La mañana era calurosa. Ella aún estaba
enrollada entre sábanas. Yo me levanté después del desayuno. Llevaba la camisa
abierta y sé que ella me miraba. Lo hacía con ojos insinuantes. Yo sabía y
notaba esas miradas en mi piel pero intentaba controlarme ya que ella estaba
como una reina entre las sábanas. Pelo recogido hacia su cuello, muy
apetecible. Me alejé de ella, mirando por la ventana, dándole la espalda,
mostrando mi buen culo bajo los pantalones. Sé que suspiró. Me giré, y nuestras
miradas se encontraron, saliendo fuego de ellas.
Sin más, sin decir nada, sin mediar
palabra, empecé a desabrochar el cinturón mientras ella, expectante por lo que
pudiera suceder, me miraba sin perderse un detalle. Me desabroché el botón del
pantalón y me acerqué a ella de modo que mi miembro quedó a la altura de su
boca. Me miró y, sin más, me bajó la cremallera y el pantalón cayó a los pies.
Ella, cuyo nombre seguía desconociendo, abrió las sábanas dejando su cuerpo a
la vista.
Me recreé en aquellos pechos firmes y
justos en su medida, en sus pezones mirando al cielo, deseando ser mordidos.
Se acercó más a mi miembro y lo empezó a
lamer despacio, de abajo arriba y de arriba abajo, sin dejar de mirarme, lo que
hacía de ese momento algo muy excitante, más intenso.
Ella sentía y venía como mi miembro era
cada vez más grande, se ponía cada vez más duro en su boca. Lo lamía una y otra
vez, chupándolo como el mejor de los manjares.
Yo estaba tan excitado… Pero no quería
que eso acabara ahí, así que la cogí y la saqué de la cama, llevándola hasta la
mesa para ponerla boca abajo sobre el mueble. Con las telas le até los pies a las
patas, abriéndola bien de piernas; y con el cinturón y un girón, las manos a
las otras patas. Así la dejé inmóvil. No protestó. No dijo nada.
En la mesa quedaba algo de mermelada de
fresas. Cogí un poco entre los dedos y la puse directamente en su vagina para,
a continuación, lamérsela hasta que el sabor se mezcló con el néctar de ella. Y
en ese momento, empecé a mordisquear lentamente su clítoris al tiempo que mis
dedos iban entrando en su coño sin dejar de hacerla gemir de gusto.
No dejé de lamer, de chupar, de dejar mi
saliva en su exquisito coño. Sé que le gustaba tanto que se apretaba contra la
mesa y sus pechos hacían fuerza sobre ella. Las migas de pan hacían su trabajo,
clavándose en ellos.
Me incorporé. Mi miembro estaba tan
duro, excitado y húmedo que decidí jugar dando golpecitos en su culo y bajarlo
hasta su coño para frotarlo contra él, sin llegar a penetrarla. Oía como gemía
y cómo, ahora sí, luchaba por zafarse de sus ataduras para tocarme, pero sé
cómo hacer los nudos y sé que esa lucha entre el querer y el poder la excitaban
todavía más.
Me alejé de ella y terminé de
desnudarme. Sin decir nada, me fui de la habitación, dejándola ahí: Atada,
excitada, húmeda… Y yo me iba. Sé que no entendía nada.
A los cinco minutos decidí regresar.
- ¿Qué te pasa, gatita? ¿Tienes hambre?
Me maldijo mil veces y volvió a hacerlo
más fuerte.
-
Sí, lo soy, pero este cabrón te va a dar lo que quieres… Pero antes, deberás
pedirlo…
- ¿Eso es lo que quieres? ¿Qué pida?
Pues no pienso hacerlo –respondió para yo carcajearme de modo muy irónico.
- De acuerdo… Como quieras –dije mientras
me ponía a su retaguardia, impidiéndole ver la fusta que me había traído desde
el cuarto contiguo. Acaricié sus nalgas, suave pero intencionadamente.- Tienes
un bonito culo.- Y sin esperarlo le dí.
Ella soltó un pequeño grito dada la
sorpresa y su cuerpo respingó entero.
Al oírlo, mi mano se alzó.
- ¡Maldíceme! ¿No lo haces ahora?
Mi fusta iba enrojeciendo su piel. Ese
picor, ese calor en sus nalgas… le gustaba tanto que lo pidió.
- ¡Dame más! ¡Me gusta ese picor! ¡Dame
más! –inquirió.
- Veo que le has cogido cariño a la
fusta…
- Ahora será mi polla la que será tu
desear ya que te penetraré tantas veces que dirás que pare. Te poseeré por todo
tu cuerpo: Por delante…, por detrás… Hasta hacer de ti esa mujer llena de
placer…
Me fui más atrás, hasta colocarme bien
detrás de su culo. La penetré y empecé a moverme, entrando y sacando mi miembro
de ella, despacio, solo la punta, frotándolo entre los labios de su sexo y
empujando su clítoris.
Ella, apoyada sobre los dedos de sus
pies, estaba tan excitada que quería ser penetrada toda y cuanto más mejor. Lo
sabía. Pero yo iba despacio, haciendo que me rogara en cada roce, en cada
pequeño envite de mi miembro.
