Hace una semana me encontré con un tipo en mi escalera. De entrada me asusté al verlo sentado en un escalón de mi rellano pero cuando nuestras miradas se cruzaron, me inundó un sentimiento de pena. No iba mal vestido ni aparentaba ningún tipo de dejadez. Todo lo contrario. Vestía ropa de marca y exhalaba perfume del caro. Tenía la cabeza bajada, con las manos entrelazadas en el vacío de sus piernas... Levantó tímidamente el rostro y me dijo un "hola" que me sonó muy apurado, triste diría yo... Le respondí sin más y me metí en casa, casi con prisa.
Mientras recogía las cosas que había
traído del supermercado no dejé de pensar en ese chico. Era un hombretón al que
percibí muy, muy pequeño. Me cambié de ropa para estar más cómoda en casa, pues
ya no tenía pensado salir hasta la tarde. No sé por qué... A veces pasan estas
cosas de forma involuntaria, otras, provocadas; pero, en este caso, fue algo
totalmente improvisado. Mientras me quitaba la ropa de calle se me
cruzaron varios pensamientos: desde que salía al rellano a ver qué le sucedía a
aquel tipo y después de unos minutos de charla, le invitaba a tomar un café;
hasta que, sin preocuparme demasiado, me abría de piernas para él. Llevo quince
días muy tranquila: Algunos mensajes con Pablo pero sin la posibilidad de quedar, algunas conversaciones con Lucas... En estos días solo he tenido sexo con Nacho.
Me pasé aquella vieja camisa de mi marido
que dejaba mis piernas a la vista de medio muslo para abajo. Debajo, la ropa
interior: un sujetador deportivo y una braguita de algodón de lo más sencilla.
No me calcé las chanclas. Caminé hasta la puerta con ellas en una mano. Supongo
que las sombras se verían por debajo de la puerta pero no debió importarme
tanto. Seguramente, él tampoco estaría pendiente de mí. Observé a través de la
mirilla y ahí seguía. Ahora su posición era todavía más aplanada: sus piernas flexionadas
y sus brazos cruzados apoyados sobre las rodillas; la cabeza baja y, supongo,
la mirada perdida en alguna parte de ninguna parte. No sé si era curiosidad o
ese halo de interés desinteresado que me suele sobrevenir en ocasiones. Lo
cortés no quita lo valiente. En el sexo tengo parte de egoísmo, como debe ser
pero, en el día a día, tengo un corazón interesante. Me calcé y abrí la puerta
con decisión disimulada. Él levantó la vista y me miró.
- ¿Estás bien? -me interesé.
- Sí, gracias.
No sé por qué los hombres intentan
desenmascarar sus penas y tristezas para negarlas. No es fácil reconocer que
algo anda mal y menos ante alguien desconocido aunque, en ocasiones, somos más
dados a abrirnos a extraños que a quienes tenemos más cerca.
- ¿Esperas a alguien?
- He venido a ver a Sergio pero no está.
¿Le conoces?
- Sí, el chico de arriba; pero hace más de
una semana que no coincidimos... Últimamente, la verdad, coincidimos poco -le
respondí mientras me acercaba más-. Pero... si no está...
- Imaginé que podría dar con él -me
respondió inspirando a continuación con tanta fuerza como expiró. Un profundo
suspiro.
Le dí varias razones por las que no podría
estar en casa a esas horas pero él las conocía mucho mejor que yo. Me preguntó
por el tipo de relación que teníamos Sergio y yo. Relativicé y no mencioné nada
de nuestros esporádicos encuentros sexuales. Y él se abrió un poco. Supongo que
lo tenía ya todo tan perdido que no importaba hacerlo. Me quedé perpleja ante
aquella información que estaba recibiendo. Por ninguna de las casualidades, por
ninguna mala idea que se me hubiera podido cruzar, por nada de este mundo...
hubiera supuesto que Sergio fuera de "carne y pescado". No había sido
consciente de sus aventuras homosexuales. A casa venían más mujeres que
hombres, y los pocos, poquísimos que yo había oído, porque nunca le vi con
ninguno, ciertamente no me habían dado para pensar. Creo que mi perplejidad fue
obvia. Aquel chico me sonrió tímidamente.
