Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


martes, 13 de octubre de 2015

Hembra...

Aquí me tienes… como tú quieres: 
Hembra
Me quieres Libre y Mía pero de Mí para Ti, de Tu Ser en mi ser.
Tú eres quien derriba muros,
el que extingue las palabras:
las que deben salir de mi boca y las que salen de tu mirada.
Mirada que azota mi voluntad, impregna mi sexo y unge mi imaginación
en el silencio de esta estancia,
bajo el paño que todo lo cubre, 
como una oración sin dios.

Y mi piel grita, sin claudicar, las caricias que no ha sentido,
las palabras que no se han dicho.
Me castigas a silencios,
latigazos que rasgan el tiempo,
mordazas que acallan mi espera,
fusta que vuela y cruje la fe...

Reclamas mi atención… Si Tú, tan dueño como esclavo,
pues sin tu voluntad en Mí y sin serte entregada por Mí…

Hombre a mis pies…



lunes, 5 de octubre de 2015

Shibari...

Sea en ti mi paciencia y en ella nuestro goce.
Poesía de tu carne dibujada en mis dedos, fijos y alargados,
que hacen filigranas en cada vuelta de cordel,
en mis manos, arañas maestras que afinan sigilosas ,
que tejen redes atrapando tu cuerpo
desde los índices de tus pies
al sonido gutural de tu garganta...
Y a una palabra tuya, mil silencios le seguirán...
encordados en tu piel culminando mi placer, 
mi dominio en ti... en amor, respeto y confianza.
Destreza, mil hilos sin nudos, soga de placer...
el mío... delirio el tuyo, a mi voluntad...
enalteciendo tu cuerpo, dándole más forma a tu libertad en mí,
a mis deseos de hacerte a mí...
Lazos que nos unen, que me son, que te son...
Y en esos nudos, en esas espirales de cuerdas
tú y yo, libres...
Libertad la de ser atado.
Libertad la de atar.
(Yo,)


Noto las cuerdas como se aprietan, 
y con placer me dejo a ti, 
se que tú sabes que así me gusta, 
que tú me ates me sienta bien. 

Por cada beso se aprieta un nudo, 
en cada abrazo un lazo más, 
cierro mis ojos porque no dudo, 
y a ti me entrego, me dejo amar. 

Sabes que quiero estar a ti atado, 
y que no quiero soltarme jamas, 
te seguiría a ojos vendados, 
porque a tu lado aprendí a volar. 

Cuerda de perlas son tus abrazos, 
y tus cerezas son mi pasión, 
lazo de oro es tu regazo, 
dame Shibari el corazón. 

Amarra mi alma, anuda mi cuerpo 
que nada corte mi unión a ti. 
rompe cuchillos y funde hierro. 
que ningún filo me aleje de ti. 
Letra de una canción de Lujuria.

Ushiro
Hishi
Matanawa
Tazurki
Tsuri
Gote Gasshou

sábado, 3 de octubre de 2015

Dice que Le pertenezco...

He estado sola todo el fin de semana. Sin descontar que se alarga con el miércoles, el jueves y el viernes... Ni ganas de follar he tenido pero los deseos los tengo todos. Las ganas multiplicadas por mil.
Nacho, de viaje en el extranjero: “Tenemos problemas con la mercancía. He de ir al consulado a primera hora para ver si soluciono el tema de las patentes ahí”.  Este comentario me hizo recordar de pronto al "macho alfa" del que jamás supe nada más. Mucho tiempo ha pasado.
Las llamadas de mi marido me hacen sonreír y la de cada noche compensa la ausencia del día.

Tristán, de prácticas. Eso sí, también se hace presente y sabe qué decir en cada mensaje para tenerme alerta para el siguiente: “… Tienes que aprender a quién perteneces…”. Y así había sido a lo largo del día, en la medida en que podía.


- “¿Estás preparada, perrita? Voy a subirme al reactor. No te veré hasta mañana pero quiero tu corrida a primera hora, ¿me has entendido, mi pequeña putita? Siente la presencia de Tu Señor aún desde lejos… Me colaré entre los resquicios de tu mente y haré de ti lo que yo desee… Al despertar, me rendirás cuentas… Sentirás en ti mi presencia…”
“Recibe mi beso y descansa… “
“Sshhhh…. Mi dulce puta…”

¡Dios! Qué decir tiene que me estremecí entera. Sentí su voz susurrando en mi oído, con esa delicadeza que tiene al mandar... que manda como sin hacerlo, que se cuela en mi mente... La sensación de su presencia me subyugaba y parecía que a un chasquido de sus dedos yo reaccionaba como él desea.

