Y yo, escondida tras la
cortina dorada, aguantaba la respiración
y notaba palpitar el corazón bajo mis manos hasta casi dolerme por
aquella agitación.
Al tiempo que sentía
cierta repudia por aquellas escenas había algo que me hacía
permanecer a observarlas a hurtadillas.
No moví la
cortina más
de lo que con uno de mis ojos podía llegar a atisbar. En cambio, no fui
lo suficientemente cuidadosa en mis gestos.
- Credo che ci sia qualcuno lì –oí
que pronunciaba uno de ellos.
Los nervios se precipitaron
desde el estómago
hacia la garganta, intentando salir en forma de grito. Mis piernas comenzaron a
temblar y a pesar como si estuvieran enfundadas en unas altas botas de barro
seco. Las palpitaciones de mi corazón empezaron a ser más
intensas y más
agudo aquel dolor que hasta entonces había intentado controlar con mis manos
sobre el pecho.
-Dove? –preguntó el
otro
- Là…
-supongo que señaló
con algún
gesto-. Vai a vedere.
En menos de un segundo tuve
que pensar, tuve que decidir qué hacía. Me arremangué el
vestido y sin tomar aire, salí corriendo. El sonido de mis tacones se vio
amortiguado por la gran alfombra que cubría el suelo de aquella estancia de
decoración
un tanto exagerada, la cual crucé como alma perseguida por el demonio.
Abrí la
puerta y ante mí,
una nueva habitación,
muy similar a la anterior. Al fondo, otra puerta. Otra habitación…
Otra puerta…
Otra habitación.
Sin salida.
Con el miedo ahogándome.
Con los ojos enrasados de lágrimas. Con los nervios a flor de piel; tanto,
que me costaba acertar a mover la manilla para abrir las puertas que estaban
cerradas a mi paso.
En mi huida ni siquiera miré
atrás.
A lo mejor no era necesaria y, en cambio, no podía dejar de correr. Y, por
fin, una salida: La luz del día, el sol, la esperanza de mi ansiada
conquista de libertad, mi salvación.
Un pasillo abierto formando
un cuadrado. A mi izquierda, puerta tras puerta. A mi derecha, una continua
arcada que daba a un patio interior al que no vi medio por el que poder llegar.
No había
escalera o, de existir, mi azoramiento me impedía reconocerla.
No fui consciente de que mi
carrera ya era innecesaria pero seguía ofuscada en alejarme de ahí.
En mi empecinamiento seguí
empujando puertas. No todas estaban abiertas y en una de las que sí lo
estaban, era tanta la energía que puse en el gesto y tanta la inercia que
llevaba mi cuerpo que me vi vencida hacia adelante y a punto estuve de caer al
suelo.
Me quedé
sin respiración
cuando noté
que alguien me cogía
del brazo para ayudarme a ponerme en pie. No me atrevía
ni a mirar. Vi los zapatos negros con una hebilla plateada. Vi los pantalones: blancos
y partiendo desde la rodilla dejando ver unas calzas blancas. Vi una casaca,
una guerrera: como la de un ejército: roja y con cierres dorados. Y vi el
rostro de aquel hombre que me sonreía y a quien no había
visto antes.
- Non temere... Stai bene?
- Sì, grazie. –Pero
no confiaba en él. ¿Y
si era un secuaz de aquellos otros hombres? ¿Si era uno de ellos y me atrapaba,
amablemente, para llevarme a una sala y hacerme lo mismo que a aquellas
chicas?- Devo andare. Devo uscire di qui
–exclamé, dando
vueltas como una leona enjaulada, sin tino.
- Seguimi. Ti porterò via di qui.
–Me quedé
quieta y vio la desconfianza en mi rostro y el miedo en mi mirada-. Hai due opzioni: Seguirmi e arrivare sulla
strada per dimenticarti di ciò che hai visto, o bene, provare ad
uscire per conto tuo senza sapere quando ci riuscirai sappendo che ti possono
prendere.
Ante aquello no me quedaba
otra que aceptar su propuesta. Le seguí por aquella galería corrida de arcos de medio punto soportados por columnas abalaustadas y que estaban ornamentadas con figuras humanas a modo de cariátides o estípites.
Él era un desconocido y
era uno. Los otros eran también desconocidos pero eran varios. Caminamos
por ella siguiendo la dirección de la derecha hasta llegar a una puerta.
