Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


martes, 17 de octubre de 2017

Llueve sobre mojado...


Sigue lloviendo. Los truenos continúan rompiendo el cielo… Y mi sueño, provocando los desvelos en esta noche… en esta cama más vacía que nunca. Cada rayo colándose por la persiana y el incontenible llanto de la lluvia estrellándose contra el cristal, producen en mí esa sensación de ausencia… Ausencia de tu piel, de tu aliento, de todo lo que representas… Salvo el recuerdo de haberte tenido. 

Me levanto, mecida dentro de una nube densa donde se conjugan la pena y el deseo, y el gato se acomoda al calor que dejo en la sábana. 
A través de los cristales de la cocina, los relámpagos, en medio de una madrugada que está a punto de vencer, la iluminan como una noche de fiesta. Agua a hervir. He dudado qué hacerme: Un café… que me hable de ti. Una infusión que me deje en mí. 

Noto esa frialdad de la chaqueta rozando mi piel. Produce un efecto contrapuesto. La sensación de pensarte me eriza. La sensación de no saberte, me hiere. 
Y te pienso, prendido tras de mí, enredando tus manos en mi cabello, susurrándome palabras bonitas, besándome con los labios entreabiertos… La succión de la piel de mi cuello evocándome una oleada de estremecimientos… Y el calor de tu respiración, la caricia de tu lengua… 

Suspiro, y navego unos segundos hasta que me doy cuenta de que ya tengo mi infusión lista. Aroma de tila en flor, a valeriana, a menta fresca… Un poco de miel. El dulzor necesario.

Me acerco a la ventana y me serena el aspecto de la calle: los charcos de agua con borbotones, las ramas de los árboles en esa danza ancestral, el cielo que sigue rasgándose las vestiduras… y el reflejo de tu no estar dibujado en mi mente, profanando mi sentido, gimiendo en lo hondo de mi garganta, la lágrima que prefiere ahorcarse antes que salir. 

Sigo con el dedo el recorrido de una gota de lluvia conmovida sobre el cristal. (El tacto de tu fusta favorita por el centro de mi espalda. O, los pétalos de aquella rosa). Siento cierto hormigueo en mis entrañas, contrayéndolas, y una emoción casi incontenible que me irgue la piel. Casi puedo escuchar tu voz. Ese sonido ronco que emites cuando estás excitado. Ese “cumples mis deseos” cuando mordisqueas el lóbulo de mi oreja, y, tus manos, raíces arqueadas de carne y hueso, se aferran a mis pechos como quien se agarra a la vida. A mí garganta, como mamba negra que muerde y mata.



Me fallan las fuerzas en medio de este mar de emociones. Ardo por dentro… de ganas, de mil deseos… y me elevo como el humeante vapor de esa infusión de aromas… de ti. 
Mis manos obedecen a un sentido que ya no es mío: en tu nombre. Como una orden, descienden lentamente sobre mi piel y desvirgan pequeñas lujurias que la erizan, que hacen fluir senderos de quejidos que me traen a la mente el sino de las tuyas. La fuerza con la que me pegas a la pared y haces que mi mejilla se roce con su fría rugosidad. Me inquieres. Quieta. Y proyectas un lametón sobre mi piel, mordiendo mi oreja, tirando suavemente.

Intuir la intención tu mano abierta, las yemas de tus dedos, o los nudillos… descendiendo por el centro de mi espalda, haciéndome exhalar quejidos de excitación, mientras en la otra, la fusta hace de guía para marcar la apertura de mis piernas, sintiendo la humedad que renace en mí y en la que hundes tus dedos, abriéndome los labios, profanando mi oscuridad, replegándote sobre la lascivia de mi mariposa. Y de pronto, en el apogeo de mi delirio, convencida de tus actos, tu mano se convierte en una garra fuerte y decidida que atrapa mis labios cargados de gozo.



Aprieto lo dientes y me muerdo los labios. Se ahogan los quejidos en mi garganta pero no pasan inadvertidos para ti… y a cambio, todo mi interior se llena de mar dulce, de esencia que reverbera en la palma de tu mano, como se moja el cristal por la lluvia incesante, como el charco en el que burbujean sus gotas…

Arqueada mi espalda. Medio sentada sobre mis piernas semiabiertas, conteniendo la respiración, sintiendo el pecho abrirse parece que recobro la realidad del momento: Tu ausencia y mis deseos de ti, contigo. 

No estás pero recuerdo tus palabras: “Si vuelves que quejarte, a correrte sin mi permiso… te daré la vuelta y verás cómo me marcho…” 
El vértigo en el abismo de tu mirada. 

