Abrí los ojos con más pena que
gloria y la luz que entraba plena en la habitación me obligó a cerrarlos de
nuevo, a protegerme hundiendo mi rostro en la almohada.
Estaba dolorida y pesada. Una noche loca la tiene cualquiera pero la mía
fue terriblemente especial.
Abracé la almohada. Olía a él. Me envolvió su aroma.
Yo…, yo, también a él, a su sexo, a su esencia… Tenía cada poro de mi
piel impregnado de él.
Tenía agujetas hasta en el alma porque hasta el alma me había follado. Me
desentumecí un poco y mi cuerpo se resintió encima de las sábanas.
Un intenso aroma a café envolvía el ambiente. Y me pregunté si había
dejado que el servicio de habitación me viera desnuda sobre la cama. Me entró
un repentino sentimiento de vergüenza…
Me acerqué hasta la silla donde estaba su ropa. Me gusta tocarla,
sentirla sobre mi cuerpo. Cogí su camisa, con ese olor tan de él, de su
perfume, de su piel… Me embriagué de todo ello, de todo su ser, y sentí que me
abrazaba. Sonreí. Cuando se quitó la camisa lo último que esperaba es que me
fuera a dar aquella noche tan especial. Nacho no suele ser así, aunque en los
últimos tiempos tengo la sensación de que todos los Amos o Dominantes salen del armario para llamar a
mi puerta… Y a mí, me encanta jugar con ellos… A veces, sin saber las
consecuencias de ese juego.
Al pasar frente al gran espejo sobre el taquillón, me alcé sobre mis
puntillas. Me picaban los glúteos. Con razón. Todavía tenía huellas de sus
manos en ellos. Me trató como a una niña a la que azotaban con las manos en el culo por
portarse mal. Lo malo es que yo no me había portado así pero era lo que él
quería que pasase.
Sonreí con cierta picardía. Sarna con gusto no pica aunque mortifica.
Me serví una taza de café y me acerqué al balcón cuyas puertas
permanecían a medio cerrar. Un sol resplandeciente, con alguna nube en el cielo
y la Torre Eiffel al fondo.
París, ciudad de la luz. Ciudad del amor.
Percibí que Nacho se acercaba hasta mí. Noté su pecho pegado a mi
espalda, su beso en mi cuello…
- Siempre te han sentado mis camisas mejor a ti que a mí –me susurró
mientras rozaba el lóbulo de mi oreja.
Sé que antes de llegar se detuvo a observarme, a ver mi cuerpo a trasluz,
mi desnudez perfilada bajo su camisa.
Me abrazó, apoyando su mano bajo mis senos. La otra rozó mi cadera,
despacio hasta tantearme los glúteos. Di un respingo. Me molestaba.
- Todavía me duele el culo…
- Eres una floja. Fueron cuatro palmaditas de nada… -aseguró mientras
bordeaba la cadera para centrarse sobre mi sexo.- Y todavía estás mojada.
Anoche fuiste muy puta. Quiero que lo seas siempre…- prosiguió besándome el
cuello, mordisqueándome. Noté que me estremecía entera, que mi cuerpo temblaba,
que volvía a sentirme húmeda… y solo me había rozado, sin profundizar más, pero
abrí mis piernas cuando sentí sus dedos abriendo mis labios…- No sueltes la taza
–musitó, adentrándose en mí, cerrando sus dedos en torno a mi clítoris que
parecía esperarlo con cierta ansiedad, pues nada más fue tocado, reaccionó.
Abrió la camisa y dejó al descubierto mis pechos… Los buscó, los magreó
suave, despacio…, en busca de la erección de mis pezones. En ellos sentía
todavía la tirantez de la noche anterior, la tortura sufrida por sus dientes,
por sus labios, por sus manos… aquellos tirones, aquellas retorcidas… Aquellos
gemidos que me había provocado; los gritos que me había acallado tapándome la
boca, echándome hacia atrás mientras me empotraba una y otra vez… Y ahora, en este
momento, ahí, con París ante mis ojos, Nacho provocaba mi excitación, hacía que
mi coño empezara a llorar por sus gestos, por él, por las ganas de ser poseída de nuevo…
Costaba mantener la taza en equilibrio. Las piernas me temblaban y las
ganas de aferrarme a él, de poder tocarlo, sentirlo… me turbaba un poco.
