Inmaculada y cerúlea el alma que,
candente,
espera su agua.
Fiel el destino que embiste
desde las manos de Tus Demonios
y la Gracia de Tus Ángeles,
con el valor de la Entrega postrada a Tus Pies,
con el gemido eterno del último quejido,
enhebrado como hilo de espuma
en los bodoques de mi garganta.
Acantilados purpúreos en los vórtices de mi piel,
en las aristas de mi cuerpo,
egregios los sentidos que me elevan
a la bendición de Tu Dogma.
De Tu Calma consagrada a esta ventura.
Mujer de Tu Sino.
Oratoria de Tu Carne.
Sea en Ti, Mi Señor,
la redención de mi Ser.

La calma que reclama encender el deseo... invocando a los pies de quien sabe escuchar el vocablo de la carne.
ResponderEliminarImpecable, Mag!!
Mil besitos de admiraración y feliz tarde ♥
Qué maravilla de versos. Realmente es una gozada leerte.
ResponderEliminarUn besazo!
Y la redención se cocreta cuando la carne y el alma se rinden a los sagrado.
ResponderEliminarBeso dulce Magda.
Sólo puedo que decir Amén !! puro deleite siempre
ResponderEliminarBesos grandes y feliz dia Mag
Mil gracias siempre por vuestra presencia que me halaga y enorgullece.
ResponderEliminarSiempre estáis y valoráis mis palabras.
Besos de Pecado.