Mi marido ha entrado en casa y no lo he oído. Me
he puesto a leer un rato sobre la cama mientras hacía tiempo a que él llegase a
comer. A esas horas el sol entra por la ventana y convierte la habitación en una estancia muy caldeada, cuando no
también muy caliente, pero la lectura me ha evadido. Las explícitas escenas de
sexo de la novela no me han llevado a nada pero sí la ternura que se dibujan
bajo sus palabras. No he encontrado a nadie que tenga la mezcla que tiene el
protagonista de esta historia. Claro, que tampoco yo me veo como la
protagonista femenina…
Sobre la cama, había dejado el libro boca abajo, abierto
por la página que leía. Había cruzado mis brazos sobre mi estómago y me había
relajado pensando en una de aquellas escenas más románticas. Me dormí porque
cuando desperté sentí unas tremendas ganas de sexo. No recordé haber soñado
nada que me calentara pero la sensación era esa. Noté el golpe de los pálpitos
del corazón en mi pecho y cierta respiración agitada. Comprobé el estado de mi
sexo y me sorprendí de lo húmedo que estaba. Empecé a acariciarme y eso me
obvió de la realidad que había a mi alrededor, ajena al reloj…
Mis piernas abiertas, replegadas, con los pies
apoyados sobre el colchón y mis dedos moviéndose en un arrebato sobre los
pliegues de mi sexo, entrando y saliendo del coño, haciéndome palpitar,
arrancando jadeos y sacudidas a mi cuerpo… Cuando quise darme cuenta, Nacho
estaba ahí, sin quitarme ojo de encima y en silencio… Por un momento no supe
qué hacer: si detenerme y recobrar difícilmente la compostura o seguir y
terminar con lo que llevaba entre manos. Su mirada me incitó a seguir y sus palabras
me lo confirmaron. Disfrutó como si fuera su polla la que me estuviera
recorriendo la entrepierna… Y vi la erección que mis actos estaban provocando
en él, tanta que tuvo que soltarse el pantalón… Por un momento me pareció
ridículo verlo tocarse ahí de plantón, con los pantalones por debajo de la
rodilla y su impecable camisa arrugada bajo su mano libre.
Mi mirada clavada en él, en sus ojos o en su
polla, viendo la expresión de su rostro o el movimiento rápido en el que su
mano recogía su miembro. Me excité tanto como para que mis flujos saliesen con
fuerza de mi interior, incluso con ruido, con muchísima presión, empapando la
colcha que de nuevo debía lavar. Nacho se acercó. Su polla brillaba por las
primeras gotas que colmarían y culminarían en una segura corrida. Cuando la vi
me encendí más. Quería tenerla entera dentro de mí y tenía que ser rápido.
Nacho se acercó a mí. Puso una mano en mi coño,
palpando los fluidos que se resbalaban hacia mi ano y luego se la llevó a su
polla para lubricarla más mientras yo me preparaba para dejarle hacer.
Tiró de mí para dejarme cruzada sobre la cama,
con la cabeza colgando por el borde. Nacho se apoyó en él y me metió la polla
entera en la boca. Sin ningún tipo de medida ni contemplación, como un castigo
a la tortura a la que le había sometido.
El movimiento de su lengua sobre mi pezón era un dulce martirio que se sumaba al espectáculo de ver sus huevos acercarse a mi boca. Apuró los gestos hasta casi el final. Mis manos llegaban a sus glúteos. Los apreté, los pellizqué e incluso empujé para tragarme más su pene. La posición de mi cuello ayudó a que aquella polla llegara a meterse por completo, hasta que sus testículos chocaron contra mi barbilla... Y sin arcada... Creo que hasta él se sorprendió aunque no era la primera vez que me los comía con tanta ansía. Aún así, se detuvo un pequeño momento y no profundizo tanto su penetración.
Sabía que no se correría en mi boca pero que derramaría toda su leche sobre mí... Mis tetas, las que agarré y junté, elevándolas hacia él, fueron las víctimas encantadas de su éxtasis.
El movimiento de su lengua sobre mi pezón era un dulce martirio que se sumaba al espectáculo de ver sus huevos acercarse a mi boca. Apuró los gestos hasta casi el final. Mis manos llegaban a sus glúteos. Los apreté, los pellizqué e incluso empujé para tragarme más su pene. La posición de mi cuello ayudó a que aquella polla llegara a meterse por completo, hasta que sus testículos chocaron contra mi barbilla... Y sin arcada... Creo que hasta él se sorprendió aunque no era la primera vez que me los comía con tanta ansía. Aún así, se detuvo un pequeño momento y no profundizo tanto su penetración.
Sabía que no se correría en mi boca pero que derramaría toda su leche sobre mí... Mis tetas, las que agarré y junté, elevándolas hacia él, fueron las víctimas encantadas de su éxtasis.


Ciertamente, a veces lo inesperado excita mucho más por el morbo de la sorpresa, de lo imprevisto, del vouyerismo, primero inadvertido y luego consentido, de la exhibición explícita por parte de los dos…
ResponderEliminarComo dice el refrán… “Más vale llegar a tiempo, que rondar un año”… sobre todo si el premio es tan excitante, agradable y satisfactorio como el que nos cuenta en su relato.
Una posición, la que describe, sin duda, de mis favoritas.
Excitante relato, lady PI… o es una entrada de su diario secreto?
Si así fuera… mis congratulaciones al marido de tan excitante dama.
Besos desde la mansión