- ¡A veces nos sorprendemos de algunas
cosas!
- Nunca se me pasó por la cabeza, vamos...
Pero está claro... que sí... Estoy sorprendida -asentí moviendo lentamente la
cabeza de abajo hacia arriba y apretando los labios como si estuviera
reflexionando sobre aquellos. Mis ojos se abrieron como platos y perdieron la
mirada en alguna parte de la puerta del ascensor. Ni jurándomelo con sangre
hubiera llegado a tal conclusión.
- ¿Y si yo hubiera sido un tío con malas
intenciones?
- La verdad es que no lo aparentas...
Pero... Bueno, tampoco aparentas que te gusten los tíos -dije en susurro- y ya
ves... -sonrió.
- ... Podría haber sido -aseguró. Se hizo
un minuto de silencio, por ningún alma en concreto, y empezó a contarme un poco
más de su historia con Sergio. Según él era algo más bien profundo. Yo, desde
mi perplejidad, lo veía como algo pasajero pero yo no estaba en la historia. Yo
nunca he tenido una experiencia lésbica aunque he de confesar que algún
pensamiento en algún momento he tenido. Intenciones, ninguna. Siempre he
pensado que los bisexuales, y digo esto porque llegué a la conclusión de que
Sergio y él lo eran, salen al 100%, mientras que los hetero vamos siempre al
ralentí, al 50%. Nos movemos entre el blanco y el negro y ell@s tienen una buena
amalgama de tonalidades intermedias que saben disfrutar y apreciar.
Luego, el chico se presentó. Se llama
Diego. Y sí, le invité a mi casa a tomar un café. Estuvimos en la cocina como
dos amigos, sentados uno frente al otro, separados por el largo del tablero de
la mesa. No vi ningún tipo de intencionalidad por su parte. Sus miradas eran
claras y limpias. No percibí ninguna descarada, fuera de mi rostro. No se fijó,
que yo fuera consciente de ello, ni en mis tetas, ni en mis piernas... Tampoco
fui tan descarada. Así que estuvimos un buen rato charlado mientras gustábamos
de aquel café. Y le dí a probar de aquel magnífico bizcocho que había hecho el
día de antes. Y no es broma. Me salió mejor que nunca. De hecho, quedaba ya muy
poco. Nacho había dado buena cuenta de él.
- Me ha venido muy bien este café y la
conversación... Gracias -sonrió.
- De nada. Ha sido un atrevimiento por mi
parte... ¡Mira que si llegas a ser un mal bicho!
- ¡Lo soy... lo soy! Solo hay que
conocerme. ¿Por qué no salimos un día a tomar algo por ahí? ¿Tendrías algún
problema? Conocerías el mundo por el que me muevo.
- No te prometo nada. De vez en cuando
tengo marido -bromeé.
- Dile que se una a nosotros. ¿Dónde está
el problema?
- Se lo propondré.
Ahí quedó la cosa. Con un beso en la mejilla antes de irse.
Dos sábados después
, quedamos. En todo ese tiempo estuve pendiente de la presencia de Sergio pero no
obtuve resultado alguno.
Nacho no se unió a nosotros. Prefería
quedarse en casa a terminar un trabajo que tenía pendiente, pues tenía unos
días más tarde un congreso en el que participaba como comunicante. Aunque no sé
qué trabajo iba a realizar si Lucas había decidido hacerle compañía y echarle
una mano con la tarea. Creo que Lucas se sintió algo molesto por la idea de
irme de juerga, sobre todo, sabiendo que no era con amigas. No me molesté en
mentir, ¿para qué?
