miércoles, 26 de marzo de 2014

Sedúceme...


La seducción es el acto de seducir, de inducir y persuadir a alguien con el fin de modificar su opinión o hacerle adoptar un determinado comportamiento según la voluntad del que seduce. Aunque suele emplearse para referirse a intentos de conseguir interacciones de tipo sexual, se emplea también en español para referirse a intentos de atraer, físicamente o a una opinión. 
El término puede tener una connotación positiva o negativa, según se considere mayor o menor cantidad de engaño incluido en la acción. 
Etimológicamente, "seducir" proviene del latín seductio, (acción de apartar). Y según el DRAE, en su primer acepción, seducir es "engañar con arte y maña", aunque al tratarse de un término tan emocional cada autor ha acuñado su propio término. Recientemente el escritor Arthur Love se ha referido a la seducción como "el arte de hacer feliz a la mujer". Como dijo Erich Fromm, también requiere arte y esfuerzo. 
Así, pues... Engáñame y hazme feliz...
Fuente: Wikipedia.

sábado, 22 de marzo de 2014

La Fantasía de Lucas...

¿Por qué no atender su fantasía? Si a él le apetecía afeitarme el coño, por qué no dejarle... Al fin y al cabo, era algo que me podía satisfacer también a mí. Por un momento me acordé de aquella película erótica de Bigas Luna, "Las edades de Lulú", obra original de Almudena Grandes, en la que la protagonista se deja depilar el coño. Una salvedad, ella es una niña sumisa que se pierde en los deseos de él. Yo, le dejo cumplir sus deseos pareciendo sumisa.
Me dejé hacer. Dejé que me desnudara con total delicadeza, besando mi piel conforme la iba descubriendo, dejándome tan solo con mis medias de medio muslo. Y se detuvo, como un maestro ante un boceto, a estudiar mi sexo, a distraerse entre los vellos que lo cubrían, a deslizar su mano abierta sobre mi pubis...
Extendió una toalla sobre la mesa, alcanzó un cuenco con agua tibia, la crema de afeitar, una barra de jabón y su brocha... una tijera y una navaja con un paquete de cuchillas nuevas...

- ¿A dónde vas con tanta parafernalia?
- Tú déjame hacer que sé lo que me hago -aseguró-. Me gusta comer un coño bien rasurado.
- ¡Te habrás quejado de mi, acaso! -protesté. Sabía que no me iba a quedar callada.
- El tuyo me pierde, bonita.

Lucas separó mis piernas, me las flexionó ligeramente y me dejó así. Retrocedió unos pasos y lo vi delante de mí con la cámara en la mano.

- ¿Qué vas a hacer? -le pregunté extrañada, incorporándome un poco
- Ssshh... no te muevas. Voy a hacerte una foto.
- ¿Estás tonto?
- No. Quiero que veamos el antes y el después...
- ¡Tú estás agilipollado! -Y se echó a reír sin abandonar su intención. En el fondo, qué podía pasar, ¡que se la enseñara a Nacho como aquél que no quiere la cosa y con algo se suerte no reconociera el coño de su mujer...! No me iba a poner a pensar.
- Te lo voy a dejar como el de una nena... A Nacho le va a gustar... -dijo ayudándome a incorporarme un poco, dándome instrucciones de cómo quería que me supiera para hacer aquella foto. Quería mi coño encuadrado entre los dedos índices y pulgares de mis manos.
- ¡No sabía que fueras tan cabrón! -Él se carcajeó pero lo hizo de tal manera que me temblaron todos los cimientos.
Luego, me sirvió una copa, brindamos, nos besamos y empezó su cometido, tomando una instantánea conforme avanzaba el proceso.

domingo, 16 de marzo de 2014

Polvo y final...

Había llegado ya el último día. Y éste había salido estupendo. El mejor de todos los que llevaba ahí y decidí bajar a la playa para tomar un poco el sol. Cierto era que no había mucha gente. Un par de señoras mayores que paseaban junto a la orilla y unas más jóvenes tomando el sol un poco más allá. 
La cala era pequeñita, agreste y salvaje; pequeña porción de arena y un agua impecablemente transparente que dejaba ver los bancos de pequeñas rocas que quedaban bajo ella. 
Esa mañana estaba sola. Jose tenía otras cosas que hacer pero aún recordaba, entre las líneas del libro que estaba leyendo, sus jadeos y embestidas de la noche anterior. Se supone que yo había venido para descansar, para tomarme un respiro pero, en realidad, increíblemente, había llegado para follar como una loca con un desconocido, con alguien con quien, a toda seguridad, no volvería a ver en mi vida.
Anduve por la orilla, me dí unos cuantos baños a pesar de que el agua todavía no estaba muy apetecible pero el sol picaba y, en cierto modo, se agradecía. Subí al chiringuito a comer y me fui a la habitación a darme una ducha. Cierto era que no sabía muy bien qué iba a hacer aquellas últimas horas. Dejé la habitación en penumbra y me tumbé sobre la cama. Leí los mensajes que tenía en el móvil. Un par de Nacho y el doble de Lucas. Verdaderamente, no estoy siendo demasiado justa con Lucas en los últimos tiempos. Sí, me gusta. Es un tipo genial. Es un buen amigo. Folla de vicio pero... Es demasiado complicado para mí. A pesar de ello, caigo y caigo siempre. Decidí llamarle aunque no estaba segura de ser una buena idea. Me lo cogió a la primera. No se oía nada de fondo, salvo el paso de algún coche.

- Hola, cielo -me dijo con un tono de lo más tierno. Me sonreí y pasados las cuatro primeras frases hablando de lo más intrascendente del mundo; de esas cosas que no llevan a ninguna parte pero rellenar el espacio-. Te echo de menos. Tengo ganas de follarte. Me tienes muy olvidado últimamente.
- ¿Tú crees?
- Yo sé -aseguró-. Eres como una gata mala. Juegas, te cansas, me das el zarpazo y te vas... Yo me quedo con las marcas y con las ganas... -Me eché a reír pero tenía mucha razón.
- ¿Dónde estás?
- En el despacho. Tengo muchas cosas que hacer. Se han ido todos a comer pero yo me he quedado para preparar unas cosas. He comido aquí.
- ¿Y el postre?
- No lo tenía pensado... pero, tal vez... a ti se te pueda ocurrir algo -insinuó-. ¿Dónde estás tú?
- En la cama... Medio a oscuras...
- ¿Desnuda?
- Completamente desnuda -acentué, sintiendo como mi coño lubricaba con la sola idea de la tentación y del saber qué iba a suceder a poco que me dejara. De mi boca salía esa sonrisa pícara que se sabe de un éxito previo y seguro.

Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.