Observaba desde aquel ángulo a los invitados a la fiesta.
Mi mirada se detuvo durante largos minutos en aquella mujer. Sé
muy bien cuando una mujer es bella. No me importa reconocerlo.
Y ella lo era.
Tenía muy buen tipo y una larga cabellera dorada. Todo lo
contrario a mí, es cierto, pero no sentí que tuviera nada que envidiarle.
Estaba ensimismada en pensamientos tontos. Nada del otro
mundo, cuando Él llegó por detrás de mí y me susurró algo al oído. Es como un
gato muchas veces y cuando me abstraigo de todo, siempre me pone en alerta.
- ¿Qué ven los ojos de Mi Putita?
- ¿Eh? –pregunté, girándome.- ¿Qué dices?
- ¿Te gusta? –me preguntó mientras me rodeaba la cintura con
sus brazos y me hablaba al oído.
- ¡Déjate de tonterías! Hay que atender a los invitados…
Su mano, nada disimulada, se perdió en mis nalgas, apretando
una de ellas.
- Todavía no te he dado mi regalo de cumpleaños pero espero
que te guste…
Le vi hablar con esa mujer durante mucho rato, pero no le dí
mayor importancia. Yo seguí atendiendo a mis invitados hasta que al cabo de unas
cuatro interminables horas, se retiraron los últimos invitados.
Cuando ya iba a retirarme, vi a mi Dueño que estaba hablando
con la empresa encargada del catering, por lo que yo decidí subir a la
habitación a darme una ducha. Estaba realmente agotada.
Dejé que el agua cayera sobre ni cuerpo. Apoyé las manos en
la pared y el agua golpeó mi espalda… No quise pensar en nada, pero sentía
curiosidad por saber cuál sería Su regalo de cumpleaños. Es muy suyo, muy a su
manera y, aunque ya poco debiera
sorprenderme sobre El, siempre, siempre consigue hacerlo.
Estaba ensimismada en esos pensamientos cuando, de pronto, se
abrió la puerta de la ducha… ¡Me asusté!
- ¡Me has asustado!
- Lo siento…, no te inquietes. Ya está todo solucionado.
Ven…- me pidió, tendiéndome una toalla.
- Pero… ¡Si estoy duchándome!
- No repliques tanto…Te pasas media vida protestando… Ven…
Me lo ordenó con tanta suavidad como autoridad. Me envolví en
aquella toalla y Él me ayudó a secarme un poco el pelo…
-¡Cálzate! -me dijo.
Me tomó de la mano y cruzamos el vestidor hasta llegar a mi amplia
habitación. Me quedé helada. A los pies de la cama, desnuda, se hallaba la
mujer rubia del jardín.
- ¿Qué significa esto? -pregunté a mi Amo.
- Es tu cumpleaños y si me apetece regalarte una puta, te la
regalo… Y la vas a disfrutar. Pide que haga todo lo que tú desees. Hoy mandas
tú. Su cuerpo y su mente se someten a tu voluntad… Haz disfrutar a Tu Señor…
con el regalo que te ha dado.
Hizo una leve pausa y continuó:
- Ahí tienes todo cuanto puedes emplear… para ti o para ella…
Como dispongas… Tú pones el límite…
Vi sobre el banco, a los pies de la cama, toda esa serie de
artilugios con los que mi Amo solía jugar conmigo…, y algunos más que nunca
había visto hasta ese instante.
Me besó en la mejilla y se separó. Fue a sentarse al butacón
que había en un lado de la cama y allí se acomodó. Le observé. Tan digno, tan Señor,
tan... Él.
Miré a la chica y ella me sonrió. Obviamente sabía para lo
que estaba allí y me estaba esperando. Observé su cuerpo desnudo, la redondez
exuberante de sus pechos operados…, el vicio en su cara…, las ganas de todo…,
de no sé qué…
Y en ese instante me sentí perdida.
Una sola vez antes había estado con una mujer, y me costó
muchísimo soltarme… Y ahora, sin previo aviso, mi Amo me volvía a poner en
bandeja un nuevo juego, al que no sabía si sabría jugar o si sería capaz de
estar a la altura de las circunstancias. Mil y un pensamientos se amontonaron
de forma inconexa en mi excitada mente.
