Mi oración no se dice.
Porque no busco redimir el fuego.
Lo habito.
Mi oración no se dice.
Porque no busco redimir el fuego.
Lo habito.
![]() |
| La Magdalena arrepentida / Jean Michel Rousvoal |
Y fui raíz desnuda,
latiendo en la sombra de tu boca no dicha,
espina de luna,
sangrando versos en la médula del deseo.
Tu ausencia,
vestida de lirio negro,
me rozó los bordes
con dedos de fuego antiguo,
y se quebró mi nombre
bajo el peso húmedo de tu sombra.
Se hizo carne la noche
entre los huesos del sueño,
y mi vientre —tierra herida—
brotó jazmines oscuros
al recuerdo tibio
de tu voz detenida.
No supe huir.
Solo fui sangre.
Solo fui llama.
Solo fui viento ardiendo en tu costado.
Este espacio es un atentado contra el Sexto Mandamiento: la negativa a reprimir la Carne, la Mente y el alma. Aquí la fantasía y la realidad se cruzan sin culpa, consagrando la lujuria como una religión confesa y clandestina.
La escritura erótica no es un tratado frío, sino el pulso febril de la sangre donde el Pecado se vuelve altar y sacramento. Las palabras muerden, huelen a sombra compartida y a devoción oscura, rasgando el aire para habitar el cuerpo como un templo consagrado al abismo.
Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección. Porque nos fue otorgado el libre albedrío que hizo rebelarse a los ángeles y condujo al hombre al placer.
Amén.