Estaba muy húmeda. Yo extendía mi
miembro entre sus nalgas, en su coño, en su clítoris…
Quería verla relamerse de ganas, de
gusto y deseo por ser penetrada.
De golpe, se la metí entera. Sin
contemplación alguna. Ella abrió la boca en aquel grito cuando me sintió por
completo en su interior, abriéndola la carne hasta el fondo. Seguía queriendo
soltarse pero sé que jamás había experimentado algo como lo que estaba
viviendo.
Sé que le gustaba esa sensación de ser
poseída por alguien sin poder hacer nada por evitarlo, salvo sentir más placer
y cada vez más intensamente.
- ¡Vamos, dame fuerte! –reclamaba-. ¡No
pares!
- Tranquila, gatita, te daré todo para
saciar tu sed – de aseguré sin dejar de taladrarla una y otra vez por su
vagina, por su estrecho esfínter…
Los gritos de ella eran fuertes. Gemía
como nunca lo había hecho. Y entre sus gemidos, gritos y jadeos sentía como su
coño se llenaba de ese orgasmo una y otra vez sin que yo dejara de follarla sin
parar.
- Te gusta, ¿verdad? Me gusta cómo gimes… Te haré mía hasta que no puedas más…
Entonces, saqué mi miembro y me fui delante de ella.
- ¡Abre la boca! –inquirí-. Quiero que te quede mi sabor para siempre en tu
boca, para que no me olvides nunca… ¡Así que vamos! ¡Cómela! ¡Trágala! Y haz
tuyo lo que quieres…
Empecé metiéndosela despacio hasta que, a la mitad, se la metí de golpe.
Se la trago entera. ¡Menuda garganta!
No dejé de
moverme. Me excitaba ver su cara, su ahogo… Y dejé que se me bebiera entero,
que no dejara nada de ese extraordinario fluido del hombre, su hombre, su señor que desde ese momento yo me
había convertido.
Seguía sin importarme su nombre porque a partir de ahora yo le daba otro.
Atrás...
Ese Lado Secreto del Placer
¡Joder, no seas mala y nos dejes así, con un relato sin acabar, que nos matas! Es tremendo, muy bueno, conforme lo iba leyendo me iba metiendo en el texto sin remedio. Eres mi perdición... Ahora a esperar la tercera parte, aunque esta ha acabado muy bien ;)
ResponderEliminarBesos Carnales.
No se puede dar todo de golpe, Pecados, que luego pasa lo que pasa...
ResponderEliminarPoco a poco y disfrutando, gozando de cada detalle...
¿Tu perdición? Me gusta eso :-)
Y me encanta saber que te has sentido protagonista en algún modo...
¿Tercera parte? Lo estudiaré...
Besos de Pecado.
Acá encuentro mi perdición.....
ResponderEliminarPor acá quédame loca la inspiración .... una história que nos llena de tensión y deseo....
Lamer, chupar, bater... sentir la fuerza del deseo, acabarse en tentación....enterrar hondo en la garganta.....hummmm....
Acá mis tensiones se hacen líquidas....
Aich, Delitos... Cómo me gusta ver que la boca se te hace agua :-)
EliminarSi eres capaz de sentir o de perderte con mis letras, me doy por satisfecha.
Que tus tensiones se destensen...
Besos de Pecado.
Ya sabía yo que la continuación no iba a defraudarnos...
ResponderEliminarComo siempre, haciéndonos entrar en la historia, en el ambiente..., como si estuviéramos sentados allí delante, en un mullido sillón, contemplando la escena en primera persona..., y en mi caso envidiando a el protagonista de la historia, por no ser yo el que la llevara a cabo, pues, no cambiaría ni una coma del guión que está siguiendo...
Una vez más me quedo con las ganas de...
De leer la continuación por supuesto.
Besos desde la mansión, milady.
Y gracias por tan excitantes momentos.
Gracias siempre a usted por sus comentarios. Viniendo de quien vienen siempre es un placer saber que una hace las cosas lo mejor posible.
Eliminar¿Una tercera parte? Yo ya había claudicado aquí...
Tendré que ponerme a estudiar esa posibilidad pero igual es un empezar y un no acabar.
Me alegro que se haya sentido Amo y Señor de las escenas.
Gracias y Besos de Pecado, como no.
(-_-)
ResponderEliminarHas sabido llevar el relato desde el punto de vista opuesto, el masculino, aunque no es fácil abstraerse a que uno lee a una mujer. Aún así, uno mismo puede verse reflejado en tu personaje, ese es tu mérito al escribir.
ResponderEliminarBesos de dulce.
Gracias, Dulce, por la apreciación. No es fácil meterse en la cabeza de otro y, cierto, tampoco abstraerse de que quien escribe es mujer, pero bueno... en la dualidad está el reto...
EliminarMe alegro de que te veas de alguna manera un poco reflejado. No eres el primero que me lo dice, a´si que me siento halagada y orgullosa.
Besos de Pecado.