Abrí el armario ropero de par en par y me miré en los espejos que hay en el interior de las hojas. Me cambié de ropa. Me quité la camiseta y el pantalón de pijama y me puse aquel camisón corto y de encaje que Nacho me había comprado unas semanas antes... Me siento especial atractiva con esa prenda. Muy provocativa y, si me apuro, muy puta.



Pasé mis manos por mis muslos, en sentido ascendente, por encima de la zona de mi sexo hasta mis pechos, donde mis pezones ya despuntaban, y entre mis piernas podía sentir cierta humedad, cierto cosquilleo, incluso podría decir que estaba bastante mojada.
Tenía tantas ganas de un hombre, de él... de sentir su fuerza, sus garras...

Me di la vuelta. Levanté mi culo. Pasé las manos, subiendo la falda del camisón... Me di dos manotazos..., pensando en él...

No me gusta llamarlo "Mí Señor", a pesar de que reconozco que es un "título" que le va como anillo al dedo. No, no soy tan suya.. O tal vez, sí pero no... todavía no... Él se ríe pero sé que me lo consiente con la boca pequeña. Me conoce y sabe que siempre seré rebelde por naturaleza y no hay mayor reto para él que someterme, moldearme a su antojo, hacer de mí lo que quiera, tenerme a sus pies, a su ganas, a su antojo a cualquier hora del día y de la noche... con las limitaciones obvias que tengo en mi vida y él tiene en la suya.

Me tumbé en la cama...
Por la mañana, al despertar, sabía que tendría un mensaje de él:

- Buenos días, mi putita. ¿Has dormido bien? ¿Ha sentido a Tu Señor? Quiero saber cómo lo has sentido... Mi beso...

Así que me tomé mi tiempo para responderle.  Me quedé mirando la lluvia tras el cristal mientras el café se tibiaba. 
No voy a correr detrás de él jamás.... Creo.

Muy buenos días, Mi Señor:

Ha amanecido lloviendo. Me gusta la lluvia y el fresquito se ha colado por mi ventana, trayéndome una paz increíble. Además, vengo con las ganas cogidas de la noche...
Me tumbé desnuda en mi cama, mirando hacia la ventana. Las sombras se dibujaban en las paredes y la cortina, blanca, se movía tímidamente.

Mis manos se posaron sobre mis grandes y blancos pechos, buscando enaltecer mis pezones, erectos con tan solo pensar en Ti. Los tomé entre la uve que forman mis dedos índices y corazón, y empecé a acariciarlos para excitarlos más... Durante unos segundos me recreé en ello, mientras me venían unas incipientes ganas y un calor intenso y húmedo entre mis piernas, en el vértice oscuro de mi sexo... 

Descendí una mano, recorriendo mi estómago y mi pubis.... Me distraje unos instantes en acariciar mi vello antes de llegar a mis labios, secos por fuera pero intensamente mojados y cremosos en el interior...
Acaricié mi clítoris, pequeño todavía pero ya ansioso de ser acariciado, devorado y comido... por una boca hambrienta y lacerado por una lengua ávida de su sabor...
Lentamente, entre mis caricias, tus caricias, mi sexo fue despertando; mi clítoris fue aumentando en tamaño y dureza, mientras la otra mano torturaba uno de mis pezones, pellizcándolo, tirando y retorciendo ligeramente... sintiendo ese punto donde el dolor se mezcla con placer...
Mi respiración acrecentaba al tiempo que mis ganas de ser poseída... Mis dedos, dos entraron en mi coño, haciéndose paso, abriéndose en uve y girando sin dejar de moverlos; Entrar y salir....

Abrí mis piernas. Le di una palmada a mi húmedo coño... Otra... Las abrí más... Volví a que mis dedos lo usurparan, mientras con la otra mano acariciaba mi clítoris, dándole caricias fuertes e intensas, haciendo círculos, presionando, cogiéndolo entre las yemas de mis dedos...

Más... 
Chop... Chop...
Más... 
Chop... Chop...

Ese sonido, como banda sonora, de mis jugos en los dedos…, penetrando hasta el fondo, hasta donde ya no podía más.
Más se crecía el sonido, más crecía la humedad...
Más crecía la humedad, más excitada estaba...

Más ganas de ser poseída, mordiéndome los labios, ahogando en silencio mis ganas de gemir, de gritar... Hasta que en ese momento, mi mano se lleno de mí, con toda plenitud... y mi esencia se expandió sobre la sábana... nombrándote en mis silencios...

Me corrí para ti...Por ti.


Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.