Se situó detrás de mí. Esta vez sí supe que era él. Reconocí su perfume y me dejé embriagar por él. Noté su cuerpo pegado al mío, más sensación en mi piel que consistencia, pero sí la presión de sus manos a ambos lados de mi cadera.
Subimos a su coche y me acomodé en el asiento. Mientras conducía, a no sé dónde, su mano no se conformó con posarse sobre mi muslo, sino en buscar el surco entre ellas hasta llegar a lo que no esperaba. Aunque intentó disimular no pudo evitar que en su rostro se reflejara la sorpresa. Sonrió con picardía mientras nuestras miradas se encontraban.
- ¡Vaya! No me lo esperaba... Sí que esperaba que no me hicieras caso pero creo que algún día lo harás.
- Igual desistes -ironicé. Él me miró con cierta autoridad, como reclamando la osadía que había tenido al proclamar aquéllo.
- No me conoces lo suficiente.
- Ni tú a mí...
- Tal vez mejor de lo que tú crees. -Y su sonrisa inundó todo el espacio, llenándolo de puro erotismo. Tanto que me estremecí, sintiendo unas tremendas ganas de gritar y de comérmelo en aquel momento. Abrí mis piernas y dejé que su mano se introdujera entre mis labios, percibiendo la humedad que por ellos resbalaba. Rozó mi clítoris.

Se me escapó un gemido al tiempo que el respingo por notar al suave pellizco que las yemas de sus dedos le propinaron. Bajo mi vestido, los pezones erectos marcaban su hinchazón y el canalillo de mis pechos se agitaba perdido entre la delgada línea de aquel escote. Parecía no importante el hecho de estar entre tanta gente, en un carril del centro de la ciudad en hora de auge circulatorio. Y a él parecía importarle todavía menos cuando su mano, con sus dedos preñados de mi jugo, se los llevó a la boca y los lamió, descaradamente, a lo largo de su parte interna... Luego, me los puso a la altura de la mía, rozando mis labios, provocando que la abriera... Dejé que fuera él mismo quien los moviera dentro, percibiendo todo el sabor de mi sexo excitado sin dejar de notar como éste, seguía supurando aquellos jugos de los que mi boca disfrutaba.
Sé que lo que quería es que no me adelantara a sus pensamientos... Pero ¿y si piensa demasiado despacio? ¿Qué problema hay? Tampoco a mí me costaría demasiado dejar que los mostrara y hacerle ver que era espontáneo... Pero eso sí que me resultaba algo más complicado. Así que, mientras él conducía hacia no sé dónde, me acomodé mucho mejor en mi asiento. Me levanté la falda para que no pudiera perderse nada (y yo pudiera abrir más mis piernas). Iba a subir una pierna al salpicadero pero era demasiado evidente, así que apoyé mi pierna derecha en alguna parte y la izquierda, la acerqué, peligrosa, pecaminosa e intencionadamente, hacia él. Mi sexo percibió el cambio de temperatura al separar las piernas y aprecié la sensación de un reptar líquido descendiendo hacia mi ano. Cuando mis dedos llegaron a la zona se empaparon del líquido cremoso de esencia a mujer.
Miré entre sus piernas. Era evidente el juego hinchado de sus huevos y la erección de su polla tirando de la tela del pantalón, luchando por acoplarse, por buscarse un mejor sitio. Podía definirla desde la base hasta la punta.
Me situé apoyando la espalda en la puerta del copiloto para poder posicionarme de tal forma que pudiera tocarlo con uno de mis pies. Continué dejando que mis dedos entraran y salieran intercambiando ritmos suaves y constantes, lentos con aquellos otros de repentina aceleración... Y mi pie llegó a frotarle por encima del pantalón. Estaba duro, tremendamente excitado. Su pecho subía y ascendía en respiración entrecortada. Sus manos permanecían quietas sobre el volante. Las mías, menos paradas que las de él, se entretenían en mi sexo, en mis piernas, en deslizarse sobre mis tetas -lastima que no pudiera sacarlas de debajo del vestido- y en introducir los dedos mojados con sabor a mí, una y otra vez en mi boca.
No sé por dónde fuimos ni sé a dónde llegamos. La puerta de un garaje se abrió. Estaba en la planta calle de un edificio de cuatro plantas. Me chocó que el garaje fuera individual pero no me detuve en esas cuestiones. Estaba lo suficientemente caliente para desear que me follara cuanto antes. Estaba muy húmeda, digamos que casi chorreaba y que me faltaba un "ya" para correrme...
Bajó la persiana del garaje, encendió la luz interior y apagó el contacto del coche. E hizo lo que o esperaba. Se echó sobre mí nada más soltar el volante y fueron sus dedos los que empezaron a entrar y salir de mi coño mientras los míos, con aroma y sustancia, se colaban entre sus cabellos, acercando su cabeza a mi escote, sintiendo su lengua en mi canalillo, como los picaflores cuando buscan el néctar de las flores. Su lengua subía y bajaba por la abertura. Mientras, yo le dí libertad a su polla y ésta me lo agradeció húmedamente, recibiendo una caricia que ligeramente mojó mi mano, lo que me sirvió para lubricarla más, desde la punta hasta los testículos, entreteniéndome con ellos y repetir la operación... Abajo... Arriba...Arriba... Abajo...
Pellizcó mis pezones por encima de la tela, pues la tirantez del escote no le permitía pasar bien la mano. Abrió la puerta del copiloto y me indicó que saliera. Así lo hice, notando como un camino húmedo se abría a lo largo de mis piernas. Me quité el vestido y lo tiré al interior del vehículo mientras él se abría la camisa. Me acerqué al capó. Estaba caliente, tal vez demasiado... Y dí un respingo. Se quitó la chaqueta y la puso sobre el coche sin dejar que me acercara. Sus manos aprisionaron mis tetas, las masajearon con autoridad y decisión antes de sacarlas del sujetador. Mis pezones estaban tan sensibles por la excitación que cualquier caricia parecía dolerme. Si eso fuera poco decidió usarlo de canica. Su dedo corazón se volvió catapulta en su mano y el dedo pulgar le dio la fuerza necesaria para golpear.