Me vestí discreta. No llevaba segundas
intenciones. Simplemente, iba a ampliar mis círculos sociales. Un vaquero que
se ajustaba como un guante, una camisa bonita, unos zapatos de tacón alto y una
americana entallada y ligera para protegerse del fresco de la noche. Y el pelo,
recogido de modo informal. Cogí un taxi que me llevó hasta el restaurante donde
habíamos quedado. Diego estaba allí como me había prometido, puntual y antes de
que llegaran sus amigos y amigas. Dos besos para saludarnos y una copa para
entrar en ambiente. Fue la primera de las varias que siguieron. Eso y mi falta
de costumbre fueron un cóctel explosivo que, potenciado, por la situación de
hallarme en un ambiente muy jovial, muy alegre, muy desinhibido, se acabó
convirtiendo en pura desvergüenza por mi parte.
Las risas, las tonterías, los tanteos...
Diego decidió que deberíamos acabar la
noche en su casa. Quedábamos ya muy pocos de los que habíamos empezado, así que
nos repartimos en los coches y nos trasladamos a su piso. Vivía cerca del
centro, en una calle tranquila, en un edificio antiguo, en un piso pequeño
medio abuhardillado con una terraza en la parte superior a la que se llegaba
por una empinada escalera. Aquello no era muy grande pero enseguida nos
acomodamos todos. Los botellines de cerveza, refrescos y algo de licor
empezaron a pasar de mano en mano.
Hubo un momento en el que Diego y yo nos quedamos a solas en la cocina. Con tanto movimiento, alcanzando y alcanzando cosas, estirándome para cogerlas del armario... mi camisa se había desabonado por un botón más. No me dí cuenta de ello hasta que me apoyé en las manos para subirme a la mesa. Diego apuraba un sorbo de su botella de cerveza. Sonrió. Se acercó decidido. Dejó la botella a mi izquierda y se dispuso a abotonar la prenda.
- Me vuelven loco tus tetas... No sé si te has dado cuenta -me susurró al oído, mientras al abotonar sus manos rozaron mis pezones.
- No pensé que te fijaras en ellas...
- No soy de piedra... Me fijo en lo bueno... Y creo que tú eres muy buena -incitó rozándome la oreja con sus labios húmedos antes de morderme el lóbulo. Aquello me hizo reaccionar pero permanecí quieta, sintiendo mi corazón palpitar agitado y percibiendo un estremecimiento en el interior de mi coño-. Me apetece estar a solas contigo...
- Los demás se darán cuenta...
- No creo que vengan a llamar a la puerta... Somos mayorcitos y estamos entre amigos.
Se apartó y permaneció de pie extendiéndome la mano. Durante unos segundos dudé pero, entre los efectos del alcohol, lo fácil que me lo estaba poniendo, las ganas que tenía de follar... y equis cosas más, me cogí a ella. Cruzamos la estancia central y, aunque casi todos se apercibieron del hecho, todos continuaron con su barullo, sus risas y cosas. Entramos en su habitación y cerró la puerta tras de sí. No había pestillo. Se apoyó en ella y yo me quedé un poco más allá, cerca de la cama. Pusiera donde me pusiera, la cama estaba a mi lado. La habitación estaba recogida, aunque no presté demasiada atención, la verdad. Le observé. Volvió a sonreírme. Empezó a caminar mientras se quitaba la camiseta y me dejaba a la vista todo su torso. En tres pasos, estaba comiéndome la boca con Diego, sintiendo sus brazos rodeando mi cuerpo y percibiendo su erección cuando metí mi pierna entre las suyas. Sus gestos eran sutiles, lentos y maestros para desprenderse de la ropa, desabrocharme el sujetador y acariciar mi piel, erizándola. Descubrió la firmeza de mis pezones y la atrapó entre sus labios, provocando en mí pequeños gemidos.
Estaba sobre él, disfrutando en mi interior de su tremenda erección, dejándole saborear la redondez de mis pezones cuando la puerta se abrió de pronto. Me quedé blanca e inmóvil
. Diego me retuvo entre sus brazos, protegiendo mi desnudez.