Dejé caer la toalla al suelo y me mostré desnuda, con el pelo
mojando cubriéndome la espalda, y aun escurriendo brillantes gotas hasta el
suelo.
Le indiqué a la puta con la mano que se acercará hasta a mí.
No sé por qué, de pronto, me entraron unas terribles ganas de
abofetear a aquella mujer. No tenía ningún sentido, pero ella obedeció, y
mansamente se acercó hasta mí. La miré, pero ella dirigía su mirada hacia el
suelo. Le obligué a subir la cara, colocando mis dedos en su mentón. Su mirada
se cruzó con la mía…, y le estampé una sonora bofetada en su mejilla. El
chasquido resonó en toda la habitación. Le miré a Él, y mi Dueño permaneció
impasible, con una pierna sobre de la otra, el brazo apoyado en el reposabrazos
de la butaca y la mano contraria sujetándose el mentón. Mi Amo sabe que yo no
tolero los golpes en la cara, y sin embargo, sin ningún motivo, yo le había
propinado uno bien sonoro con la palma de la mano abierta a aquella mujer a la
que no conocía de nada y contra la que nada tenía.
Ella me escupió.
La verdad, no me lo esperaba. Así que volví a cruzarle la
cara.
A mí no me escupe nadie y menos a la cara.
Esta vez la bofetada fue más fuerte.
La cogí del pelo con toda mi fuerza y la obligué a
arrodillarse ante mí, pero no le hablé, no le dije nada. Ni una palabra, ni un
reproche.
El silencio, como me dice mi Amo, es lo mejor para
alguien que no entiende.
Ya en el suelo, y de rodillas ante mí, la solté de mala
manera, con rabia, y caminé hasta donde estaban los artilugios.
No sabía qué hacer, no sabía cuál coger…
No estoy acostumbrada a
ser yo la que los use, y por eso no sé usarlos adecuadamente. Tenía cierto
temor y que se me fuera la mano, que le pudiera causar algún mal a aquella
putilla que estaba allí mismo, desnuda, a mis pies…
¿Qué debía hacer? ¿Humillarla? ¿Provocarle dolor? ¿Placer?
Tal vez debería usarla como un saco en el que vaciar todas
mis rabias y tensiones de las últimas semanas. Sé que no es justo, pero… ella
era mi puta y podía hacer con ella lo que quisiera. Eso me había dicho mi Amo.
Así que, sin pensarlo mucho…
Cogí la fusta…
Como estaba de rodillas aún, hice que abriera sus piernas y que colocara sus manos en la
espalda.
Le acaricié con la palma de la fusta la comisura de su boca,
sus labios entreabiertos y sus sonrosadas mejillas, haciendo que la besara…
Llegué a continuación hasta uno de sus pechos, de erectos
pezones, a los que rocé con la fusta, antes de darle pequeños y suaves toques
con ella.
Por la cara que ponía, parecía gustarle, pero yo ya pensaba en el siguiente movimiento,
porque ella estaba allí para que yo disfrutara, no para su propio disfrute.
De pronto, y sin previo aviso, azoté su coño rítmicamente. Ella
daba pequeños grititos de dolor, y yo, de vez en cuando, le miraba a Él, y si veía
que era ella la que lo hacía, yo se lo impedía cogiéndola del pelo y girándole
la cabeza.
Como la muy puta seguía insistiendo en mirar a mi Amo, la
volví a agarrar del pelo y la arrastré por el suelo, delante de Él, hasta llevarla a la cama.
Al llegar al tálamo, me tumbé y le ordené que me acariciara
entera, pero advirtiéndola de que no me tocara la cara por nada del mundo.
La muy perra no dijo nada, pero pronto sentí sus labios
recorrerme entera, centrándose en mis
tetas, golpeando mis pezones con la
punta de su húmeda lengua y mordisqueando luego cada uno de ellos.
Mientras una de sus manos abarcaba mi pecho, la otra…, la
otra seguía camino abajo, hacia mi sexo…, el cual ya se encontraba ardiente y
húmedo.
La putilla se recreó con mi otro pecho, mientras sus dedos
mojados en mis calientes flujos, empezaban a separar los labios de mi coño y
buscaban ansiosamente mi clítoris.
Ante tal calentura, la cogí de nuevo por el pelo, y empujé su
cabeza hacia mi entrepierna.
