Me fui desnudando, dejando caer cada prenda, jugando con ellas mientras la quitada e insinuándome plantando mi mirada en Él. Pocas veces le bajaba la mirada.
- ¿Quieres besarme? -me dijo cuando, desnuda, mis manos paseaban sobre mis caderas antes de situarse a la espalda. Afirmé con un gesto.- ¡Dilo!- inquirió, sentado al borde de la cama. Solo se había quitado la americana.
- Sí, lo deseo –me negó con la cabeza.
- Creo que puedes hacerlo mucho mejor. No intentes cabrearme. –Y no sería la primera vez que lo enfadaba. En la última, nos mantuvimos separados casi quince días. Pero quien se había enfadado era él. No yo… Así que como la paciencia es una virtud. Fui paciente.
- Sí, Mi Señor.
- ¿Lo ves? Acércate… Ya sabes cómo deseo…
Despacio fui cediendo sobre el suelo. Primero una pierna… Luego la otra… y mis rodillas se apoyaron sobre la moqueta. Un gesto sensual, mil veces practicado. Mis hombros cedieron al resto de movimientos, mis brazos adoptaron la postura precisa y mi espalda tomó el arco adecuado. Comencé a gatear hacia Él como un gato que está atento a su presa, que se agazapa, se detiene atento, se sienta sobre sus patas traseras… y prosigue.
Le observé morderse los labios, apoyarse en las manos echando los brazos hacia atrás, como elevando sus caderas, mostrándoSe. Sus ojos mostraban el fuego que se enaltecía dentro de su Ser. - Sabes ser muy perra… y me vuelves loco cuando te comportas así. Y era porque ahí, a dos pasos de su sexo, encajada entre sus piernas, olisqueándoLe, sintiendo ronca su respiración, viendo el brillo de su mirada… y la reacción entre sus piernas, marcando el pantalón mientras mi aliento le estaba alimentando las ganas.
Mis manos se paseaban por sus piernas, desde los tobillos, subiendo y bajando lentamente… Hasta que me detuve para sentarme sobre mis piernas. Le miré. Sonreí y sé que iba a decir algo pero, entonces, me dediqué a quitarle los zapatos…, los calcetines… y abrirle el pantalón, dejando que su miembro henchido y erecto sintiera cierta liberación todavía bajo el bóxer blanco.
Un quejido, un gemido… y proseguí mi ritual. No hay nada mejor que dejarme hacer para conseguir de mí… Todo. Pero… me tomó del pelo, obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Mi cuello se tensó y en él noté cierta presión de su otra mano. Dejó su rostro muy cerca de mí. Sus labios casi rozando los míos. No dijo nada entonces. Cerré los ojos y sentí su boca sobre la mía. Un beso intenso, prieto, denso… forzándome a abrir la boca, a percibir el saqueo de su lengua en la humedad de mi respiración. Se separó y abrí los ojos… Un hilo de saliva cayó sobre el hueco entre mis labios.
- ¿Qué deseas? –me preguntó. Respiré hondo mientras tragaba su saliva. Volví a clavar su mirada en la suya. Le estaba retando. Lo sabe. Ambos sabemos. Y eso le pone.
- Aquello que Mi Señor desee. -Una respuesta así lo enerva.
- Sabes ser muy diplomática pero haré que te pronuncies porque hoy tengo algunos planes para ti… y no van a ser, precisamente, los que tú crees que deseo.
Sabía que me acabaría follando pero antes de eso sería su juguete, el peón de sus juegos y la plasmación de ese pensamiento “oscuro” en el blanco lienzo de mi piel pero, hasta entonces, todo era una incógnita.
Lo siguiente fue el sonido de la palma de su mano estrellándose contra una de mis nalgas.
- ¿Quieres besarme? -me dijo cuando, desnuda, mis manos paseaban sobre mis caderas antes de situarse a la espalda. Afirmé con un gesto.- ¡Dilo!- inquirió, sentado al borde de la cama. Solo se había quitado la americana.
- Sí, lo deseo –me negó con la cabeza.
- Creo que puedes hacerlo mucho mejor. No intentes cabrearme. –Y no sería la primera vez que lo enfadaba. En la última, nos mantuvimos separados casi quince días. Pero quien se había enfadado era él. No yo… Así que como la paciencia es una virtud. Fui paciente.
- Sí, Mi Señor.
- ¿Lo ves? Acércate… Ya sabes cómo deseo…
Despacio fui cediendo sobre el suelo. Primero una pierna… Luego la otra… y mis rodillas se apoyaron sobre la moqueta. Un gesto sensual, mil veces practicado. Mis hombros cedieron al resto de movimientos, mis brazos adoptaron la postura precisa y mi espalda tomó el arco adecuado. Comencé a gatear hacia Él como un gato que está atento a su presa, que se agazapa, se detiene atento, se sienta sobre sus patas traseras… y prosigue.
