Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


miércoles, 17 de noviembre de 2021

Delirium...


Siento tu aliento cortando la piel de mi nuca, horadando cada uno de los poros y llegando a mi mente donde traquetea como un antiguo tren sobre las traviesas de madera... Cruje, ahí, extendiéndose por la sangre de mis venas, palpitando entre mis esencias... mientras me veo reflejada ante ese espejo, escoltada por tu cuerpo, amarrada desde mi norte a mi sur por las garras de un deseo que no controlo.

Tus manos se aferran a mí, buceando en mis frentes, desde mi pecho, latidos de deseo encarnados, hasta el centro de mi caderas donde los muslos se abren como brazos de ancla. Tus manos..., en mi torso, erizado como la cresta de un ofidio alado, pues alas me das cuando atraviesas todos mis instintos, cuando yergues y ensoberbeces mi cuerpo, provocando en mí, ululatos de este gozo de sentirte en mis adentros. 


Tu boca se hace áspid reptando hasta mi yugular. Bebes mis pulsos y me derramas en más, en pulsiones carnosas que te renombran en cada embestida de tus dedos, en el aliento de cada uno de ellos hendiendo mis pliegues y provocando una oleada de tibios efluvios de intensa fragancia que agoniza en tu sed.

Los sonidos reverberan en tu garganta y surgen como rugidos desde el averno de la bestia. Y te prevengo de esos estremecimientos cuando me abitas con tanto fuego, tan salvaje que pierdo los fundamentos de mi cordura al saber que ya nada puede detenerte, ni yo misma, en la fricción de nuestras entrañas. Te sublevas y escupes desde lo más hondo hasta el bosque que cubre mi monte henchido que frunces en tu mano, estrujándolo en un abismo de pieles.

Te reflejas en mi rostro, en mis ojos, en mis convulsiones y maldiciones. En mí cuerpo retorcido de placer, exudado de un deseo complacido. En cada uno de los gemidos que aspiras. Y en pleno delirio transgredo esta piel que me arropa abriéndome en canal para que me habites y hagas áncora en mí  siendo el cenit de este momento el grito callado que lacran nuestros labios en el penúltimo aliento y el estigma níveo que sella el silencio mutado de nuestras carnes.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Impiedad...

Yo, mar gallardo, 
encubro espuma al abrigo de tu bravura: 
Mil caballos encabritados marcados a fuego,
a la impiedad de esta conflagración de tu cuerpo pertrechado sobre el mío.

Vuelo rasante 
de tus labios en las coronas de mi piel 
endurecidas como rocas al dulce martirio de tus dedos,
efervescentes al clamor de un suspiro que se hace eco.

Exhalo placer extremo cuando te fijas entre mis piernas 
cual estribos que arrostran tus asaltos.
Mis manos, arañas.
Mis dedos, esdrújulas.
Mis uñas, alambres que se anclan en tu piel
arrastrando hacía mí los impulsos que nos devoran. 

Y emerges tú, furia rusiente que vuela sobre mis verticales,
para fortificarte entre mis adentros.
 E inanes tus credos porque de tus hálitos, 
exabruptos a capricho, 
huyen los deseos de Hombre clamados en nombre de Mujer. 


miércoles, 20 de octubre de 2021

Abisales...


Soy áncora en los bancales de tus arenales, 
sin deriva a los embates de tus mareas.
Amarras mis brazos por los pulsos
y nacen eslabones fundidos en salitre de tu boca enclavada en la mía, 
latidos batientes como danza de algas que se enredan y se aclaran
en este hábito de sentires, en este fuego de lavas, en este azul universo... 
en este mar dulce donde llueven lágrimas de sal por el placer de fundirnos, 
por el deseo sin contener, por el sentimiento desbordado... 

Y me atrapas en estas lindes 
de entrega indulgente entre farallones de miradas, 
entre mordientes de besos robados al aliento,
y preces húmedas que imploran las entrañas mientras arañan las pieles. 

Morimos pleamar en plenilunio,
insondables de espuma blanca y calma trémula.


Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.