Ella entendió perfectamente lo que yo ansiaba y no tardó nada
en alcanzar mi abierto sexo con su boca.
Yo, por mi parte, le facilité la tarea, abriéndome
completamente de piernas, y mostrándole mi encharcado sexo en todo su esplendor…
- Cómemelo… -le ordené.
Ella se acomodó mejor
entre mis piernas y lamió mi sexo con su húmeda lengua.
- Despacio, zorra -le dije, mientras notaba sus dos manos
aplicadas en mis tetas, pellizcando mis endurecidos pezones, tirando de ellos,
de tal manera que yo apretaba los dientes de gusto y arqueaba mi espalda para
lograr una mayor penetración de su lengua en mi enardecido coño.
Notaba el suave tacto de su lengua subiendo y bajando por mi
depilado coño, enmarcado tan solo por unos escasos vellos en el centro del pubis.
Ella empezó a lamerlo de un lado a otro. Luego haciendo
círculos. Después de arriba abajo y vuelta a empezar, mientras mis caderas se
movían al ritmo que ella marcaba…
Un instante después sentí la penetración de un dedo, pero no
me incomodó dada la suavidad con la que entró…
- Más, sigue, no pares… -le decreté.
Y mi coño se fue abriendo también a sus dedos. Había
observado que sus manos eran pequeñas, así que creo, aunque no podría
asegurarlo, que en un momento dado debió
meter la mano entera en mi coño, por
cómo me tiraba allí abajo, pero el placer que sentía era tan supremo, que me
abstuve de decirle nada…
Mi clítoris parecía querer reventar de gozo. Lo notaba
henchido y tirante, y aquellos lengüetazos no eran para menos. Hundí su cara en
mi coño con fuerza, presionándole la cabeza, para que me oliera, para que se
ahogara en mis jugos...
Pero yo no quería correrme aún, así que ella tenía que
esforzarse en darme el máximo placer, pero de modo que llegara al umbral del
éxtasis sin cruzarlo.
Presa de la pasión, me senté de rodillas, dejando que viera
mi sexo en toda su grandeza. Ella respondió a mi oferta estimulándome el ano,
con suaves caricias circulares empapadas de su saliva, mientras seguía
acariciando mi sexo y dándole suaves golpecitos…
La muy puta sabía lo que se hacía.
Sabía mejor que yo lo que yo quería, que era, simplemente,
disfrutar…
Y demostrar a Él que podía hacerlo y que podía cumplir su
voluntad…, fuera la que fuese.
Aunque no sabía si era eso lo que Mi Señor esperaba de mí…
Tenía a mano varios vibradores, de diferentes tamaños y
diferentes velocidades. La rubia se introdujo uno de buen tamaño en la boca
para humedecerlo y templarlo, y después empezó a pasarlo por encima de mi empapada
raja, terminando de lubricarlo con mis calientes y espesos fluidos, hasta que
lo introdujo en mi coño y empezó a moverlo dentro y fuera, acelerando más y
más, mientras notaba su dedo entrando y
saliendo de mí ya dilatado ano.
Yo me rompía de placer cuando notaba como como ambos, dedo y
vibrador, se acomodaban dentro de mí al
mismo vaivén.
Mi respiración era cada vez más fuerte y los gemidos
retumbaban en la habitación, aun cuando
yo intentaba ahogarlos sobre la almohada…
Dos dedos torturando mi ano…, entrando y saliendo de él sin
compasión, mientras el vibrador traqueteaba en mi coño mojado y, al mismo
tiempo, gozaba con aquellas palmadas en mis glúteos.
Como pude, le indiqué a la puta que sacara sus dedos de mi extendido
culo y que usara su lengua, que me penetrara con ella, que me lamiera y que me
mojara tanto que pareciera que me hubiera corrido. Ella obedeció sin rechistar.
Le miré a Él y me guiñó un ojo.
Lo estaba haciendo bien, según parecía.
Como aún quería algo más, tumbé a la perra de espalda sobre
la cama. Cogí aquellas esposas y la aprehendí de las muñecas para atarla al
cabecero del mueble. Después me senté sobre su cara, con las piernas bien
abiertas, y dejé que me lamiera de nuevo mi encharcado sexo, mientras yo me
movía de adelante hacia atrás, o bajaba y subía….