Apenas pude fijarme en ella. Cerró la puerta rápidamente para apoyarse en ella.
- ¿Puedo jugar con vosotros? -preguntó con total naturalidad.
¿Jugar con nosotros? En mis juegos, las reglas son para dos... No dije nada. Miré a Diego a ver por dónde salía. Supongo que al no decir yo nada... Él asintió. Creo que si me hubiera preguntado con más detalle o interés tampoco hubiera sabido responder.

- ¿Te importa? -me preguntó. Su beso acalló cualquier posible respuesta. Sus manos apretaron más mis glúteos, separándolos ligeramente, y uno de sus dedos se coló entre ellos, llegando a rozar los pliegues en círculo en torno a la entrada de mi ano. Por unos segundos, largos, lo aseguro, no pude apartar mi vista de aquella chica. Se había desnudado con tanta rapidez que me sorprendió. Deslizó sus bragas por los muslos y se recreó en acariciarse el cuerpo, sin detenerse en una zona en concreto. Diego empezó a moverse de nuevo entre mis piernas. Incluso noté la palpitación de su miembro en mi interior. Por unos instantes me olvidé de la intrusa hasta que se acercó tanto como para percibirla a mi espalda, con sus pechos pegados a ella y sus manos ascendiendo por mis piernas.
Sentí su aliento entre mis piernas y sus manos separando mis labios mayores. El calor de su respiración cubrió mi parte interna. Un lametón me puso en aviso.
- Me gusta tu coño... - me dijo la muchacha antes de que percibiera la entrada de un dedo en mi coño y la agitación de mi clítoris bajo los movimientos circulares de su otra mano. Ahí, a cuatro patas, mientras me comía con mesura un pene que me parecía enorme; una mujer, por primera vez en mi vida, se apoderaba de mi coño. Noté aquellos impulsos un poco arrítmicos, como descompasados pero tal vez fuera la percepción de la inexperiencia, pero creo que eso igual lo hace bien un hombre que una mujer... o mis nervios por lo inesperado y asumible.
Cuando quise darme cuenta, su lengua me estaba perforando la entrada. Eso sí lo hacía bien y me puse muy mojada. Movimientos en mi clítoris, de un lado a otro, primero con la lengua y luego con los labios cerrados, apretándolo... Y de golpe, al mismo tiempo, dos dedos, uno por cada agujero, iban entrando y saliendo con fuerte ritmo. Creí que me había roto el ano porque el dolor que sentí fue intenso. No sé si por la repentina perforación o porque me arañó con la uña... El caso es que vi las estrellas por un breve momento... Luego, el gozo fue tremendo. En medio de aquella sensación, pareció que me pudiera transportar y ver la imagen desde otra perspectiva. La imagen mental que me construí me volvió loca y logré apartar de mí todas aquellas cohibiciones que me estaban apartando un poco de aquel ensayo.
Cuando mi sexo se abrió ante la cuña que formaron los dedos de su mano, admito que no sé cuántos ni cuales, haciendo que mi fluido saliera del interior y ella lo bebiera, Diego decidió que había que cambiar de posición. La libertad de mi clítoris se vio limitada. Los dedos de mi nuevo "rollito" lo esclavizaron bajo su tortura. Al principio fue un tacto suave pero, enseguida el ritmo se aceleró: movimientos circulares de entrada; movimientos laterales después. Mientras, se comían a besos. Eran besos de esos que no tienen sentimiento: Un simple abrir de boca que supone más transmisión de saliva que de otra cosa, con todo el albedrío del mundo. Verlos besarse de aquella manera no me provocó excitación alguna pero, cuando ella se puso a cuatro patas y él se acomodó detrás y empezó a darle palmadas en el trasero y penetrarla a continuación... mi coño fue como un resorte y se empapó de todos aquellos jugos que ella, como loca, se regocijaba en beber.
