla y mi aliento, como quejidos de lujuria, palpita a la altura de tu cuello. Mis dedos, con mis uñas como anclajes de tu piel, esculpen diez senderos desde tu pecho hasta el borde mismo de tu vientre donde se apuntalan todos los deseos que, ebrios, en pleno fragor, lidian entre sí en una lid donde guerreros y reos se baten a sangre. 

Mi corazón es un espejo: no guarda nada que no refleje. Arrastro mi lengua de nuevo a mis labios. Ahí, sintiendo tu sabor acicalado. Tendrás que pelear por cada gota de mi linaje, abriéndote paso en mis entrañas con cada hilo de tu saliva, con cada empuje de tu aliento, domando al viento indomable de mi cabello, mi furia; hablándole al silencio con cada resorte de tu carne, con cada palpito de tu ser, ganándote ser mi amante o ser, simplemente, mi consentido. 

Concibo sentirme tu siervo cuando estoy a la altura de tu ombligo, rindiéndome al manantial que evoca placer desde el centro de tus pilares, entre tus piernas. Comulgo.... mientras delineo las formas que se abren a mi aliento y al aroma de tu piel erizada, haciéndome temblar, quebrar con avidez, hundirme en la fragancia que me encumbra, que me versa lujuria en el tacto caliente de tus labios que, henchidos, me reclaman prenderme de tu señal más profunda, la que se erige ante la punta de mi lengua... Respiro de ti y marcas mi rostro y toda mi boca hasta el final de mi garganta con tu sabor como territorio de tu propiedad. Arrastro mis labios por tus criptas, lamiendo, y, sin ningún ósculo, pongo toda mi aquiescencia en servir a mi señora. Y rezumo sobre tu sexo antes de morder para demostrar mi amor. 

Y empiezas a desvanecer sin tinta en tus venas. Levito con mis fauces y mi boca ensangrentada de tu cáliz. Es un acto de amor, de entrega total... y un sacrificio en tu nombre…
Un secreto a cuatro manos,
pinceladas de pasión desbordada en letras,
letras que se deslizan sobre los sentidos para dejar prendados a los suspiros.

Charly y yo hemos ido moldeando este texto para vosotros. 

Para mí ha sido un placer poder colaborar, contigo—lo has puesto muy fácil y, así, es como volar— y recrear tecla a tecla un momento que es impronta tanto de  ti como de mí. 
Ello nos ha permitido plasmarlo en simbiosis, palpito y libertad.
De corazón, muchísimas gracias por la oportunidad.

Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.