Me levanto, mecida dentro de una nube densa donde se conjugan la pena y el deseo, y el gato se acomoda al calor que dejo en la sábana.
A través de los cristales de la cocina, los relámpagos, en medio de una madrugada que está a punto de vencer, la iluminan como una noche de fiesta. Agua a hervir. He dudado qué hacerme: Un café… que me hable de ti. Una infusión que me deje en mí.
Y te pienso, prendido tras de mí, enredando tus manos en mi cabello, susurrándome palabras bonitas, besándome con los labios entreabiertos… La succión de la piel de mi cuello evocándome una oleada de estremecimientos… Y el calor de tu respiración, la caricia de tu lengua…
Suspiro, y navego unos segundos hasta que me doy cuenta de que ya tengo mi infusión lista. Aroma de tila en flor, a valeriana, a menta fresca… Un poco de miel. El dulzor necesario.
Me acerco a la ventana y me serena el aspecto de la calle: los charcos de agua con borbotones, las ramas de los árboles en esa danza ancestral, el cielo que sigue rasgándose las vestiduras… y el reflejo de tu no estar dibujado en mi mente, profanando mi sentido, gimiendo en lo hondo de mi garganta, la lágrima que prefiere ahorcarse antes que salir.

Me fallan las fuerzas en medio de este mar de emociones. Ardo por dentro… de ganas, de mil deseos… y me elevo como el humeante vapor de esa infusión de aromas… de ti.
Mis manos obedecen a un sentido que ya no es mío: en tu nombre. Como una orden, descienden lentamente sobre mi piel y desvirgan pequeñas lujurias que la erizan, que hacen fluir senderos de quejidos que me traen a la mente el sino de las tuyas. La fuerza con la que me pegas a la pared y haces que mi mejilla se roce con su fría rugosidad. Me inquieres. Quieta. Y proyectas un lametón sobre mi piel, mordiendo mi oreja, tirando suavemente.
Intuir la intención tu mano abierta, las yemas de tus dedos, o los nudillos… descendiendo por el centro de mi espalda, haciéndome exhalar quejidos de excitación, mientras en la otra, la fusta hace de guía para marcar la apertura de mis piernas, sintiendo la humedad que renace en mí y en la que hundes tus dedos, abriéndome los labios, profanando mi oscuridad, replegándote sobre la lascivia de mi mariposa. Y de pronto, en el apogeo de mi delirio, convencida de tus actos, tu mano se convierte en una garra fuerte y decidida que atrapa mis labios cargados de gozo.

Aprieto lo dientes y me muerdo los labios. Se ahogan los quejidos en mi garganta pero no pasan inadvertidos para ti… y a cambio, todo mi interior se llena de mar dulce, de esencia que reverbera en la palma de tu mano, como se moja el cristal por la lluvia incesante, como el charco en el que burbujean sus gotas…

Aprieto lo dientes y me muerdo los labios. Se ahogan los quejidos en mi garganta pero no pasan inadvertidos para ti… y a cambio, todo mi interior se llena de mar dulce, de esencia que reverbera en la palma de tu mano, como se moja el cristal por la lluvia incesante, como el charco en el que burbujean sus gotas…
Arqueada mi espalda. Medio sentada sobre mis piernas semiabiertas, conteniendo la respiración, sintiendo el pecho abrirse parece que recobro la realidad del momento: Tu ausencia y mis deseos de ti, contigo.
No estás pero recuerdo tus palabras: “Si vuelves que quejarte, a correrte sin mi permiso… te daré la vuelta y verás cómo me marcho…”
El vértigo en el abismo de tu mirada.
Intento templarme, cuando en realidad necesito un buen meneo. Recojo el estropicio de mis pensamientos. Tomo mi taza y regreso a mi cama donde el gato se estira y bosteza, volviendo a tumbarse. Su mundo no se ve turbado.
Respiro hondo. Posiciono mis sensaciones y emociones.
Tal vez deba llamarte… O, tal vez, no…
Tal vez deba llamarte… O, tal vez, no…
Tal vez, una imagen vale más que mil palabras. Unos segundos después, tengo tu respuesta...


El estropicio de tus pensamientos hace estragos en este corazón que te lee..y esa lluvia está ahí pegada al cristal para poder verte con ganas de trazar caminos sobre tu cuerpo..
ResponderEliminarBello comentario el tuyo que, conociéndote, sé cuánto significa.
EliminarY llueve...
Besos de Pecado.
La soledad que asola tu corazón comprime tu alma en un instante, dando un paso en el recuerdo, haciendo que un cuerpo se estremezca en la profundidad del deseo que inunda el pensamiento, el cual desencadena la esencia del deseo recorriendo el cuerpo con estremecedores escalofríos. Impresionante texto lleno de sensaciones antagónicas expresadas con delicadeza.
EliminarRomanticismo y oscuridad... bonita mezcla
ResponderEliminarEsos halos de claroscuros son perfectos para delimitar las pieles.
EliminarBesos de Pecado.
Un relato donde se ha podido apreciar escenas tan nítidas que llenan la mente... y las emociones tan intensas que repiquetean en mí como gotas de lluvia.
ResponderEliminarTan admirable como siempre, mi querida Mag.
Mil besitos para tu tarde.
Es el encanto de sentir la lluvia y poder compartirla :-)
EliminarBesos de Pecado.
Es muy potente este relato, siempre en la imaginación surgen las mejores palabras,los mejores recuerdos que plasmas a la perfección, y donde todos podemos identificarnos,porque hemos pasado por todas esas emociones,todas esas noches de desvelo, esas tormentas internas que a veces solo pueden calmarse con nuestras propias caricias.
ResponderEliminarMe ha encantado.
La intensidad de los recuerdos es así cuando la vivencia lo ha sido mucho más.
EliminarBesos de Pecado.
El deseo no pude esperar, no hay que hacerlo esperar, por muy buen sabor que tenga una infusión en un día así, el placer tiene el mejor de los sabores. El gato ha de saberlo también ;)
ResponderEliminarBeso dulce Magda y dulce noche.
Si el gato hablase... no había confesión que lo absolviera :-)
EliminarBesos de Pecado.
Que decirte Mag que me adentro en tus relatos
ResponderEliminarcomo si los viviera ...
me ha encantado esa parte casi del final ... de pedir permiso para soltar toda esa lluvia en la espera ...
La foto final que lo dice todo
Bello y mas !!
Besitos grandes y feliz dia
Ya lo has dicho, Corazón. Si las palabras pueden sentirse... Eso es mucho.
EliminarMe alegra que la foto te guste. Tuya es, como todas.
Besos de Pecado.
Visualizo tanto algunos de tus relatos, que me siento un voyeur. Aunque invitado a serlo.
ResponderEliminarQue intensa esa evocación de sensaciones, ese deseo tan fuerte de más experiencias.
De una dominación que es una forma de seducción.
Cuanta intensidad.
Besos con pecado.
Sentirse voyeur es una grata experiencia, sobre todo si el paisaje lo sientes, valga la redundancia.
EliminarTus besos son buenos... incluso voyeurs :-)
Besos de Pecado.
Excelso y altamente evocador… Leerte es un latido que inunda in crescendo…
ResponderEliminarUn verdadero placer, mi querida Mag… Y las imágenes, maravillosas…
Bsoss enormes con cariño, y feliz tarde 😘
Es como la música en allegro :-)
EliminarGracias, guapa.
Besos de Pecado.
delicioso blog
ResponderEliminardeliciosas imágenes
deliciosos textos
un placer seguir leyendo...
saludos,
https://duircf.blogspot.com.es/