Mis manos fueron instintivamente a mis pechos y empecé a masajearlos con cierta premura, juntándolos, elevándolos y rodeando los pezones con mis dedos, apretando con más fuerza de la que era consciente pero la lengua de aquella chica era pura magia en mi coño. Cogía mis labios, tiraba de ellos y de mi clítoris y yo, yo me volvía loca. Mis gemidos sonaban en toda la habitación. Parecían ser el compás para la respiración agitada de él. La intrusa era más silenciosa, incluso cuando las clavadas de Diego parecían ser más profundas, al menos por la energía de sus movimientos.
En un momento me vi ajena a cualquier tipo de atención y perdida en un instante mas, a esas alturas de la fiesta, me bastaba y me sobraba a mí misma. Cuando la vi babeando y tragándose aquella
impresionante polla, creo que la arcada la sentí yo pero me excitó tanto...
Debía de encantarle tragar leche caliente porque lo cierto es que no dejó de
hacerlo a pesar de que algunos borbotones le sobrepasaban su cavidad bucal. No desperdició nada: como un suculento plato que da pena acabar, rebañó con su
lengua aquel capullo para dejársela sin un solo resto, incluso con sus dedos
fue recogiendo aquellas gotas que se habían escapado de su boca para
saborearlas y chuparse los dedos... ¡Ufff...!

Yo la veía muy puta y lo cierto es que
empecé a sentirme así. Una vez superado el momento de incertidumbre y decidida
a disfrutar de aquella experiencia, solo me cabía disfrutarla un poco más. Diego me miraba mientras se la follaba y percibí el deseo hacia mí en su expresión. Mis dedos empezaron a frotar mi coño con brío
, casi con desesperación. Mi respiración se alteró pavorosamente. El pecho me dolía. La garganta se me secó en la misma proporcionalidad que mi coño estaba cada vez más mojado, diría que chorreante, en tanto Diego tomaba a la chica por el pelo y le echaba la cabeza hacia atrás, tanto que su cuello parecía que fuera a partirse por lo tenso que estaba, apurando más los envites hasta que yo me corrí. Lo hice de tal manera que mi coño expulsó un chorro líquido que me empapó entera, que se escurrió entre mis nalgas y se extendió sobre la tela de la cama...
Diego se apartó de la otra chica. Se acercó a mí y sacó un preservativo del cajón de la mesilla. Ella se puso a hacer lo que yo había estado haciendo unos minutos antes. Lo hizo sentada, con las piernas abiertas hacia mí... Y el turno, lo mejor fue para mí. Me arrastró hasta el borde de la cama. Me levantó las piernas y las inmovilizó con sus brazos. Me penetró despacio, mirándome a los ojos, incluso adiviné una sonrisa dibujada en sus labios...
Mi novia es bisexual... afortunadamente para mi!
ResponderEliminarMuchas veces habíamos hablado medio en broma, medio en serio, de la posibilidad de hacer un trío, pero sin decidir nunca nada realmente.
Una noche, que había salido con sus compañeros de trabajo, volvió a casa de madrugada con una chica y se metieron en la cama, mientras yo dormía. Me desperté desconcertado, cuando mientras, mi novia me besaba, la otra chica se tragaba literalmente mi pene en pleno crecimiento...
Desde entonces, hemos repetido alguna vez. Quizás algún día le devuelva el favor con un chico, aunque yo no soy bisexual, admito que puede tener su morbo.
¡Hola, Anónimo! Gracias por venir y dejar tus palabras. Ya sabes qué toca, como dice el dicho, en la variedad está el gusto. Puedes probar y si te gusta, ya sabes... Y si no, pues a por otra aventura que te satisfaga.
ResponderEliminarBesos de Pecado.
YO CREO QUE DEBERÍA REPETIR, NO PUEDE NEGAR QUE SE LO HA PASADO EN GRANDE, JEJEJEJE...
ResponderEliminarUN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!
Jaaajajajaj ya te lo contaré. Esta mujer es de ramalazos. A veces piensa mucho y otras veces se tira de cabeza.
