Percibí su mirada atravesando la mía. La sentí como si fuera un puñal narcotizado clavándose en mis adentros. Mi piel comenzó a arder. Una sensación incómoda me asaltó. Por un momento mi cuerpo empezó a temblar, mi respiración se acentuó. La notaba subir desde mi pecho. Más aún cuando avanzó aquellos dos o tres pasos que nos separaban. En cambio, no dejé de mirarle a los ojos. No le retaba pero no iba a bajar la mirada aunque me invadieran la cobardía y las ganas de salir huyendo de allí.
Podía sentir su respiración acariciando mi boca. Su pecho estaba casi pegado al mío. Una fina hoja de papel tal vez pasara entre ambos. No me tocaba. Mis brazos permanecían paralelos a mi cuerpo, pegados a él.
- Eres aun reto para mí… Y lo sabes demasiado bien.
Tenía razón. Lo sé, del mismo modo que sé el efecto que produce en mí su presencia. Y eso, él lo sabe también como yo.
Sus labios se aproximaron más a los míos pero siguió sin tocarme. En cambio, alzada sobre mis tacones, casi pierdo el equilibrio cuando una de sus manos se posó sobre mis nalgas para halarme hacia él. Mi pecho golpeó su cuerpo y sentí la dureza de su sexo pero no moví un ápice de mi cuerpo. Me mostré regia y erguida aunque me faltaba el aire y seguía temblando de excitación. Ya no podía ver su mirada pero podía percibirla. Su respiración era fuerte. Aseguraba su excitación y los efectos que yo producía en él.
Me separó las piernas con la rodilla. La medida justa para que su mano se colara entre mis muslos sin vergüenza, con decisión, como si le diera igual pero sabía bien lo quería, cómo y cuándo: Yo. Entregada. Ahora.
No creo que fuera a sorprenderse si me encontraba mojada pero tal vez sí si no encontrara traba alguna para rozar mi piel.
Sorpréndeme, me había dicho. Y le sorprendí.
Sus dedos rozaron la humedad de mi piel, el pliegue erizado que protegía mi bulbo erecto e introdujo dos lentamente, abriéndolos cuando ya estaban completamente empapados de mí. Respiré hondo. Gemí. Quería beber de su boca pero él puso la barbilla. Me marcó la distancia y la boca mientras un inmenso placer me invadía.
- Sabes que te follaría aquí mismo… como a mí me gusta, como a mí me plazca…
Para entonces ya estaba rendida, entregada, dominada. Me tomó del pelo y tiró de él para que yo me arqueara. Besó mi cuello. Lo mordió… Suave de entrada. Un mordisco más intenso en la base. Otro en el lóbulo de la oreja, tirando de él.
Se apartó y me obligó a mirarle. Su mirada parecía haber cambiado de color y su semblante era serio. Sus dedos no dejaban de usurpar mi interior y de pellizcarlo.
Me sentí morir. Tan húmeda estaba que temí no poder controlar aquella conmoción. Deseaba ser suya en ese momento. Sin espera. Quería que me poseyera…
- Dímelo… Pídelo.
Y no iba a ser dulce la respuesta. No iba a ser un “¡Oh, sí! ¡Hazme tuya! ¡Deseo que me poseas!
¡Noooo!
Fue un rotundo “¡Fóllame!”
Me soltó. Se desabrochó el pantalón y su miembro surgió henchido, grueso, erguido… Me volteó, venciéndome contra la pared. Me levantó la falda y volvió a abrirme las piernas con su rodilla y su pie… Me embistió de golpe. No hubo resistencia. Se quedo quieto. Se inclinó sobre mi espalda, me tomó de la barbilla y me giró la cara para que le mirara…
- Ahora me darás lo que quiero…



Esto ha sido un verdadero florecer del deseo!! Excitante viaje tus letras, deslizándose húmedas por cada comisura de la piel…
ResponderEliminarUn PLACER en mayúsculas…
Bsoss enormes, mi preciosa Mag 😘
Muchísimas gracias. Tenía ganas de volver a escribir relatos aunque todavía me falta coger la carrera de nuevo.
EliminarBesos de Pecado.
¡Extraordinario! Un relato que me deja sin palabras... puro deseo, puro fuego.
ResponderEliminarBesos.
Gracias, Pecados. Estoy pendiente de ir a tu casa. A ver si me animo que ando algo perri últimamente :-)
EliminarY habla, hombre, habla... que tienes mucho que decir.
Besos de Pecado.
Y ahora suelto el aire... Me has dejado... Intenso y magnífico cuadro donde el deseo ya no es dueño de la razón.
ResponderEliminarMe encantó leete, Mag.
Mil besitos preciosa
Y a mí me es muy grato leer lo que dices porque como le he dicho a Gin, no ando yo muy sobrada ahora.
EliminarMillones de gracias :-)
Besos de Pecado, guapa.
Y esa es la mejor y única respuesta que uno quiere oír de quien desea, categórica y sin más.
ResponderEliminarBeso dulce Magda.
Ya sabes... Tú dimea qué quieres y yo te daré lo que me dé la gana... Pero en este casoa, querer, desear y conseguir tienen la misma conjugación.
EliminarMuchas gracias por tus palabras.
Besos de Pecado.
Deseo y pasión en este relato lleno de detalles
ResponderEliminarun placer siempre leerte Magda
Besos dulces
Hola, Slave, bonita.
EliminarGracias a ti por estar un ratito aquí y dedicarme unas palabras.
Besos de Pecado.
Amén. Que así seaa.
ResponderEliminarUn placer leerte siempre.
Un besazo, Magda.
María, el placer es mí al verte pasar por esta Casa.
EliminarBesos de Pecado.
La capacidad de captar lo que siente el otro, puede ser muy útil en la sexualidad.
ResponderEliminarUna mirada tan fuerte, que se captan sus intenciones. El desnudar a una mujer con la mirada antes de desnudarla literalmente.
Y con esa prepotencia consentida, que es la fantasía de esa mujer. Hasta jugando al vampiro.
Besos con agradecimiento por lo que tu relato hace visualizar.
Para mí es grato siempre verte aquí, leer tus palabras y saber que mis letras, en cierto modo, te llegan.
EliminarJugar se juega y de la mejor forma posible.
Besos de Pecado.
Y los relatos han vuelto, con la exquisitez como pluma y toda la pasión y lujuría como tinta. Excelente es poco querida amiga.
ResponderEliminarBesinos muchos.
Así es Ya tenía yo ganas. Todo cansa y hay que tomar distancia. Espero seguir en progresión y relativizar y relatar :-)
ResponderEliminarMuchas gracias.
Besos de Pecado :-)
me ha encantado leerte
ResponderEliminarMuchas gracias. Re-bienvenida a esta Casa.
EliminarPasa un bonito finde.
Besos de Pecado :-)
Difícil de leer sin vivir ese viaje entre tus muslos
ResponderEliminar