Le observé morderse los labios, apoyarse en las manos echando los brazos hacia atrás, como elevando sus caderas, mostrándoSe. Sus ojos mostraban el fuego que se enaltecía dentro de su Ser. - Sabes ser muy perra… y me vuelves loco cuando te comportas así. Y era porque ahí, a dos pasos de su sexo, encajada entre sus piernas, olisqueándoLe, sintiendo ronca su respiración, viendo el brillo de su mirada… y la reacción entre sus piernas, marcando el pantalón mientras mi aliento le estaba alimentando las ganas.
Mis manos se paseaban por sus piernas, desde los tobillos, subiendo y bajando lentamente… Hasta que me detuve para sentarme sobre mis piernas. Le miré. Sonreí y sé que iba a decir algo pero, entonces, me dediqué a quitarle los zapatos…, los calcetines… y abrirle el pantalón, dejando que su miembro henchido y erecto sintiera cierta liberación todavía bajo el bóxer blanco.
Un quejido, un gemido… y proseguí mi ritual. No hay nada mejor que dejarme hacer para conseguir de mí… Todo. Pero… me tomó del pelo, obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Mi cuello se tensó y en él noté cierta presión de su otra mano. Dejó su rostro muy cerca de mí. Sus labios casi rozando los míos. No dijo nada entonces. Cerré los ojos y sentí su boca sobre la mía. Un beso intenso, prieto, denso… forzándome a abrir la boca, a percibir el saqueo de su lengua en la humedad de mi respiración. Se separó y abrí los ojos… Un hilo de saliva cayó sobre el hueco entre mis labios.
- Aquello que Mi Señor desee. -Una respuesta así lo enerva.
- Sabes ser muy diplomática pero haré que te pronuncies porque hoy tengo algunos planes para ti… y no van a ser, precisamente, los que tú crees que deseo.
Sabía que me acabaría follando pero antes de eso sería su juguete, el peón de sus juegos y la plasmación de ese pensamiento “oscuro” en el blanco lienzo de mi piel pero, hasta entonces, todo era una incógnita.
Lo siguiente fue el sonido de la palma de su mano estrellándose contra una de mis nalgas.



Sabía que se iba venir algo candente. Y así fue.
ResponderEliminarUn juego de seducción-dominación, con esa formalidad de los amantes al hablarse.
Parece que habrá más intensidad.
Besos.
Puede que haya... o puede que quede solo para ellos :-)
EliminarBesos de Pecado, Demi :-)
Un certero estimulo aquel como preámbulo de lo que vendrá. Siempre hay que saber marcar presencia con sutilezas.
ResponderEliminarBeso dulce Magda y dulce semana.
La sutileza es un valor a tener en cuenta siempre.
EliminarDicen que se gana más con miel que con hiel... Y saber manejar las situaciones para que el otro crea que tiene el control cuando en realidad no dejas de tenerlo... eso es sublime.
Besos de Pecado y buena semana.
Intenso y me has mantenido en vilo... Se palpa esa fuerza dominante en el ambiente... Ese reto de placeres.
ResponderEliminarFabuloso, Querida mía... Admirable
Mil besitos para tu comienzo de semana, Mag.
Azorada... para no variar.
EliminarEl concepto que entre ambos nace es un perfecta alineación de sentires. Ser y dejar ser... y así, SerSe.
Besos de Pecado y feliz semana.
¡Tremendo,genial! ¡Placer y más placer!
ResponderEliminarDe eso se trata.... Del Placer en cualquier sentido. Solo que enerve las sensaciones.
EliminarBesos de Pecado :-) Mil gracias.
Un juguete de deseo dominado a su antojo para su capricho.
ResponderEliminarSigo a la espectativa del siguiente capítulo.
Besazos.
Quizá no haya un siguiente capítulo y, como he dicho antes, quede entre ellos y su intimidad... No se sabe... Tal vez.
EliminarBesos de Pecado.
Muy excitante. Enhorabuena. Me ha encantado conocer esta historia que a su vez me dice lo que deseas.
ResponderEliminarHola, Rodman.
ResponderEliminarBienvenido a esta Tu Casa, ya sabes que aquí el Pecado es bendecido.
Y muchas gracias por venir y acercarme a ti con tus letras... que de hecho, también me dicen que deseas
Besos de Pecado.
te leo y te admiro, por tu paciencia y devoción... yo te aseguro que jamas podría hacer algo de tal magnitud... o será que no ha llegado "Ese" que me haga clic...
ResponderEliminarbesos guapísima