Mi respiración se entrecortaba al mismo ritmo que el café retemblaba en su
recipiente.
- Si se te
cae una gota de café, te castigaré… -me dijo con tanta seriedad que casi me
produjo cierto rechazo. Cómo juego no estaba mal pero para tantas órdenes ya
tenía a Tristán, que para capitán ya mandaba bastante. Le protesté.
- ¡Deja de
decir ya tonterías! –Y al tiempo que lo decía, él me dio una palmada en
mi trasero. Entre que no me lo esperaba y que ya andaba con el equilibrio
reducido por la excitación, el café se me desbordó de la taza, cayendo al
suelo. Le miré y quise ponerme en mi sitio. Me quitó la taza de la mano, con
toda la serenidad y parsimonia del
mundo, como si no me estuviera ni oyendo ni escuchando. La dejó sobre el
mueble. Me miró. Por un momento pensé que iba a estamparme una bofetada. Sería
lo último que haría. Su mano sea abrió y me agarró el coño con fuerza, juntando
mis dos labios, levantándome en el aire y haciéndome gritar. Amén de que estaba
resentido de los toques a mano abierta. Me tapó la boca con su mano libre.
- No grites…
Te he avisado.
Supongo que
se dio cuenta de la mirada que le enviaba y aflojó ambas presiones. A cambio,
me hizo caer de rodillas. Desanudó la toalla y la dejó caer el suelo. Su pene
estaba completamente erecto. Ahí, ante mis ojos, a la altura de mi boca. Me di
cuenta de que agarraba fuerte mi pelo para obligarme, luego, a levantar la
cabeza. Se inclinó. Me besó con rotundidad, casi doliendo…
-Abre la
boca –ordenó mientras se ponía erguido.
Obedecí sin
rechistar. No sé. Todo se me venía por inercia hasta notar su polla entera
dentro de mi boca, sintiendo esa arcada que me angustió. Ahí la mantuvo, como
si quisiera meterme hasta los huevos. Sentí que me ahogaba… hasta que empezó a
retirarla levemente. Me dio, ahora sí, una leve bofetada en la mejilla,
mostrándome su dominación o para espabilarme... No era la bofetada que podía
haberme imaginado antes, cuando la taza de café. Me aferré con uñas a sus
muslos, clavé con fuerza y él empezó a embestirme, a follarme la boca… sin
contemplación… Dentro… Fuera…, con rabia, con ganas… hasta que mis lágrimas se
mezclaron con mi saliva… y mi saliva con su leche…
Me la bebí
golosa mientras en mi mente se iba construyendo mi venganza, mi siguiente paso…
Le veía disfrutar…
- Así,
gatita, así me gusta… Mmmm… ¡Dios, qué puta eres!
Tu garganta gimió su ambrosía, se hizo eco de su delirio, se entumió de placer, y quedó afónica ante el orgasmo de su vida. Tu boca fue su paraíso.
ResponderEliminarBesos pecaminosos.
Su boca dominó la situación, la voluntad... Sorprendió a la ternura y se pasó a ese momento en el que, de rodillas, todo se cumple.
ResponderEliminarBesos de Pecado.
París provocando, nunca se equivoca. Esos juegos consentidos... Que tú tan bien relatas, Mag. Fascinas con tu vocabulario erótico y fluido.
ResponderEliminarChapeau!!
Mil besitos de martes para ti, preciosa.