Tras ella, una escalinata de mármol, con hermoso barandado, al final de la
que había
una puerta de madera labrada.
- Lì c’è la strada
–me indicó.
No dije nada. Le miré y
descendí
escalón a
escalón
evitando una carrera. Abrí la
puerta y ahí
estaba, efectivamente, la calle.
- Grazie –le sonreí, aliviada. Hizo un gesto con la cabeza y cerré la
puerta tras de mí.
Quería
apartarme de ahí
cuanto más
mejor y cuando antes, mucho mejor.
Me fui alejando de aquel palacete
en el que me había
adentrado por curiosidad. Esos días previos al Gran Carnaval muchos nobles solían
dejar ciertas puertas abiertas. Solo había que ser valiente o descarado. Yo era
más
descarada que valiente.
No estaba lejos del aquel otro
en el que mi padre me había
dejado al cuidado de su gran amigo, el duque Albertti, mientras permanecía
alejado de Venezia para resolver unas cuestiones.
Crucé el
puente de piedra que unía ambos lados del estrecho canal y me metí por el Vialetto delle Anime, donde mis pasos llegaron en un determinado
momento a no parecer míos.
Un ir y venir de callejuelas para llegar al palazzo y las voces de las gentes
iban quedando como un murmuro al fondo.
Muy bueno...sublime...y deja con tantas ganas de más....
ResponderEliminarDescribes con tanta fluidez...y ésas imágenes precisas.... que logras canalizar ésa sensación contradictoria que todos tenemos de querer saber más y llegar más allá hasta en aquello que nos pueda producir cierto "rechazo"...siempre que nos remueva un poquito...
me ha encantado....quiero mas...
un besote
Ufff... Creo que ahora contendré la respiración como si estuviera situada tras la cortina y escuchara pasos que, pensando que se acercan, se alejan y los nervios van in creccendo.
ResponderEliminarSí, esa sensación de huir y querer quedarse, del ver qué pasa pero me da miedo, el por si acaso... eso que nos mantiene en alerta del mismo modo que nos baja todas las percepciones y nos envuelve en dudas...
Eso es. Tú lo has definido...
Un beso enorme, de Pecado mortal, Amando.
Me ha encantado vi una sesión llena de detalles en tu relato, me han encantado
ResponderEliminarlas fotografías, con ese que pasará detrás
en lo desconocido cuando quiere escapar ... pero el placer seguro
la envuelve ... seguiremos ese final
Besos dulces
Hola, guapa. Me alegro que puedas ver cada cosita que se describe y mucho más.
EliminarEspero no decepcionarte con la continuación... Paciencia :-)
Besos de Pecado Mortal para ti y para Dulce. Cuidaros muchos.
Ufffffffffff... delicioso. Si esta es la primera parte y me pone el corazón a 1000/h cómo será la continuación.
ResponderEliminarGrandísima como siempre.
A tus PIES
Creo que puedes necesitar visita con el cardiólogo... porque sin decirte nada, ya te he dicho todo.
EliminarBesos de Pecado.
Me encantó es poco... describes tan bien cada mínimo particular, que haces que uno lo viva, que se le entrecorte la respiración, sintiendo de estar detrás de esa cortina o escapando por esos pasillos... mi aplauso de admiración, como siempre, y espero ansiosa el resto!
ResponderEliminarBesos infinitos hermosa.
Uffff!!!
ResponderEliminarQué atmósfera!
Espero con el alma en vilo la siguiente entrega
Besos
Menudo comienzo de historia... la tensión disparada!!
ResponderEliminarMi enhorabuena bella Magadalia;))
Un besazo.
¡ay madre! Que suspense, y ese idioma, hace la historia mas sensual si cabe... con ganas de mas :-)
ResponderEliminarUn beso
Excelente y sensual relato. Estoy deseando leer la continuación. Creo que eres una persona capaz de transportar a quien te lee exactamente a la situación que estás escribiendo, eso es maravilloso.
ResponderEliminarUn besazo.
Gracias a todos. Pensé que con el diálogo en italiano resultaría un poco... no sé... pesada pero veo que tenéis buena opinión, así que seguiremos... y a ver qué sucede, que le pasa a la virginal Magdalia.
ResponderEliminarBesos para tod@s. Y mil gracias de nuevo.