Apretaba tanto que sentía como la ahogaba con el peso de mi
cuerpo, y notaba como su rostro se clavaba en mi coño.
Quería correrme sobre su cara y que se bebiera toda mi
corrida…
Le tapé la boca, dejándole sólo un pequeño resquicio para
poder respirar por la nariz.
Percibía esa sensación de agonía en sus ojos, pero ni aun así
me detuve.
Sabía que podía respirar.
Le pellizcaba sus pezones y tiraba de ellos con fuerza,
retorciéndolos…
Me excitaba oyendo sus gritos y usaba la fusta sobre su cuerpo para que se retorciera de dolor…
No me importaba su sufrimiento.
Sólo me importaba el placer que pudiera proporcionarla a Él,
a mi Dueño, mi Amo, mi Señor, y el mío
propio.
Tuve que agarrarme fuerte a los barrotes del cabecero cuando
empecé a sentir aquellas acometidas eléctricas recorriendo todo mi cuerpo.
Estaba a punto de estallar.
- ¡¡¡Abre la boca, puta!!!
¡Cuántas veces me había dicho eso Mi Señor a mí! Y ahora
comprobaba por mí misma el placer que decirlo implicaba.
Se lo dije mientras metía mis dedos en su boca y abría la
mano para abrírsela al máximo.
Le di varias bofetadas hasta que consideré que ya no la podía
abrir más…
Y en aquel espasmo en el que mis piernas perdían fuerza, en
el que se me iba el alma en cada gemido y en cada grito, me desbordé encima de
su rostro.
La corrida fue tremenda.
Ella luchaba por bebérsela toda.
Se le salía de la boca y se ahogaba con ella.
Escurría por mis muslos y me mojaba el pubis, así que cuando
dejé de correrme le obligué a lamer todo lo que quedaba, toda mi corrida
extendida sobre mi piel…
Mientras, de tanto en tanto, estrellaba mi mano contra
su cara, insultándola…, porque no era como cuando Él me dice a mi “puta”,
“zorra” o “putita”…
Él lo dice cariñosamente, pues yo soy Su Puta, Su Zorra, Su Perra…
Yo le decía “puta”, “cerda”, “guarra”, con rabia, con sentido
despectivo, como si sus sensaciones y sentimientos me importaran muy poco; con el pleno convencimiento de que la estaba
usando, en el peor de los sentidos…
Cuando acabé, cuando la laxitud se apoderó de todo mi cuerpo
y el placer ya me iba abandonando, me dejé caer en la cama, agotada y exhausta,
al lado de la puta.
Desde allí alcé la vista hacía Mi Señor y pude ver ese brillo
animal que a veces aparece en sus ojos. El brillo del cazador que ya sabe suya a
la presa. Y supe que la noche no había acabado, porque ahora le tocada
disfrutar a Él…





Creo que el regalo era de alguna manera más para él, casi no tengo dudas. Vuelvo a comprobar tu versatilidad para escribir, me ha gustado como llevas la historia y que se amena al leer.
ResponderEliminarBesos de dulce.
Dulce, yo también tengo la idea en la cabeza de que mató dos pájaros de un tiro, porque el que goza es él ;.) ... dos veces...
ResponderEliminarGracias por pasarte y decirme tu opinión. No ha sido fácil para mí escribir esto, nada fácil.
Besos de Pecado.
¡Soberbio! ¡Qué expléndido relato! Uf... estoy tan caliente que creo que puedo fundir el hielo con mi piel... Voy a coger el ventilador, porque realmente has escrito un magnífico relato, muy sensual, detallado y tan realista que se vive. Enhorabuena.
ResponderEliminarBesos Carnales.
¡Pecado! Desde aquí se pisa el agua del hielo :-)
EliminarMe alegro mucho que te haya gustado. Para mí es una experiencia diferente y todo un reto, así que... me alegra saber que te ha hecho sentir porque pongo toda la carne en el asador.
Besos de Pecado.
Mmmmm tremendo y excitante tu texto!!!!! yo creo que quién verdaderamente, al final, la que ha gozado ha sido ella, lo ha demostrado con esa tremenda corrida que ha tenido ella, algo que no se esperaba fuera a ser tan excitante, resultó ser demasiado para ella, es mi opinión.