Hola, Aurora. Yo no sé ya qué decirte. Voy a tener que construir una plantilla y hacer un copi-pega :-)
ResponderEliminarEn el otro post, ahí donde me has comentado, te lo he dicho. Veo que he evolucionado tanto personalmente como en la forma de escribir. Me gustaría utilizar otras palabras pero, entiendo que no siempre es posible, pues el texto no las admite, por eso me recreo en la poesía :-)
Mil gracias.
Besos de Pecado.
Dicen que París bien vale una misa..., pero en su caso, mi querida amiga, habría de ser una misa negra, pues de aquí iremos todos al infierno por pecadores y cómplices de vuestras ¿fantasías?
ResponderEliminarNo obstante, he de decir que merecerá la pena, pues sus palabras, una vez más, nos llevan a lugares y situaciones de pura locura, de puro abandono, de entrega y dominación, de consentimiento y miedo, de dulzura y rudeza, de pasión y desenfreno...
Últimamente no se que le pasa a su alter ego, mi querida lady PI, que todos los hombres desean someterla y dominarla... ¿será casualidad? ¿ o un subconsciente travieso y juguetón?
No obstante, visto lo visto, sigo quedándome con mi compadre Tristán.
¿Como habría reaccionado él en esta situación?
Habrá que imaginárselo..., y yo, tengo mucha imaginación...
Feliz velada en París, la ciudad de las luces..., y las sombras.
Besos desde la mansión mi querida amiga...
La verdad, mi querido D. Sayiid, es que yo me hago la misma pregunta. ¿Será que me ven indefensa y con necesidad de protección? Pero no sé, creo que he de enseñar más las uñas :-)
EliminarSea como sea, querido mío, yo tampoco deseo saber por ahora cómo reaccionara Tristán cuando se entere, si es que se entera. No sé qué será mejor porque sea como sea le van a sobrar galones para mandar... y me da a mí que carácter y dotes de mando tiene.
En fin, habrá que esperar...
Besos de Pecado, mi querido D. Sayiid, desde la ciudad de las luces... y si, en este caso, de las sombras...
París, la ciudad de la luz... aunque si luego de tus letras podríamos llamarla la ciudad del Pecado... de la Pasión y la Lujuría...
ResponderEliminarEres una Maestra en este arte... y espero con ansiedad la venganza de Ella...
Tentadores besos.
Buena descripción la que haces Misthyka pero así es la cosa... como el espíritu de quien tiene las letras en su mano...
EliminarNo sé cómo será su venganza pero se afila bien las uñas y no deja de pensar... Va a poner el alma en ello. Te lo aseguro.
Gracias por tus palabras.
Besos de Pecado.
Ya he dicho antes que París es siempre inspirador, más cuando llueve.
ResponderEliminarDulces besos.
Y a mi me encanta la lluvia...
EliminarBesos de Pecado.
Un relato muy intenso. Estremece y excita al leerlo de igual manera.
ResponderEliminarMuchos besos
Muchas gracias. De eso se trata. No de que excite, pues no escribo en ese sentido, pero sí que transmita lo que hago que, en el fondo, no deja de ser también lo que siento.
EliminarBesos de Pecado.
Cierto es Paris la ciudad del amor y la lluvia para mojarse de mil maneras
ResponderEliminarBesos dulces
Por dentro y por fuera... y casi lo menos importante es dónde...
ResponderEliminarBesos de Pecado.
Bueno!!! Me quede con la taza de café en la mano con la ilusión que llegara Nacho y me hiciera derramar un poco...
ResponderEliminarMag, Mag, Mag !! Estimulas mi imaginación ñecaminosa a un grado de que me arremolinó para no perder la compostura, debo escoger bien el momento de leerte porque terminó con unos calores y unos colores que ya tú sabes. Creo que en lugar de ser Fuego seré incendio completo Jajajaja
Besos iré por un poco de hielo
¡Qué loca! Pero bueno, ¿qué miedo hay a incendiarse? El fuego purifica :-)
ResponderEliminarBueno, un Nacho no pero igual otro con otro nombre con fuego apague ese fuego.
Besos de Pecado.