Gemí, placer y dolor al mismo tiempo. Mis dientes se apretaron y mi boca se abrió a continuación cuando él, con la mano libre, sujetaba mi rostro con fuerza. Su lengua me penetró con avidez mientras me separaba las piernas con la suya.
¿Qué había que le impidiera hacer lo que quisiera? Me empujó contra el capó del coche. Me vi ahí boca arriba, con las piernas abiertas y los pies apoyados en el guardabarros. Se inclinó y empezó a chuparme con ganas, con toda la sed del mundo. No dudo que algo saciara pues para entonces estaba tan mojada que chorreaba. Con la misma energía con la que chupaba, me levantó para cambiar de postura. Mi situación era de pleno sometimiento. Mi pelo presa de una de sus manos, con la cara pegada al capó, con mi vientre sobre la caliente chapa y mi culo en pompa, como si me fueran a registrar. Me separó de nuevo las piernas, empujando con su pie los míos sobre aquellos tacones. Quería una puta y la tenía a su merced, muriéndose de gusto por que la follaran cuanto antes. Me dio un azote con la mano, de abajo hacia arriba. Pude oír el ruido del chasquido. Me puso en alerta. Sus dedos recorrieron el estrecho canal que separaba mis nalgas. Las apretó, volvió a palmotear ambas y volvió a tocarme el coño para extender mis flujos a modo de lubricante.

Me la metió hasta el fondo, una y otra vez, mientras yo solo me defendía con gemidos que se enfatizaban con algún que otro grito incontrolable. Sí, no soy lo que se dice escandalosa pero me dejo oír en ocasiones... Le acompañé en sus movimientos y me gustaba la sensación de vacío y de plenitud cada vez que la sacaba por entero y la metía de golpe otra vez.
Yo ardía, él se quemaba. Yo quería más... Él intentaba alargar, cuanto más mejor, la tortura que padecíamos y cuando ya notó que me iba a ir, frenó en seco. Juré y maldije con las mejores palabras que conocía. No son muchas pero se hacen sentir.

Me levantó tirando de mi pelo al tiempo que del brazo y me volvió de bruces sobre el capo del vehículo.
Esperaba otra vez algún cachete en mi culo pero no fue así. Me levantó el trasero, lo acarició, resbaló sus manos desde él hasta mis hombros, suave y delicadamente, recreándose; hasta que tomó mis caderas con ambas mano y acercó la suyas hasta que su polla entró directamente en mi desesperado coño. Sus embestidas eran decididas, fuertes, como a mi me gustan: sin contemplaciones. El sonido del choque de nuestras pieles, de la abundancia de mis fluidos empapando su sexo y dilatando el mío... Mis gemidos aumentaron y antes de que se convirtieran en gritos, banda sonora de mi orgasmo, metió los dedos en mi boca y por la reacción de su cuerpo, más intuitivamente que asegurándolo, supe que se iba a correr. Lo hizo al final de la espalda mientras mi corrida prendía sobre el suelo como pocas veces, dejando un charquito en el suelo que caía sin control alguno. Yo no podía pararlo, simplemente mi coño lo dejaba salir.
- Creo que aún sacaré provecho y haré algo de ti -me dijo jadeante al oído, caído sobre mi espalda y apoyados ambos sobre el capo del coche. Yo estaba demasiado extenuada para responder en ese momento. Qadesh había echado su hechizo con aquel guiño. Y una cosa tenía clara: Hoy Pablo no se llevaría mis bragas.