Intento templarme, cuando en realidad necesito un buen meneo. Recojo el estropicio de mis pensamientos. Tomo mi taza y regreso a mi cama donde el gato se estira y bosteza, volviendo a tumbarse. Su mundo no se ve turbado. Respiro hondo. Posiciono mis sensaciones y emociones.
Tal vez deba llamarte… O, tal vez, no…


Tal vez, una imagen vale más que mil palabras. Unos segundos después, tengo tu respuesta...

18 comentarios:

  1. El estropicio de tus pensamientos hace estragos en este corazón que te lee..y esa lluvia está ahí pegada al cristal para poder verte con ganas de trazar caminos sobre tu cuerpo..

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    1. Bello comentario el tuyo que, conociéndote, sé cuánto significa.
      Y llueve...
      Besos de Pecado.

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    2. La soledad que asola tu corazón comprime tu alma en un instante, dando un paso en el recuerdo, haciendo que un cuerpo se estremezca en la profundidad del deseo que inunda el pensamiento, el cual desencadena la esencia del deseo recorriendo el cuerpo con estremecedores escalofríos. Impresionante texto lleno de sensaciones antagónicas expresadas con delicadeza.

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    1. Esos halos de claroscuros son perfectos para delimitar las pieles.

      Besos de Pecado.

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  3. Un relato donde se ha podido apreciar escenas tan nítidas que llenan la mente... y las emociones tan intensas que repiquetean en mí como gotas de lluvia.
    Tan admirable como siempre, mi querida Mag.

    Mil besitos para tu tarde.

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    1. Es el encanto de sentir la lluvia y poder compartirla :-)

      Besos de Pecado.

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  4. Es muy potente este relato, siempre en la imaginación surgen las mejores palabras,los mejores recuerdos que plasmas a la perfección, y donde todos podemos identificarnos,porque hemos pasado por todas esas emociones,todas esas noches de desvelo, esas tormentas internas que a veces solo pueden calmarse con nuestras propias caricias.
    Me ha encantado.

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    1. La intensidad de los recuerdos es así cuando la vivencia lo ha sido mucho más.

      Besos de Pecado.

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  5. El deseo no pude esperar, no hay que hacerlo esperar, por muy buen sabor que tenga una infusión en un día así, el placer tiene el mejor de los sabores. El gato ha de saberlo también ;)

    Beso dulce Magda y dulce noche.

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    1. Si el gato hablase... no había confesión que lo absolviera :-)

      Besos de Pecado.

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  6. Que decirte Mag que me adentro en tus relatos
    como si los viviera ...
    me ha encantado esa parte casi del final ... de pedir permiso para soltar toda esa lluvia en la espera ...

    La foto final que lo dice todo
    Bello y mas !!

    Besitos grandes y feliz dia

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    1. Ya lo has dicho, Corazón. Si las palabras pueden sentirse... Eso es mucho.
      Me alegra que la foto te guste. Tuya es, como todas.

      Besos de Pecado.

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  7. Visualizo tanto algunos de tus relatos, que me siento un voyeur. Aunque invitado a serlo.
    Que intensa esa evocación de sensaciones, ese deseo tan fuerte de más experiencias.
    De una dominación que es una forma de seducción.
    Cuanta intensidad.

    Besos con pecado.

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    1. Sentirse voyeur es una grata experiencia, sobre todo si el paisaje lo sientes, valga la redundancia.
      Tus besos son buenos... incluso voyeurs :-)

      Besos de Pecado.

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  8. Excelso y altamente evocador… Leerte es un latido que inunda in crescendo…

    Un verdadero placer, mi querida Mag… Y las imágenes, maravillosas…

    Bsoss enormes con cariño, y feliz tarde 😘

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    1. Es como la música en allegro :-)
      Gracias, guapa.
      Besos de Pecado.

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  9. delicioso blog
    deliciosas imágenes
    deliciosos textos

    un placer seguir leyendo...

    saludos,
    https://duircf.blogspot.com.es/

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Decía August Rodin: «En el arte, la inmoralidad no puede existir. El arte es sagrado».

La escritura erótica es una expresión artística que evoca y despierta la sensualidad y el deseo a través de las palabras; busca celebrar la belleza del cuerpo, la intimidad humana y la conexión carnal, convirtiendo la expresión sexual en una experiencia estética y literaria.
Nos invita a explorar el placer y la sensualidad de una manera que trasciende lo físico y se adentra en lo más profundo de nuestro ser.

©ɱağ



La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

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Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.