Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El primer segundo paso (I)...

No voy a entrar en detalles de cómo nos conocimos ni qué hicimos para que resultara la historia así. Ni siquiera me planteo el por qué. Los caminos del Señor son inescrutables. Los de la Carne hay que vivirlos. A veces se suma un poco de sentimiento y un nada de sentido. Pero nos sobraban ganas y motivos. Así, que aquel encuentro fue un punto de inflexión entre nosotros.

Me dijo algo especial. Algo que no me había dicho antes. Algo que percibí muy dentro de mí. Tal vez no hubieran sido solo las palabras sino, también, todo lo que antes había ido aconteciendo. Eso que no sabíamos cómo definir. Algo solo nuestro. Toda la velada había sido espectacular. Podría decir que exquisita. Cuando llegamos a su casa me sentía cansada pero, al tiempo, muy excitada y motivada por nuestro encuentro. Tan deseado desde hacía tiempo.

- Espérame aquí. Ponte cómoda. No tardo nada –me dijo una vez en la biblioteca. Ese espacio de la plata sótano, encaramado en estanterías repletas de libros de diversas material, todas muy interesantes. Arte, diseño, lectura histórica…, biografías…, una impresionante alfombra cubriendo el suelo y un amplio sofá. Algunos cuadros y un rincón de lectura junto a una zona de despacho. 

Sentí una presión en el pecho. Ese nerviosismo que no siempre se sabe cómo gestionar. Observé todo con atención. Buscando los detalles. Me producía cierta curiosidad saber dónde guardaba sus juguetes. No miré pero intuí. 
Bordeé la mesa. Perfectamente ordenada. Observé los libros. Hubo un par que me llamaron la atención y tomé uno de ellos. Con él en la mano me sorprendió porque no reaccioné de forma brusca para dejarlo en su sitio cuando regresó. Se había quitado la americana y el chaleco. La camisa negra Le hacía perfecto, y las gafas, un aspecto interesante. 
Dos copas y una botella de vino. 

Dejé el libro en su sitio y aguardé sin moverme. Abrió la botella cuidadosamente. Parecía un ritual. Sirvió un tercio de las copas y me ofreció una. 

- Deberíamos brindar… por esta noche especial, ¿no crees? 
- Me parece perfecto –sonreí. Su mirada era una daga directa a mis intenciones pero no por ello me cohibí. Simplemente clavé la mía en la de Él. Bebimos mirándonos. Mi corazón latía fuertemente y aprecié, al dejar la copa sobre la mesa, una erección visible marcando el pantalón. 

Su mano derecha se apoyó en mi cadera. Lentamente, la fue subiendo por el costado hasta situarse a mitad de la espalda. La otra, fue directamente a mi mentón. Volvimos a mirarnos. Sonreí tímidamente descendiendo la vista por su nariz, sus labios, recorriéndolos, su mentón… Y apoyé la mía en su mejilla. Mis dedos acariciaron su barba y los perdí sobre su nuca mientras su pulgar recorría mis labios, dibujándolos, abriendo mi boca. Lamí la yema de ese dedo. Él respiró hondo, emitiendo un sonido ronco. Me apretó contra Él. Me sentí pequeña entre sus brazos. Inmensa en sus deseos. Me giró y me tomó desde atrás, como quien desea sorprender. Solo puede cerrar los ojos y percibir su aliento como una llama... de deseo.


Nuestras bocas se unieron en aquel beso. Nuestros besos nos devoran la boca, nos laceran los labios…. Las lenguas hurgan e invaden todos los húmedos espacios, la oscuridad lagrimosa de saliva.

Nuestras respiraciones comenzaron esa sinfonía in crescendo. Mis manos quedas en su nuca, enredando los dedos entre su cabello. Las suyas, prendiéndome la ropa, erizando la piel que iba descubriendo hasta que una se perdió entre mis muslos. No me importaba que notara la humedad que su presencia ocasionaba en mí, el deseo que se hilaba entre la henchidura de mis labios… No me importaba que mis gemidos cubrieran su silencio ni que callaran los deseos de Su Voluntad ni que estuviera desatando todos mis demonios… porque con ellos, enloquecerían los suyos. No me importaba nada más que sentir sus ganas colmando las mías.