EliminarBesos de Pecado.
Quien no ha fantaseado alguna vez con hacer un trío, creo que cualquier pareja sobre todo en los momentos de calentón. Otra cosa diferente es realizarla, para eso hay que estar muy, muy seguro de que nadie va a sentir celos, o que luego uno de los dos piense en esa persona que un día estuvo compartiendo juegos.. no siempre es sencillo, no siempre
ResponderEliminarPero bueno , que me pongo yo a divagar jajaja
Buen relato, M.. es bueno repetir si se tienen las ideas claras y después del momento "loco" queda un buen sabor de boca ( jajajajaja)
besos
Hola, María. La verdad es que el pensamiento nos lleva a volar muy, muy lejos... Y sí, otra cosa es atrevernos en la vida real. En este caso, preocupa poco el otro porque no es su pareja. Una nueva experiencia que se echa al bolsillo.
EliminarBesos de Pecado.
Yo como la mayoría también he fantaseado con un trió, pero siempre con dos hombres y desconocidos para poder disfrutar a tope de mi lado felino y salvaje......
ResponderEliminarcomo siempre un buen relato
Un besazo guapa!!!
¡Miedo me das! Tu látigo debe ser de doce puntas por lo menos...
EliminarAsí me gusta, con carácter.
Besos de Pecado.
Yo creo que está en el gusto de cada uno, los tríos son un ingrediente más.
ResponderEliminarMuy buen relato :)
Besos.
Sí, Amow, es una opción como otra cualquiera. Está ahí para cogerla o no, para disfrutar o no. Opino como tú: es un ingrediente del juego pero hay que tener claras algunas cosas porque cada uno somos un mundo.
EliminarBesos de Pecado.
Ufff! Qué calor!
ResponderEliminarA pesar del desapego de la "intrusa" subes la temperaturamuymuy alta, como para fundirse leyendo en esta tarde de domingo primaveral.
¿Son las hormonas alteradas?
Enhorabuena!
Y las fotos... muy apropiadas,
Besos de tres en tres
En realidad, la intrusa creo que está por estar. Al final, el juego acaba siendo entre dos. Gracias por verme con tan buenos ojos :-)
Eliminar¿No decías que hacía fresco? Serán las hormonas entonces que se te alteran con la edad :-)
Besos de Pecado.
Ufff... uffff.... ni el abanico me quita semejante calentón...
ResponderEliminarYo hoy me confieso aquí... Yo si he probado, he probado ambos... a mi personalmente me gustó más con dos hombres... A mi no me gustan las mujeres, ni si quiera me considero bis... en ese momento de calentón puedes jugar un poquito pero no te sientes tan libre como quisieras... con dos hombres es diferente... la libertad de movimiento y disfrute es más grande... Y me callo ya que podría contar tanto... jejejeje....
tu forma de relatar cada día me gusta más... a ti te leo en casa y tumbada en la cama, no te digo más... jajajaja... es mejor leerte en la tranquilidad del hogar, porque siempre acabo sofocada... jejeje...
Montones de besinos!!! :))
:-) Sí, mejor que me leas en la intimidad de tu casa porque como te den un subidón de esos... No sé yo... En momento de calentón así, en realidad, solo es un juego en el que no hay que pensar mucho... Sshhhh....
ResponderEliminarGracias por tus piropos.
Besos de Pecado.
Un relato muy excitante, lady PI, aunque al final el "trío" se haya quedado en unas "dobles parejas"...., pero supongo que ha sido por la falta de experiencia.
ResponderEliminarSeguro que nuestra amiga, la próxima vez, porque habrá una próxima vez, se siente más liberada y participativa. Las primeras veces son siempre más complicadas, sobre todo si resultan tan inesperadas...