Por favorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!
ResponderEliminarque buenaaa manera de empezarrrr la mañanaa!!!! UEEEEEE!!!!!
Así quitas las penas de golpe!!!!!! y qué "provecho" le sacaremos al día!!!!! je,je
(escribes genial!! me encanta!!)
MUCHOSSS BESOSSSSSSSSS!!!!!
Jajajaja No puedo menos que echarme a reír ante tu gracia. Te me imagino ;-)
ResponderEliminarMuchas gracias por tus palabras. Siempre es bueno que te animen a punto mañana.
Besos de Pecado.
Cuanta intensidad.... Cuanta entrega, cuanta "todo"...
ResponderEliminarBesos.
Caliente e intenso, debo decir que Pablo se ha convertido en mi chico preferido de tu casa.... Esa seguridad que muestra a pesar de que tu no te dejas mandar me encanta!!!!
ResponderEliminarMe quito el sombrero contigo, narras de lujos y consigues trasladarme al lugar, hoy me he sentido en ese garaje... Enhorabuena guapa!!! Es un placer leerte!!
Muchos besinos!!!
Genial entrada,realmente excitante y sensual,realmente muy muy erótico.
ResponderEliminarExcelente blog,pasate por el mio cuando desees.
Un beso
Una historia que me llevo
ResponderEliminara pensar mucho, cargada
de humor y realismo.
Bello..
Un saludo a mucho pecado.
NO EXISTE LAS CASUALIDADES, SOLO EXISTE LO INEVITABLE...
ResponderEliminarMENUDA VISITA A LA EXPOSICIÓN EGIPCIA,,,, PERO LO DE DESPUÉS FUE MUCHO MEJOR.
UN RELATO REALMENTE EXCITANTE, PURO FUEGO.
UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!
Vaya, parece que por fin mi buen amigo Pablo va ganando terreno, pues aunque pudiera parecer que de entrada la iniciativa fuera femenina, está claro quien llevaba la voz cantante en el garaje…
ResponderEliminarOh, sí, sé que me dirá que lady infiel sólo se doblega cuando le interesa, pero el hecho cierto es que, por el motivo que fuera o fuese (estimulación divina o mundana), mi estimado y admirado Pablo ha conseguido de tan excitante dama todo lo que de ella ha deseado…
¿Será esa la nueva tendencia? ¿O viviremos un efecto rebote?
La historia no deja de ganar en posibilidades :-)
Una vez más, toca tener paciencia, y disfrutar de lo vivido hasta el momento.
Yo, de momento, seguiré confiando en Pablo.
PD: Si aún siente deseos de inspirarse en algún personaje egipcio, yo le recomiendo que revise la historia de una tal Cleopatra VII, la Ptolomea. Por lo que cuentan, solía tratar con gran cariño a sus visitantes, haciendo gala de sus artes como felatriz experimentada.
Si necesita referencias, puede pedírselas tanto a Cayo Julio Cesar como a Marco Antonio, y si me apura, hasta a su hermano Ptolomeo XIII.
Una de las grandes mujeres de la historia que tuvo en sus manos, aparte de otros atributos, la dirección del mundo conocido en su época.
Besos desde la mansión, milady.
Espero con impaciencia nuevas historias…
Interesante Cleopatra VII, era tan buena en eso como mandando pese a que la belleza no la acompañase precisamente (esas cosas que tiene la Historia con suposiciones interpuestas). Dejaremos un poco de lado Egipto y nos trasladaremos a otra parte que también tiene sensualidad, erotismo y mucho, mucho que ofrecer. Pero no dude, mi buen amigo D. Sayiid, que todo buena nota siempre de lo que usted me dice...
ResponderEliminarPablo es un tipo estupendo con muy buenas artes... ;-)
Besos de Pecado...
La orden que mas se cumple entre mi pareja y yo es justamente la de las tangas, la mayoria de las veces voy sin ellas, le encanta saber que no llevo nada debajo de la ropa, es su parafilia
ResponderEliminarCreo que por mucho que intenmtes resistirte, acabaras por acatar cada orden que el te de, lo se por experiencia
besitos cielo
Tienes razón pero entre que te la crees y se la haces creer... Está el entretenimiento. Yo "obedezco" pero luego... "exijo".
EliminarBesos, guapa.
Un relato lleno de intensidad y deseo, cada instante es un paso hacia delante en la pasión desbordada.
ResponderEliminarBesos.
Lunna.
Muchas gracias por tus palabras, Lunna. Por cierto, bonito nombre. Pasión es lo que siempre se ha de desbordar.
EliminarBesos de Pecado.
No creerás que lo que me tenía preocupada a mí era el freno de mano xD!!!!!!!
ResponderEliminarLas órdenes/indicaciones... se siguen (o fingen seguirse..... jejeje) por convencimiento, por placer o por conveniencia, y las tres pueden tener resultados tan adversos o indiferentes, como, en este caso, GRATIFICANTES, jeje
Como siempre, mal de mi parte pasar tan temprano (7:58am por aquí xD!!) porque ahora tengo que ir al agua fría, jajajajajja
Si es que no tienes remedio... Eres pecadora por inercia ;-) Mira, para el cuerpo y la mente va muy bien esos cambios bruscos de temperatura... sobre todo si te la buscas.
EliminarBesos de Pecado.