martes, 1 de septiembre de 2026

Genuflectio


No elevo plegarias.

Es mi cuerpo,
volcado de Pecado,
el que se inclina
y aprende
a pronunciarTe
en silencio cuajado.

Y no desde la fe,
sino desde esta forma honda
de reconocer
lo que en mí
ya Te pertenecía.

He aquí en Mi Carne
una memoria tallada,
un pulso que no se nombra
y, sin embargo,
sabe
— lo sé.

Conoce del gesto
antes de ocurrir,
del descenso lento
hacia un lugar
donde ya no hay resistencia,
solo apertura:

un canto níveo de sin soledad.

Y en esa apertura,
algo se quiebra —dulce—
no como caída,
sino como Entrega.

Mi oración no se dice.

Se arrodilla
en esta forma mía
de ofrecerme
sin palabra,
sin absolución,
sin regreso.

Porque no busco redimir el fuego.

Lo habito.

Y es ahí,
en el temblor exacto
de lo que se da

donde ardo —redimida—
en Ti,
en esta forma mía
de entregarMe.


martes, 18 de agosto de 2026

Heme


He aquí, 
mis pies fraguados en las cenizas que dejan Tus Huellas. 
He aquí, mi silencio balbuceando entre mis labios. 
Y mis ojos, bañados de dulce sal, 
solo ven esta verdad que me habla de Ti. 

Tu Boca. 
Tus Dedos. 
Tus palabras insinuadas, retenidas, no dichas. 

Respiro, en el palpito que me mece, 
en la holgura de estas hebras trenzadas que me unen a Ti. 
Bailo, en el ósculo caduco de esta efímera eternidad: 
 —de piel, de hueso. 

Saliva y sudor. 
Temblor y Placer. 
Pecado. 

Me llega el eco de Tus Pasos, 
en una ausencia que es Presencia. 
Y es el Verbo conjugado entre mis plegarias silentes, 
y la letanía de mi piel clamando Tu Tacto, 
quienes baten esta espera, esta Mi Entrega. 

Habla cada retazo de mi Carne con sus estigmas, 
cada verso roto en mi aliento, 
desde el fondo de la garganta, 
cada suspiro elevado sobre el Deseo 
que me quema y me hace astillas. 

Heme aquí,
rendida,
(r)entregada, 
santificada sobre la faz de Tu Voluntad. 
Heme aquí, Mi Señor,
como llanura de Tu Lecho, 
como fuego penitente de caricias 

 —Tuyas— 

redimida desde el hervor que nace en el abismo de mis entrañas, 
caudal que se vence sobre Tu Boca, 
que se rinde sobre Tu propio pedestal. 

Heme aquí, 
como quien Soy: 
La Hembra que se da, 
la que se halla. 
La que se Es. 

Plena. 
Reverente. 
En la Cruz de Tu Carne. 
Digna… 
y tallada.


jueves, 17 de abril de 2025

La Carne Recobrada...

o Espina de Luna

La Magdalena arrepentida / Jean Michel Rousvoal

Olvidé tu palabra, 
como una estaca clavada en el alma. 
Reviví la carne, como la esencia perdida en el cruce de mis pilares, 
como el grito callado que se ahoga en la garganta
cuando el silencio tiembla en el abismo de mis entrañas... 
siendo ser.

Y fui raíz desnuda,
latiendo en la sombra de tu boca no dicha,
espina de luna,
sangrando versos en la médula del deseo.

Tu ausencia,
vestida de lirio negro,
me rozó los bordes
con dedos de fuego antiguo,
y se quebró mi nombre
bajo el peso húmedo de tu sombra.

Se hizo carne la noche
entre los huesos del sueño,
y mi vientre —tierra herida—
brotó jazmines oscuros
al recuerdo tibio
de tu voz detenida.

No supe huir.
Solo fui sangre.
Solo fui llama.
Solo fui viento ardiendo en tu costado.




Alegato

Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.

La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.

Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.

Amén.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.