Magreó mis nalgas, arañándolas con las yemas de los dedos, como garfios de carne separándolas. Notaba cómo tiraba la piel, como mi sexo se contraía al tiempo que se empapaba más, como en mi mente se dibujaba la escena de sus dedos invadiendo los estrechos cauces entre mi trasero. 
Pero no. Bajó mis braguitas, dejándolas a mitad del muslo, y me giró enérgicamente, dejándome de bruces contra la mesa y con la falda de mi vestido levantada; con la mejilla pegada al tablero, con mis pechos aplastados… y mis piernas abiertas por el movimiento de su pierna hasta el límite de mis bragas. La presión de su mano en mi nuca me impedía cualquier movimiento de cabeza. Noté ligeramente su pecho inclinado sobre mí, el roce de su barba en mi mejilla, sus labios acariciando mi oreja…

- Sabes cuánto espero de ti, ¿verdad? –me susurró. Aún así, el sonido era ronco.- Y que jamás te haría daño. No puedes cuestionarme aunque sé que lo harás pero eres suficientemente inteligente para guardar silencio. -Mis latidos se contrajeron. Me dolió el pecho.- Tu cabecita me vuelve loco…, y lo sabes… Logras intuirme, adelantarte a mis deseos y pensamientos… -Pareció concluir al rozarme el lóbulo con los dientes, mas prosiguió. En aquella postura, a su merced, iba a recibir el discurso que ya sabía y que nunca había necesitado decir. Intuí que se trataba de una especie de “eres mía y voy a hacer contigo lo que jamás nadie ha hecho y te sentirás como con nadie te has sentido. Prepárate.” 

Mi pulso se aceleró. No sé si estaba realmente preparada pero había llegado hasta allí. No iba ahora a acobardarme. Por alguna razón el sentido era mutuo y, sobre todas las cosas, el límite lo pondría yo porque Él solo podía aceptar lo que Le fuera ofrecido. Yo, a cambio, recibiría lo que necesitaba, incluso aquello que ni imaginaba que precisaba. Como un buen publicista, crearía necesidades en mí. Pero yo… yo también podría crearlas en Él, empezando por mí misma. 
No podía temblar pero era incapaz de detener aquella emoción que me embriagaba de pies y a cabeza y que me impedía, incluso, pensar con claridad. Imagino que se trataba de eso. El tiempo pareció detenerse en ese preciso instante. 

Seguirá...

12 comentarios:

  1. Huelga decir que me encanta cómo lo has narrado y cómo has hecho que en ese escenario disfrute de la imagen retratada ...
    Hay carnes que se llaman por su propio nombre.
    Te dejo mi gran admiración mi querida Mag.

    Mil besitos para tu tarde de domingo, preciosa.

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    1. Y carnes que se reconocen en el susurro de otra.

      Mil gracias siempre, con azoramiento evidente.
      Besos de Pecado.

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  2. uhh,el clima arde! a ver cómo sigue, porque esta primera parte promete un desarrollo caliente y sensual.
    Me encanta!

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    1. El clima no sé :-) Pero entrañas y la mente, hierven.

      Beso de Pecado y gracias por pasarte.

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  3. He notado en tus relatos, que combinas el erotismo, la sensualidad, con cierto protocolo, como cierta formalidad en la seducción, en el sexo.
    Como también noto cierta brusquedad, cierto juego de someter a una mujer, como un juego de seducción. Que sería violento de no ser algo consentido
    Y sigue más, que intenso debe ser lo que sigue.

    Besos pecaminosos

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    1. Soy por norma general muy protocolaria..., muy de formas y de modos... y en relatos como estos, donde hay dominación y sumisión más evidente, requiero de ello para poder transmitirlo y alejarme de lo casual, de lo explícito, recrearme en el sentimiento...

      Besos de Pecado... a esos besos :-)

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  4. Muy buen relato, que tiene los ingredientes necesarios para mantener la atención y no caer meramente en lo descriptivo, sino ofrecer la parte psicológica que lleva un poco más allá. Te felicito.

    Beso dulce Magda y dulce semana.

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    1. Eso es lo que me gusta. No meterme en lo típico, que lo hago y lo sabes, pero en estos retos, en estas historias más protocolarias, me gusta llevar un ritmo más ritual... y en ello disfruto.

      Mil gracias.
      Besos de Pecado.

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  5. Tienes el don de dar vida a cada escena y, más allá, en ese recorrido de la mente que hace despertar el sentido y el instinto…

    Un verdadero placer… y, en ardiente y deseosa espera, del desenlace…

    Bsoss y cariños enormes, mi preciosa amiga, y muy feliz inicio de semana 😘

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    1. "... despertar el sentido y el instinto..." Eso es clave y me gusta que lo resaltes, sobre todo viniendo de ti que lo comprendes perfectamente.
      Espero no defraudar :-)

      Agradecida y Besos de Pecado.

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  6. Si de mi perversión velo la importancia, y en cada ocasión conservo el semblante adusto,
    tú siempre pareces saber cuál es el vicio que me inflama y me persigue...
    Precioso y sensual ese saber tuyo, je je..

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  7. Edmon... tus comentarios no me son indiferentes. Siempre hay un mensaje subliminal que capto a la primera... y bueno, mi saber no ocupa lugar :-) :-)

    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.