Por cierto..., nunca había usado el truco de sentarme en los escalones a llorar mis penas.... :-)
Con usted siempre aprendo formas nuevas, milady :-)
Besos triangulados desde la mansión
Sí, D. Sayiid, creo que falta practica pero por algo se empieza :-( Para llegar al final, debe haber un principio. Sí, yo también espero que se espabile un poco pero es que le vienen todas de golpe y eso de que no sepa controlar un poco la situación... Y ésta le cogió "sin bragas"...
ResponderEliminarBesos de Pecado, D. Sayiid.
Pues si te digo que no he pensado en un trio te miento, pero mas por peticion de mi pareja que por la mia, una vez se intento, y lo que menos imaginaba es que justamente el que siempre fue quien lo pidio y me convencio, no pudo, nada mas empezar no pudo soportar ver a otro hombre ponerme un dedo encima, ya que yo al final accedi pero con la condicion de que fuese hombre mujer hombre, si te soy sincera cuando dijo, no puedo, yo respire, porque accedi por complacerle a el, ese dia dije, nunca mas, ni por el ni por nadie, aplaudo a quien disfrute con ello
ResponderEliminarbesitosssssss
Gracias por esta confesión pública. La verdad, yo soy de dos. La fantasía ocupa un lugar en mi mente más de forma literaria que real, la verdad. Soy de dos. A mí, eso de tres, me parece la posibilidad de que uno llegue a sobrar por algún motivo u otro... Y en esas perspectivas no me apetece ser yo... Así que, para bien o para menos bien, no le queda otra que aguantarme a mí...
ResponderEliminarBesos de Pecado y mil veces gracias.
Un relato muy atrayente!!! Ha sido todo un placer, quien negarse a tal deseo....
ResponderEliminarBsos
He vuelto a leerte y te has superado, lo has detallado con tal claridad que parecía q lo estuvieramos viendo uff. Cuanta pasión. ...
ResponderEliminarCiao
Muchísimas gracias, Dav. Ya sabes que es lo que intento, que cada uno esté ahí para disfrutarlo con sentimientos y con tacto.
EliminarBesos de Pecado.
Hola guapisima! Nada mas llegar me encuentro con tan maravillosa y excitante entrada,toda experiencia es buena y mas si se obtiene placer.
ResponderEliminarUn besazo!
¡Hola! Bienvenida de nuevo.
ResponderEliminarMe alegro de que mis palabras te hayan causado esa sensación.
Besos de Pecado.
Para hacer un trio no hay que ser bisexual. Incluso si dos mujeres se besan, eso no implica nada en sí mismo más que el morbo de una situación concreta.
ResponderEliminarY que haya dos hombres con una mujer no implica que entre ellos haya mayor atracción.
Creo que eso es confundir las cosas.
:)
Por cierto, hay un trio con Lucas y Nacho??? Yo quiero... (leerlo, obviamente)
EliminarYa me dices por donde localizarlo :)
Un beso
Un trío implica tres, nada más, independientemente de la opción sexual de los que intervienen. Simplemente, Diego, es bisexual. Un detalle nada más :-) No pretendo confundir a nadie. Creo que a estas alturas de la película, ya sabemos de qué va :-)
EliminarY si, hay una especie de trío que queda un poco en el aire porque nunca se ha confirmado. Ella tiene sus dudas pero nunca puede evidenciarlo.
La entrada es http://eltactodelpecado.blogspot.com.es/2013/11/mas-de-dos.html
Besos de Pecado.
Bueno es que no me refería a Diego, pero igualmente mi comentario es una obviedad. Digo muchas, porque aunque no lo creas no todos tenemos las cosas tan claras. Y no era una crítica, solo una reflexión... hablo demasiado.
EliminarVoy a por las evidencias :)
Ufff si supieras las cosas que digo yo al cabo del día y en los berenjenales que me meto... Y tienes razón, a veces pensamos que tenemos las cosas muy claras y no tenemos ni puñetera idea. No me lo he tomado como crítica :-) Y si lo hubiera sido, para eso estamos: para aprender unos de otros y aportarnos cosas.
EliminarNunca dejes de hablar demasiado.
Besos de Pecado.