ResponderEliminarTe felicito!!!!!! Me ha parecido tremendamente excitante tu entrada, y ya estoy deseando saber la siguiente parte.
Un besazo muy grande.
María, eres la única chica que se ha atrevido a comentar :-) Gracias.
EliminarY sí, llevas razón. Le ha superado pero ha sabido disfrutar de la experiencia. Aunque andaba perdida al principio, más porque es muy exigente consigo misma, al final se ha dejado llevar y ha sido esa Señora y Puta que sabe mandar y sabe servir.
Gracias siempre.
Besos de Pecado.
Excitante a lo máximo... el regalo que los dos han disfrutado...
ResponderEliminarUn regalo que me gustaría tener.. dos mujeres... y la visión de una y otra amandose con toda la delicadeza del amor echo entre dos mujeres....!!!!
¿Sabes, Delitos? Yo creo en la realización de los sueños...
EliminarBesos de Pecado.
Sublime, mi querida lady PI.
ResponderEliminarHa conseguido usted que sienta envidia de ese hombre, que me excite viendo, oliendo, escuchando y sintiendo lo que el ha sentido.
Puta y sumisa, Señora y sirvienta, jugando las dos al juego del placer para ellas y para Él.
Sentimientos nuevos, ocultos, encerrados, que salen a la superficie por primera vez. Y seguro que no sera la última.
Un Amo ha de saber lo que necesita su sumisa, ha de conseguir que se descubra a si misma y sus sentimientos, que aprenda, que pruebe, que experimente, que evolucione, que crezca espiritualmente... y a fe mía que este Amo lo ha conseguido.
Siempre es tiempo de aprender de los demás..., así que gracias por tan hermoso y sensual relato, mi querida amiga.
Siempre es un placer gozar con vuestras excitantes letras.
Besos desde la mansión y sabed que os voy a "robar" este excitante relato.
Mi querido amigo, D. Sayiid. Que le sorprenda a usted ya es algo increíble y que quiera llevarse mi relato, todavía más, pues estar en su Mansión es un privilegio de un@s poc@s.
EliminarY todo cuanto usted dice lo creo. Hay que evolucionar, real o no, vivido o soñado, la mente ha de estar abierta...
Besos de Pecado. No puedo decir más.
Notablemente lujurioso, para despertar fantasías.
ResponderEliminarDemi, hola. Bienvenido a esta casa llena de Pecado :-)
EliminarMe gusta despertar sensaciones y cada vez que me lo dicen me siento feliz.
Besos de Pecado y espero volver a verte por aquí.
Cachondo ando... Y geniales las fotos.
ResponderEliminarHola, Jordim. Me alegro de volver a verte. Veo que el relato te ha gustado. ¡Estupendo! Der eso se trata.
EliminarBesos de Pecado.
Antes que nada disculpá que llego tarde a comentar, pero ya sabes...
ResponderEliminarTe aplaudo de pie por el texto, es increible por decir poco, y excitante a más no poder. Aunque si ya sabes también, que esto, que ahora últimamente son todas sumisas, me pone más rebelde de lo que ya soy ...jajajajajaja!
Besos hermosa.
Nada que perdonar, Almita. Para todo hay tiempo. Me agrada que te guste mi texto. Ya sabes lo que supone para mí. Todo un reto... E iré a por más.
EliminarY sí, es que el armario es muy grande pero mientras sea para bien, que las puertas estén de par en par...
Besos de Pecado, rebelde.
¡Señora! Cualquier alabo que diga me quedaría corto, la imaginación cobra vida propia cada vez que leo sus relatos, sumis@s, amo@s, el punto es el disfrute el gozar y sentir el placer y como bien dice su rincón de expresión *"El tacto del Pecado"*
ResponderEliminarBeso enorme guapa...
Hola, Eirike, guapa. Bienvenida a esta casa tan decorosa y tierna :-)
EliminarPor eso se llama así: El Tacto del Pecado, porque hay que hacer las cosas con tacto, con la piel y el alma y sin olvidar el corazón.
Deja que vuele la imaginación y se haga verbo.
Besos de Pecado.
Uff... te superas. Más que excitante.... Malo me tienes!
ResponderEliminarBeso